Skyfall (Sam Mendes, 2012), la confirmación de que, a sus 50 años, el espía británico sigue en plena forma, pone en relieve además lo bien que le sienta el nuevo siglo al legendario espía británico. 007 vuelve por la puerta grande con la película más ambiciosa y espectacular de la serie, mostrando fidelidad absoluta a máximas como la de no aburrir en ningún momento o el de proporcionar las dosis de adrenalina suficientes para satisfacer tanto a los seguidores de la saga como a los que no. Mendes respeta el arquetipo del mítico personaje creado por Ian Fleming -gadgegts, chicas guapas, persecueciones... o el propio sex-appeal que desprende el personaje-, pero adaptándolo a los nuevos tiempos; en Skyfall la tecnología tiene más peso que nunca, no sólo dentro de la propia trama, sino también en cuanto a la factura técnica del film. Y es que, no nos engañemos, en una cinta de estas características, los efectos especiales son de vital importancia y el director se muestra plenamente consciente de ello, ya que elabora el prólogo más trepidante de las 23 entregas.




