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Sin poder entender el sentido de esas expresiones, la intención de las mismas, lo que queda claro es que resultaron muy lamentables y que el objetivo de Gamboa no podía en esas circunstancias representar nada bueno, lo que derivo en una respuesta contundente. En efecto esas afirmaciones fueron desmentidas inmediatamente por el equipo cercano del Presidente Electo y por supuesto por el líder de la bancada de ese partido en la cámara de diputados, Manlio Fabio Beltrones. No hay que omitir que Beltrones ha sido el respaldo que le consiguió a Gamboa el apoyo para poder obtener la posición que ocupa, un socio político que ha cargado a su cuenta su desprestigio, pero que se desmarco en este tema, lo que bien puede significar un presagio. La postura oficial del revolucionario institucional, reconoce su interés y compromiso por aprobar la iniciativa enviada por Felipe Calderón, aun y cuando esta tendrá muchas modificaciones respecto de su versión original y de que seguramente no será consignada por mayoría. El desatino de Gamboa Patrón tiene dos vertientes, la primera declarar sin línea, una circunstancia que en el priismo tradicional es una falta muy grave, independientemente del tema que se trate y el efecto que eso produzca. Más aun en este caso, en el que la aprobación de la reforma laboral va más allá del sentido de la misma, sobre todo porque se trata del primer ejercicio de acuerdo político con las fuerzas que le son opositoras, para el que será el nuevo régimen. Naturalmente la ocurrencia de Gamboa Patrón, no solo complica el proceso de los acuerdos, de por si entrampados en posicionamientos contrastantes, adicionalmente le sirvió a las otras fuerzas políticas como pretexto para atacar al revolucionario institucional. Esta coyuntura aumenta el nivel de culpabilidad de Emilio Gamboa, precisamente porque lo que menos quiere Peña Nieto en el previo a su toma de posesión, son conflictos inútiles, toda vez que para resolverlos hay que ceder siempre en algo. Ahora bien la otra vertiente provocada por el error de Gamboa Patrón, se circunscribe a su propia posición, toda vez que como ya lo habíamos anticipado en este espacio, ha trascendido que el Presidente electo, tiene en principio la intención de remover a Emilio Gamboa de la coordinación de los senadores priistas. Para Peña Nieto y su equipo cercano, Gamboa es la representación personal del viejo PRI, que el nuevo gobierno no quiere cargar a cuestas, es la imagen de lo se pretende desterrar, la figura que encubre simulación, corrupción e impunidad. De tal suerte que sus erráticas declaraciones son un elemento más para considerar la posibilidad manifiesta de la remoción de Gamboa, situación que si bien partió de una presunción, ahora puede discurrirse que sea un hecho real. Esto porque su traspié, que es de cálculo y forma, provoco una severa reprimenda de parte del Presidente electo, que no solo lo regaño, sino que además le recordó, por aquello de que se le hubiera podido olvidar, como serán las cosas durante su mandato por iniciar. Como lo hemos repetido con insistencia, Peña Nieto ejercerá el poder bajo los más estrictos preceptos de la ortodoxia política priista, en donde no caben ni por asomo, la falta de respeto, la ausencia de institucionalidad o cualquier intento de moverse por la libre, como reza la jerga política. Gamboa es un político que se hizo y acostumbro en la intriga palaciega, de donde cobro grandes beneficios personales, sin embargo aun y cuando los fondos y las formas serán en esencia los mismos, lo que cambia será la forma de dilucidarlas. En ese nuevo esquema Gamboa está desfasado, no solo por una cuestión generacional, sino todavía más importante por estilo, las practicas transitan decíamos por una renovada interpretación. guillermovazquez991@msn.com twitter@vazquezhandall