. La mujer se
niega a cumplir la sentencia, arriesgándose a una pena de dos años de prisión y
una indemnización 30.000 euros.
En enero de
2012, una mujer francesa es penalizada por conducir con niqab durante el
trayecto desde su casa al hogar de unos familiares a los que pretendía visitar
en Saint-Brieuc. Los agentes citaron en la multa
un artículo del código de circulación en el que se castiga la conducción en condiciones inadecuadas,
en este caso por considerar que el niqab obstruye el campo de
visión necesario para conducir correctamente. En abril de este mismo
año, se volverá a repetir una situación similar en la ciudad de Nantes
En junio, Vlaams
Belang, partido ultraderechista belga, premiará a los ciudadanos que denuncien
ante las autoridades a mujeres que lleven burka , con una recompensa de 250
euros por mujer. Uno de los
miembros del partido, Filip Dewinter, declaró que el partido busca una nueva
fórmula para luchar contra el uso del burka, que oculta la identidad de las
mujeres musulmanas.
El uso del burka y niqab, y su prohibición en
diversas ciudades europeas, se ha convertido un tema polémico y controvertido.
En cuanto a los que se oponen a su uso, tanto ciudadanos como políticos, consideran
que este símbolo religioso es una muestra de opresión hacia las mujeres por
parte de la cultura musulmana. A su vez consideran que impide la comunicación
verbal, posibilitando tan solo la comunicación visual en el caso del burka, que
su uso deshumaniza y discrimina a la mujer atacando su dignidad y que por ello,
sufren una triple discriminación europea (ser mujer, su religión y su condición
de emigrante) .Por último, el uso de este símbolo entra en juego en el
territorio de la seguridad ciudadana, ya que la identidad de la mujer que va
debajo, es invisible generando así una inseguridad que se asocia muchas veces
al terrorismo islámico.
Francia es la primera ciudad europea en
adoptar la ley de prohibición del uso del burka en espacios públicos en
septiembre de 2010. No tardarán en seguir sus pasos países como Bélgica y
Holanda y muchos otros, comienzan a abrir el debate de si su uso es adecuado o
no. Alegan que se prohíbe por la seguridad de los derechos y deberes de los
ciudadanos en el espacio público y no con el objetivo de regular la libertad de
culto. Con esto, se considera que se ha dado un paso más en cuanto a la
libertad e igualdad de la mujer. Sin embargo, Suíza rechaza firmemente su
prohibición ya que considera que es una ley “excesiva” y que esto puede
perjudicar a la imagen del país en relación al turismo magrebí que recibe frecuentemente.
¿Es de verdad
esta decisión una necesidad social o es una trampa política para abarcar el
tema de la inmigración?
La decisión de
prohibirlo puede provocar un efecto contrario al que se intenta buscar. Hay
mujeres que lo llevan por imposición matrimonial y religiosa y hay otras, que
deciden llevarlo libremente como manifiesto riguroso de su culto. Obligar a
vestirlo está perseguido por el Código Penal y por la Ley de Violencia de Género
pero prohibirlo porque las mujeres lo llevan libremente, vulnera el principio
de libertad religiosa. Hay que condenar el delito de que sean obligadas a
llevarlo, no a la prenda de vestir en si. Su prohibición aumentará su segregación ya que
esto no ayudaría a superar el conflicto: muchas mujeres serán obligadas a
encerrarse en sus casas por imposición conyugal generando así un conflicto
social mucho más duro de solventar.
Los demás problemas planteados hacia el burka
y el niqab, son sólo prejuicios generados por el uso incorrecto de un tópico
asociado directamente con algo negativo. No todos los magrebíes e islamistas
son terroristas. Prohibir el burka o el niqab para evitar actos terroristas no
asegura que se ponga fin a este tipo de terrorismo. Tan sólo garantiza
seguridad.
El Islam no ha
logrado integrarse plenamente en ningún país europeo, ni en los de tradición
más democrática. Sus principales contrariedades son que esta cultura no tiene
una religión como las demás, que es incompatible con el estilo europeo, que es
intolerante y que primordialmente, es una amenaza para la sociedad Europea.
Estos prejuicios implican que los inmigrantes asentados en la comunidad, estén
condenados a no sentirse cómodos del todo en nuestra sociedad y mucho menos,
las mujeres; que llevan a cuestas la más clara señal de su identidad cultural.