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Clave para un buen tratamiento


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29/10/2012


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“Finalmente tengo mi primer paciente. Además le voy a poder seguir porque es su primer día. Son las 10 de la mañana. Parece que lo que preocupa en la sala de rehabilitación es, dar cuanto antes el alta a cualquier paciente. ¡Qué iba a hacer yo! Un alumno en prácticas, atorado por pensar que no está suficientemente preparado para llevar a cabo el trato al paciente. Ese que nos explican en clase, pero que está a años luz de nuestra realidad”

 

“Al cabo de tres años, se me ocurre la genial idea de contactar con dicho paciente por medio de un correo electrónico, que él/ella mismo/a me facilitó. Luego las cosas no fueron tan mal. Y ¿saben lo que me dijo? Me comentó, que todo el mundo que le pregunta les dice lo mismo, que tuvo un “fisio” estupendo, yo (créanme que cuando leí esa frase me conmoví,). En el mismo correo, indica, que fui yo quien ayudó y espabiló para lograr todo lo que tiene hoy en día, que cuándo dejé mis prácticas el avance fue mucho menos espectacular. Y para nada soy un erudito. ¿Saben lo que hice? Simplemente, escuchar.”

 

Con esta pequeña introducción quiero plantear, y en parte afirmar, que en la balanza no siempre el 100% es la parte física. Porque con tan sólo tener el conocimiento de la patología, y cómo rayos se trata, estaría listo.

 

No es tan sencillo. Quiero plantear una parte más extracorpórea. La Dimensión Asistencial.

 

El primer segundo, del primer día que comienzas con un paciente (sea de lo que sea) es el momento en el que se decide si ese paciente está encomendado al éxito o al fracaso. Es nuestro particular “Big Bang”.

 

Durante nuestra entrevista debemos ser capaces de: establecer contacto, empatizar con el paciente, obtener la información que necesitamos y conseguir establecer un protocolo. Si conseguimos eso, hemos cumplido con los objetivos.

 

Pero vamos poco a poco. En primer lugar debemos conseguir, como se conoce en psicología, y sino por favor corríjanme, el “Tránsfer”.

 

El “Tránser” es básicamente conectar, conseguir una comunicación terapeuta-paciente. Debemos ser capaces de mostrar empatía con el enfermo. La piedra angular de dicha empatía es la confianza. Si tenemos confianza con nuestro paciente nos va a permitir una adecuada evaluación y recogida de información diagnóstica.

 

Hay personas que les es más sencillo que a otras, pero es necesario trabajarlo día a día. ¿Cómo podemos tener “Tránsfer”? En primer lugar debemos ser asequibles y estar disponibles a las personas (estar receptivos). Debemos ser capaces de ponernos en el lugar del otro (empatía) y hacérselo notar. Evidentemente no mentir en nada y procurar información congruente con los demás profesionales sanitarios.

 

Si el enfermo, o cualquier familiar/acompañante, quisiera expresar libremente sus emociones…dejénlo. Cualquier tipo de “freno sentimental” hace que se reprima la persona, y por tanto no deja que se enfrente a su problema de una manera satisfactoria.

 

Por otro lado, para encaminarnos hacia el éxito, debemos tener en cuenta además de lo mencionado, algunas que otras habilidades necesarias. Dichas habilidades son:

·        -Habilidades Sociales: por medio de estas habilidades logramos sentir atención y el hecho de transmitir dicha atención al enfermo o al familiar, conseguimos que ellos mismos también puedan interesarse sobre lo que acontece, y por tanto disminuimos el impacto de la enfermedad o lesión. Debemos conseguir, la adherencia del paciente al tratamiento por medio de la emisión de un diagnóstico adecuado (que conseguimos sabiendo escuchar) y el pronóstico ajustado. Pero ¡ojo! Debemos evitar la sobreprotección del paciente y fomentar la percepción de control sobre su entorno (qué él mismo/a se lleve a su propio “autocontrol”). Si debemos dar alguna mala noticia, debemos saber cómo, para reducir la ansiedad, tanto del fisioterapeuta que da la mala noticia, como del paciente y familiares que la reciben.





 

·        -Habilidades de escucha: muchas personas, aunque no lo crean, no actúan adecuadamente no sabiendo aguantar los silencios mientras los pacientes están comentándonos cualquier problema. Esto es un error. Debemos ser capaces de escuchar con atención al paciente sin interrumpirlo y saber aguantar en silencio hasta el turno en el que nos toque hablar.

 

 

·        -Comunicación verbal: cuando nos dirigimos a los pacientes, debemos usar un lenguaje claro y fácilmente comprensible (sin caer en los vulgarismos, ni en los tecnicismos). Proporcionar un mensaje corto y entendible por parte de la otra persona, que probablemente no conozca el lenguaje de la Ciencias Sanitarias. A veces, ayuda mucho el lanzar preguntas abiertas, de esta manera ves si se ha enterado de lo que has explicado. Si tuviéramos que dar alguna mala noticia, es mejor graduar la información que debemos dar. Y si estamos ante un paciente pesimista, es muy importante saber que no se deben usar expresiones cerradas tales como “se pondrá bien”, “no se preocupe”, “no diga eso…” porque, aunque no lo creamos, estamos cerrando cualquier indicio de comunicación y por tanto impidiendo que el enfermo exprese sus emociones.

 

Una buena comunicación debe cumplir los siguientes parámetros: atención, comprensión, relevancia personal (importancia), credibilidad y aceptabilidad (que no sea ofensivo).

 

·       - Comunicación paraverbal: debemos usar un buen tono de voz, un volumen adecuado, ser claros, pausados, fluidez en el mensaje y hacer de vez en cuando énfasis en las partes más relevantes.

 

·        -Comunicación no verbal: debemos ser capaces de expresar con nuestro cuerpo. Sobre todo con los ojos, porque la expresión facial comunica el grado de interés y compresión hacia las palabras y el estado emocional del paciente. Se aconseja la llamada “mirada de negocios” cuando el paciente acude por primera vez a tu consulta. La mirada de negocios es aquella en la que el contacto ocular cae entre los ojos del paciente y las cejas. ¡¡Jamás hablen con los ojos cerrados!! Es un gesto de bloqueo de mirada y da la sensación que usted se cree superior o se aburre, y además irrita mucho a la otra persona. Si por cualquier razón, el paciente debe acudir con una periodicidad a su consulta, puede dar paso a la “mirada social” que abarca el triángulo invertido formado por los ojos y los labios.

 

La proximidad física modula la calidad y el tipo de interacción entre los locutores, y si fuera preciso, el contacto físico muestra simpatía y comprensión y el deseo de acompañarlo en su problema.





Los gestos sirven para dar énfasis a los mensajes verbales y a sustituirlos en situaciones en las que resulta difícil utilizar palabras. Por ejemplo, el mostrar las palmas de las manos significa hablar con honestidad, no ocultar nada.

 

Al presentarse al paciente, es recomendable concederle la mano de una manera “neutra”, y con una fuerza tolerable para poder hacer que confíe en nosotros. No demasiado fuerte, pero sí ganándose el respeto.

 

Algo tan insignificante como es la silla donde nos sentamos a tomar notas en la anamnesis y la historia clínica de nuestros pacientes es importante también. Dicha silla debe diferenciarse en la que el paciente está sentado y debe ser ligeramente más alta. Esto nos otorga mayor superioridad y control ante la situación que tenemos entre manos.

 

Algo fundamental en la actitud del fisioterapeuta, o de cualquier profesional, es la afectividad. Esto es, ser capaces de decir lo que pensamos sin herir ni provocar una reacción contrariada en el paciente. Esto lo conseguimos siendo cálidos, cordiales y teniendo confianza.

 

Como vemos, si ese “chico de prácticas” lo consiguió, recién empezado, usando estas cualidades, el 70% de nuestro tratamiento será con seguridad efectivo.

 

Siendo, simplemente lo que somos, personas, y no autómatas, estamos encomendados al éxito. No hay que olvidar, aunque parece que estamos en ello, que somos seres humanos racionales y sentimentales, y que además de nuestra parte física tenemos otra no tan física (al menos aun no se ha podido comprobar) y que ambas quedan unidas. Si descuidamos cualquiera de las dos, en primer lugar no apelamos a nuestro código deontológico profesional y en segundo lugar no ofrecemos un correcto tratamiento en su plenitud.

 

Y usted, que me dice, ¿está encomendado al éxito o al fracaso?

 

Rubén Ruiz

Fisioterapeuta



Etiquetas:   Psicología   ·   Salud   ·   Fisioterapia

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