El cementerio de Praga

 

. Vinieron después años de obras fallidas, muy alejadas de aquella primara novela; las leídas por quien esto escribe: “El péndulo de Foucault” y “La isla del día de antes”, bastante soporíferas. Ahora vuelve a la carga con otra novela “El cementerio de Praga”, y como quien tuvo retuvo, vuelve a reencontrarse con la buena literatura, salvando las distancias con •El nombre de la Rosa”. Pero esta es una novela de lectura difícil, tanto que el propio autor ha tenido que publicar un cuadro al final, con aclaración incluida, que sirva de guía para la lectura. Las idas y venidas en el tiempo, y la confusión que, a veces nos hacemos entre algunos personajes, no quita para encontrarnos ante una buena narración, que nos relata cómo la historia oficial se ha construido apoyada en la ficción, más bien la mentira, para que nos creamos lo que el poder quiere que nos creamos. Eco concibe un farsante que interviene en muchos de los acontecimientos sucedidos en Europa en la segunda mitad del siglo XIX; un falsificador, en nómina de varios servicios secretos, que acaba construyendo una de las mayores patrañas políticas contra masones y judíos (alguien se acordará de la obsesión juedomasónica que tenía el franquismo) que se han escrito jamás, y que según nos cuenta la novela, ha tenido mucho que ver en la “solución final” que años más tarde aplicó el nazismo contra el pueblo judío. Novela interesante, pero que exige paciencia y esfuerzo en la lectura.

UNETE



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