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Castellón. La ciudad posible II


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04/11/2012


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La actitud acomodaticia de esta sociedad en la que hemos dimitido de nuestra condición de ciudadanos para convertirnos en consumidores, es decir, un objeto más de mercado, está llevándonos a aceptar, como un mal irremediable, la grave situación de desempleo que existe en este país. Los niveles de tolerancia, que como sociedad tenemos, ante el elevadísimo número de parados no son ajenos a la pérdida de conciencia como trabajadores o productores que estamos teniendo en los últimos años, para convertirnos en meros agentes de consumo de bienes, muchos de ellos innecesarios, que alimentan la rueda de los beneficios empresariales, aumentando la brecha salarial y de ingresos entre trabajadores y empresarios.  Esta desplazamiento de la mayoría de la sociedad de ser considerados como trabajadores a ser consumidores nos conduce a la paradoja de que las empresas prefieren hacer ofertas y descuentos de sus productos, para que se consuma más, mientras niegan subidas salariales a sus empleados, o en aras de la competitividad despiden a buena parte de la plantilla, para mejorar sus ratios de rentabilidad. Alguien tiene que pagar la bajada de ingresos que suponen las ofertas, descuentos, y reducciones de precios hasta niveles insostenibles.


            Esta reflexión sólo es una parte de las causas que están llevando a la sociedad española a convertirse en una sociedad de desocupados y trabajadores precarizados, como mano de obra barata. Pero lo cierto es que enfoquemos el problema del desempleo por donde lo enfoquemos, siempre llegaremos al mismo punto, a la esencia que está en el propio ADN del capitalismo, sino se le regula y controla: el beneficio, lícito cuando se consigue honestamente, e ilícito y amoral cuando se alcanza a costa de la explotación de los trabajadores y el empobrecimiento de la sociedad. No estamos, pues, ante nada nuevo que no hayan visto o leído en libros o películas que nos contaban cómo era la sociedad de finales del siglo XIX y primera mitad del XX. Una  sociedad de grandes injusticias y miseria para gran parte de la población y de feroces luchas sindicales y laborales, controlada por el gran capital con el único objetivo de engordar sus fortunas. Estamos ante una regresión al pasado en derechos sociales, laborales y ciudadanos, y no por conocida menos dramática.

            Pero si la salida de esta grave situación de desempleo, salarios bajos y pérdida de derechos laborales, tiene que platearse de manera global en todo el estado español y la Unión Europea, hay un nivel muy próximo a la ciudadanía que debería estar proyectando soluciones efectivas para paliar el problema laboral que tenemos. Este nivel es el municipal, que debería convertir a los ayuntamientos en verdaderos agentes laborales, capaces de dinamizar los sectores económicos que son auténticos yacimientos de empleo y de intermediar entre la oferta y la demanda, con políticas activas que conecten las necesidades de trabajadores que tienen las empresas con una gran bolsa de trabajo que debería tener gestión municipal. Los ayuntamientos deben ser la piedra angular del empleo en el municipio mediante la promoción de actividades socioeconómicas que generen empleo público o privado, porque ellos son los que tienen un mayor conocimiento de la geografía humana y económica que ocupan. Para ello no es necesario hacer grandes leyes, ni repensar modelos territoriales, ni siquiera aumentar sus competencias (que no estaría mal) en el ámbito sociolaboral. Simplemente hay que tener voluntad de liderazgo en el municipio y asumir el papel de institución más cercana a los ciudadanos, de la que depende una gran parte de  nuestra calidad de vida.

            Castellón es una ciudad azotada por el paro y los bajos salarios, que ve cómo languidece día a día su actividad socioeconómica, por culpa de un altísimo desempleo y temor al futuro que sufren sus habitantes. El modelo de crecimiento de estos últimos años basado en la especulación del suelo, el monocultivo industrial de la cerámica, y la propaganda de grandes infraestructuras y fastos, ha fracasado estrepitosamente, provocando destrucción de empleo y  empobrecimiento de la población. Este es el modelo de la derecha gobernante desde hace dos décadas, que ha sostenido una economía con pies de barro y ahora es incapaz, desde su posición de gobierno en el ayuntamiento, de cambiar y poner freno a la sangría del paro en el municipio. Quizá porque no sepa, quizá porque no quiera, o ambas cosas. ¿Pero cuál es el modelo de la izquierda en la oposición?

            Realmente las propuestas de la izquierda local para poner fin al paro en el municipio son un enigma. No porque no vayan soltando, de vez en cuando, alguna idea desestructurada y solitaria. Lo que necesitamos es saber cuál es su Plan, más allá de firmar acuerdos locales de empleo que no sirvan para nada, o esperar a que sus respectivos Partidos saquen la varita mágica que solucione el paro en todo el país.  Tienen que explicarle a la ciudadanía, al detalle, punto por punto, cómo piensan afrontar el problema del paro en el municipio; qué medidas van a adoptar si llegan al gobierno del ayuntamiento; qué política económica piensa aplicar, y cómo va a afectar al empleo. Esto no es baladí, los próximos comicios municipales van a estar condicionados por el desencanto ciudadano a la política, y sobre todo hacia la izquierda, por la sencilla razón de que no conocen sus propuestas reales y efectivas para acabar con el problema que más les preocupa, que es el paro y la incertidumbre económica. Y si la izquierda no ha elaborado propuestas, ni planes globales para la creación de empleo en el ámbito municipal, la derecha volverá a triunfar y seguirá aplicando su programa de desigualdad entre clases y más paro.

            El Ayuntamiento de Castellón tiene instrumentos para atajar el problema del desempleo,  para mejorar las condiciones laborales y hacer que se cumpla la legislación en las empresas que están dentro del ámbito municipal. Pero para ello hace falta una voluntad política que la derecha no tiene. Se necesita saber, pues, si la izquierda local tiene esa voluntad y qué ideas nuevas va a poner en marcha, para afrontar el problema  más grave que tiene la ciudad. Porque una sociedad sin política económica que no tenga como objetivo prioritario el bienestar de sus ciudadanos, es una sociedad fracasada e injusta. 



Etiquetas:   Ciudad

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