Una foto; miles de conjeturas

 

. Esperá, vamos de vuelta: Macri y Moyano. Suena raro decirlo, hasta escribirlo. En la Argentina de hoy, todo es posible. El flash salió, la imagen se inmortalizó y las elucubraciones con respecto de una posible alianza electoral fueron en aumento. Del lado de Moyano, su propio hijo, Facundo, diputado por el Frente para la Victoria, adujo “risa” ante las consultas periodísticas que hablaban de un acercamiento de su padre con el actual Jefe de Gobierno  y habló de una antinomia conceptual irreversible con el ex presidente de Boca. En una mirada revisionista, algo de razón tiene Facundo Moyano: su padre fue uno de los pocos críticos en el sindicalismo argentino sobre las políticas privatizadoras del ex presidente Carlos Menem durante la década del `90. Algo que desde el oficialismo parecen olvidarse, en estos tiempos de enemistades y discusiones acaloradas. Por su parte, Mauricio Macri ha defendido, desde el principio a rajatables y luego oscilante por consejo de sus asesores, el devenir de ese tiempo en la Argentina, el cual lo ha llamado de “reconstrucción de la Argentina”. Con concepciones tan disímiles en asuntos determinantes, un posible acuerdo parece distante. Pero… sabio Jorge Luis Borges, los une el espanto.

Macri, con el cuerpo inmerso en la construcción política del PRO para 2013 y su casi segura candidatura presidencial para 2015, evalúa con sus operadores posibles reacomodamientos en su fuerza, la cual sigue careciendo de una presencia del sector sindical, que otorgue una logística de mayor poderío y que englobe a todo el país, algo que el PRO carece, a excepción de la Ciudad de Buenos Aires. Hablamos de construcción de poder, ni más ni menos. Captar voluntades, trabajo desde las bases y que no sea sólo solventada por alguna figurita del espectáculo de turno como lo fue, con mucho éxito, el humorista Miguel Del Sel en Santa Fe. En esto incluye también a Gerónimo Momo Venegas, viejo rival en la calle Balcarce. Es un rompecabezas donde las partes entran más por fuerza que por otra cosa. Las críticas al pasado de Moyano, sus hijos y procederes parecen olvidarse. Restan tres años para el 2015 y Macri juega un pleno para ser elegido presidente.

Moyano, con el ímpetu de chica despechada que la dejó el novio, avanza a paso raudo para constituirse en una opción concreta y con posibilidades en las elecciones legislativas del próximo año. Ése tema lo obsesiona, mira al norte y lo observa a Lula. Eso es lo que quiere para él, no lo dirá en voz tan alta pero lo dice para que lo escuchen. El encono con el kirchnerismo va en aumento y Moyano debe revalidar credenciales de liderazgo, de tener una pata política que aúne voluntades, para que a su vez soporte el peso de una CGT fracturada. Él de un lado y la figura ascendente de Antonio Caló, por otro. Como una pirámide que debe sostenerse en pilares fuertes si desea soñar con objetivos mayores, de gestión. Con varios aliados menos (Viviani y Recalde, entre los más resonantes), Moyano rodea al arco opositor para encontrar eco en sus palabras. Sin embargo, cuenta con trabas visibles: el electorado clase media-alta no lo tiene entre sus preferidos, lleva esa carga como una mochila llena de piedras. Su enamoramiento durante varios años con el gobierno kirchnerista es, para esta franja de votantes, un obstáculo infranqueable.  Por eso el acercamiento con Macri, el correr un poco los límites y dejar que la foto salga, que se genere el encuentro. Quizás como un globo de ensayo para ambos, y sí luego recabar las conclusiones que dejó esta novedad que movió las espesas arenas de la política argentina. 

UNETE



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