. Comprender el
entorno hasta vencerlo y ser capaces al mismo tiempo de elevar tales
expresiones de su espíritu creativo y su
inteligencia, ha sido un esfuerzo heroico y grandioso que pertenece por igual a
todos los hombres, de todas las civilizaciones, de todos los tiempos,
cualquiera que sea su condición personal.
La civilización de los mayas así como la olmeca, la
incaica o bien la fenicia, la egipcia, la china, la hindú o las civilizaciones
europeas que hemos heredado, son el último reducto del hombre mismo para
oponerse a su autodestrucción. El reconocimiento y el asombro que nos produce
la contemplación de esta herencia espiritual, puede y debe preservarnos de
nuestro instinto proclive a someter a otros hombres, a otras civilizaciones, a
otros pueblos, y entender que el esfuerzo común de nuestra creatividad personal
o colectiva, debe ser el motor que preserve el espíritu de nuestra época, y
permita a nuestros descendientes recibir
el beneficio de nuestra verdadera capacidad social y política, y además nos
rescate a nosotros mismos orientándonos en un mundo de confusiones que a veces
nos parece indescifrable.
El ser libres intelectualmente y poder proclamar
nuestro derecho a pensar y manifestarnos, permitirá librarnos de la herencia
colonial que todos llevamos dentro: el fanatismo religioso oscurantista que nos
aleja de lo que somos, hombres libres de y por el pensamiento.