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Camino a casa. Conmemoración de los difuntos


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09/11/2012


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Tenemos una sola cosa cierta en la vida: nuestra muerte. Entre nuestro nacimiento y ella, muchas incertidumbres. Pero al final esa gran certeza. La semana pasada celebramos la festividad de todos los santos y luego conmemoración de los difuntos. Muchos aprovecharon el 1° de Noviembre para visitar los restos de sus seres queridos en el cementerio. Buena y sana costumbre. Revela respeto por el cuerpo humano, por sus restos y la convicción de que ellos, si bien ya no están aquí, siguen vivos. Benedicto XVI afrontó el tema de la muerte ese día en forma peculiar: se refirió a los cementerios como lugares donde se desarrolla una especie de asamblea en la que los vivos encuentran a sus difuntos y reafirman con ellos unos vínculos que la muerte no puede interrumpir.


Frente a la dura realidad de la muerte “el hombre busca un rayo de luz que le permita esperar, que le hable aún de la vida”. El Papa se expresó correctamente: los cementerios son lugares de “encuentro” con nuestros difuntos. Es cierto que podemos rezar por ellos en todas partes, pero hay algo de ellos en sus restos enterrados. No están vivos físicamente, pero sí lo está su recuerdo y, sobre todo, su alma, ya camino a la casa definitiva, el cielo.

Hablamos poco de la muerte, debiendo ser compañera habitual. Siempre se debe estar preparado para afrontarla. Y esto no es amenaza sino invitación gozosa a lo definitivo. En este instante muchos, miles, mueren. Así como muchos nacen. Es parte de la vida, insoslayable, inevitable. La fe regala la certeza de que esta vida no es la única, es de paso, breve, preámbulo de la definitiva. Cuando se piensa así todo cambia:“La muerte nos abre a la vida, a la vida eterna que no es una copia infinita del tiempo presente, sino algo completamente nuevo”, dice el Papa.

Visto así, los lugares santos, los cementerios, son espacio de encuentro y no mero recuerdo impersonal y frío. Nuestros difuntos no han desaparecido. Nos esperan. Están al otro lado de ese umbral tan íntimo como infinito; una fiesta que no termina, una paz sin sombra, una morada cálida e iluminada, una comida entre amigos en la que ya no hay temores ni repliegues.

En este sentido cuando hablamos del cielo, partimos a casa. No es irse a “ninguna parte”. Es volver al lugar definitivo, espacio de encuentro, alegría y gozo.

Los cristianos en Chile comenzamos el pasado jueves un mes dedicado a la Santísima Virgen. Se festeja hasta el 8 de Dic., día de la Inmaculada Concepción.  Buen tiempo para dirigir la mirada al cielo; recordar a quienes han partido, pero siguen vivos.



P.Hugo Tagle

twitter: @hugotagle




Etiquetas:   Muerte   ·   Sociedad

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