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La aventurada declaración del alto mando militar y la sorpresiva
réplica del alcalde benitojuarense Julián Ricalde ("chabacanadas", llamó
a las referencias del general) desencadenaron una serie de eventos mediáticos
que hoy en día, superadas las especulaciones desatadas, sirvieron para dos
cosas:
La primera, sacudir a las estructuras de autoridad
estatales y municipales, que de inmediato otorgaron apoyo y reconocimiento a
las fuerzas armadas para trabajar en coordinación en el combate al crimen
organizado, que no ceja en su empeño por asentarse en Quintana Roo. Y la
segunda: Que Cancún, destino asolado por las mafias delincuenciales que siguen
secuestrando, extorsionando y asesinando a la población productiva, saldrá
ganando en materia de seguridad si como, todo parece indicar, policías y
soldados se ponen de acuerdo.
Al calor del escándalo que auguraba un rompimiento entre el
Ejército y autoridades de los dos órdenes de gobierno locales, el gobernador
Roberto Borge dio el primer paso y se apersonó en la Zona Militar para
entrevistarse con el general Anastasio García, a quien le manifestó la
disposición de su gobierno a trabajar juntos para mantener y fortalecer la
lucha contra la delincuencia organizada, el narcotráfico y garantizar la
seguridad de los quintanarroenses.
Después, hizo lo propio el otro edil aludido, Filiberto Martínez, de Solidaridad, quien en
reunión con el general brigadier Manuel Virgilio Morales Herrera (Ejército) y el contralmirante Luis Arturo Torres Valverde (Armada), reconoció el apoyo de
ambas fuerzas federales en la lucha diaria contra el crimen, así como en los
desastres naturales que invariablemente cada año azotan la entidad, ofreciendo
también estrechar el trabajo en materia de seguridad.
Julián Ricalde, uno de los dos protagonistas de este evento, llevó las cosas
hasta la capital del país, donde ante el titular de la Sedena, Guillermo García Galván e integrantes del Senado de la
República, refutó la versión de que el 90% de sus policías sean delincuentes,
pidió apoyo para continuar la evaluación de control y confianza de los mismos,
y sostuvo que, pese a lo que se diga, Cancún es un lugar seguro para el turismo.
Y al parecer tuvo efecto la incursión al DF del edil perredista,
pues un día después ya estaba de vuelta en Cancún fumando la pipa de la paz con
Anastasio y haciendo lo que debían hacer: ponerse de acuerdo para un bien
común: la seguridad del destino.
En comunicado conjunto, Julián y Anastasio zanjaron las
diferencias. El alcalde enviará al general toda la información que tenga sobre
la Policía Municipal y éste, a su vez, revisará sus resultados de los últimos
meses y creará estrategias conjuntas para ir sobre los malos, que son los que,
distraídos por la "grilla" como andaban, se les estaban olvidando.