En Venezuela la arepa se puso cuadrada

[Cuento de ficción, cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia]

 

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Leonardo Padrón

Poeta y guionista de cine y TV

 

¿Aló Alejandro? ¡Chaval, cómo está todo en Madrid! Tengo días llamándote por teléfono y al fin te consigo en casa. Tu nuevo crío te tiene ñoño ¿no? Pues sí, aquí en mi terruño volviendo a comer arepas y disfrutando de las tías. Nojuegue, yo que regreso y mis panas de la cuadra donde crecí que se quieren ir pa´Europa o pal Norte. Todo está revuelto en Venezuela, la gente que antes era Chévere ahora pasó a ser Chavorra. Apenas llegué me fui a la plaza Bolívar. Í, fui a cumplir la promesa que hice frente a la estatua del Libertador: regresar con el título de magister en Ciencias de la Comunicación. ¡Carajo!, ¿recuerdas la vez que nos perdimos y nos metimos en una comuna de gitanos y casi nos dejan desnudos esos desgraciados? Así más o menos me fue en mi paseo por el centro de Caracas. El grupo que apoya a Chávez tiene unos tarantines en la plaza y atacan a cualquiera que pase con la ropa planchada. No te rías… que casi no vivo para contarlo. Lo peor es que se me ocurrió decir que era periodista; por eso de que a la prensa siempre la respeta. ¡Va sié!, la respetaban… porque apenas lo dije se me fueron encima con piedras y botellas. ¡Mentiroso!, ¡golpista!, ¡escuálido!, me gritaban los condenados. ¿Escuálido yo, con estos diez kilos de sobrepeso? Tuve que entregarles mi cámara fotográfica y salir corriendo. Pero espera… no… deja de mentarle la ostia a Chávez y escucha lo que luego pasó. Maltrecho por el revolcón se me ocurrió visitar la plaza Altamira. Sí, la sede del territorio liberado. Que va, yo pensaba que todo Chacao iba a estar tomado por rebeldes al régimen y lo que me conseguí fue un grupito de señoras sin oficio escuchando extasiadas a un militar de tercera cuyo discurso se parece a la de los evangélicos. Ya va, deja el atore. Ajá, me acerqué a una de las tías que vestía un trajecito hecho con la bandera tricolor. ¡Bestia Alejo!, amarillo, azul y rojo chico, mi bandera. Pues sí, la tipa estaba buenísima y pensando que le podía conmover mi trance le dije que venía del centro. Más vale que no: empezó a sonar un pito como una histérica y todos se lanzaron al suelo. Un militar me golpeó con un palo en la cabeza y me aplicaron una llave contra el suelo. Esta vez lo que me salvó fue el carnet de Radio Exterior de España. Al verlo todo cambió. Me llevaron a una carpa y me aplicaron los primeros auxilios. Lo único que tengo que agradecerle a este extraño recibimiento fue haber conocido a Carmencita… Sí, la jeva vestida de bandera. Estaba tan apenada que se quedó cuidándome las heridas y aproveché de entrarle con mi verbo florido y ¡olé!: Le clavé la estaca en el corazón… ¡Susto!, ¿cuánto tiempo llevamos hablando?, mejor será que la próxima lo hagamos por email porque en casa están peleando y me matan si me ven guindado en el teléfono. ¿Qué qué? Ni tan mala idea es: Irme al Paují en la Gran Sabana hasta que esta esquizofrenia caraqueña haya pasado. Quizá tenga la suerte de ver uno de los platillos voladores que visitan esa zona y pedirle asilo hasta el 2021, cuando por fin Chávez nos deje en paz.

 

@Joaquin_Pereira

UNETE



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