Europa y España: Palabras no, hechos



 

Según mi opinión, las personas, empresas, organizaciones, países y organismos internacionales se definen por los hechos y no por las palabras.

Es por ello, que si se quiere evaluar objetivamente la situación actual del proceso de integración europeo se deben, según mi opinión, únicamente tener en cuenta los hechos y no las declaraciones de intenciones, que se las puede llevar el viento o no.

Es por ello que es preciso destacar sólo los hechos relevantes acaecidos hasta el momento:

-   En Junio se tomó la determinación de avanzar en el proceso de integración europeo a través del compromiso a favor de la unión bancaria, política y fiscal, a añadir a la unión monetaria y económica ya consolidada en anteriores hitos de la construcción europea. Un paso contundente hacia la consolidación del proyecto europeo.

-   Por otra parte, no se avanzó en un compromiso firme de aplicación en el tiempo, a pesar de que se consideró como fecha probable para la unión bancaria el año 2013.

-    Pese a que, desde España se consideró que las ayudas europeas no computarían como  deuda pública, los compromisos alcanzados no dejaron del todo clara esa consideración.

-   En el pasado Consejo europeo, Alemania impuso su criterio y postergó la unión bancaria a 2014. Y no sólo eso, consiguió que no se consideraran las ayudas de forma retroactiva, lo que ha sido refrendado por la UE con un aumento del déficit público español para el año 2011 por las ayudas proporcionadas a la banca hasta ese momento.

Así pues los hechos hasta el momento constatan que:

-   El proyecto europeo desde junio parece irreversible

-   Alemania, con la determinación del Consejo Europeo, ha logrado acotar las ayudas a realizar a países como España al establecer la no retroactividad de las ayudas.

¿Hasta qué nivel las ha acotado?

Desde España se ha tomado como cierto que, al realizarse la unión bancaria en el año 2014 si bien no se tomarán en consideración las ayudas pasadas y presentes (el Informe de Oliver & Wyman las cifraba en 40.000 M de euros), será probable que las ayudas futuras europeas no computarán como deuda pública a partir de esa fecha.

Ahora bien, quizás Alemania al no considerar las ayudas retroactivas puede tener un as en la manga no considerado.

Siempre en el peor de los casos, los países europeos más poderosos pueden argumentar que el origen de las ayudas a realizar provienen de préstamos realizados en el pasado y que, por tanto, puede aplicar la no retroactividad también en el futuro (para cuando exista el supervisor bancario). Pareciera difícil que esto ocurriera pero lo cierto es que siempre en un caso extremo tendrían esta posibilidad.

De hecho, la Sra. Merkel dijo tras el Consejo Europeo que "no va a haber ninguna recapitalización directa retroactiva, sinó que sólo habrá, una vez que sea posible la recapitalización, esa posibilidad en el futuro". 

Así, Alemania y los principales países europeos podrían llegar a acotar de forma relevante en el futuro el riesgo España. 

Ello podría conllevar que la mayor parte de las ayudas futuras a la banca quizás las tuviera que sufragar el erario público y que, por tanto, la deuda pública sobre PIB se podría ir perfectamente al 120-124% sobre el PIB a muy largo plazo (entre 2016 y 2020) si se quisiese salvar a toda la banca y no se tomasen medidas económicas adicionales.

En este contexto, nuestras finanzas y nuestra actividad económica podrían quedar en el muy largo plazo muy tocadas al requerirse durante largos períodos de tiempo políticas restrictivas de demanda junto con políticas de oferta de resultado muy diferido.

Ahora bien, parece que al ser España un país demasiado grande para caer es difícil que les interese a los principales países europeos (por los efectos colaterales que ello pudiera tener) que España no pueda repagar sus deudas y que por tanto, si bien podría suceder perfectamente que España estuviese a muy largo plazo en una situación con un altísimo nivel de deuda pública y con una muy baja actividad económica, lo más probable es que se le fuesen dando plazos y facilidades para que fuera repagando como pudiera la deuda a 10 o 20 años vista. Eso desde luego sería fatal para la economía española y para los españoles.

Es por ello que quizás es necesario para España y los españoles que se empiecen a tomar decisiones importantes. 

¿Qué se puede hacer desde España para aligerar la deuda pública y a la vez conseguir ganar la confianza de los acreedores para que no lleguemos al extremo de que los principales países europeos determinen que todas las ayudas europeas computen como deuda pública?

-   Solicitar el rescate financiero para reducir el coste de la deuda, y hacerlo repagable

-   Renegociar los plazos de pago de la deuda

-   Negociar políticas de crecimiento en la UEM

-   Instrumentar políticas de reequilibrio del déficit público que minen lo menos posible la actividad económica: reducción de gastos y aumentos de impuestos (en línea con lo que se realiza en la UEM) junto con políticas de oferta de forma que afecten lo menos posible al consumo privado. En el caso de políticas de oferta, con este fin, se podría quizás negociar un período de aplicación postergado.

-   Renegociar los plazos de aplicación de políticas

-   Aceptar que no todas las deudas privadas se van a poder pagar

Este último aspecto puede llegar a ser relevante para ganar la confianza de los acreedores extranjeros.

Alemania puede considerar que los importes a destinar al sector bancario español son y, sobre todo, serán tan elevados que quizás en el extremo no los podrán o querrán asumir.

En el extremo, temen que les costará mucho menos sufragar las pérdidas en deuda pública española a través de inyección directa de fondos en sus bancos (los que necesiten ayuda) que ayudando a España y a sus bancos. Temen que en ese punto la opinión pública alemana podría aceptar mejor que los fondos se destinasen a las entidades del país y no a España y sus entidades financieras.

Según mi opinión, en la actualidad, España tiene dos alternativas:

-  No hacer nada, es decir, seguir intentando salvar a todas las entidades financieras, lo cual nos llevaría quizás a unos niveles elevadísimos de deuda pública y a una actividad económica deprimida durante quizás 10-20 años

-  Empezar a considerar que no se puede salvar a todo el sistema financiero español, reduciendo así el impacto en la deuda pública y posibilitando un crecimiento futuro más próximo en el tiempo. 

Dentro de esta segunda alternativa, España podría empezar a pensar en la instrumentación de un protocolo de actuación en el sector bancario.

Este protocolo podría contemplar la asunción de pérdidas por parte de los acreedores privados, que bien podría inicialmente ser de la siguiente forma:

-   En las entidades sistémicas en mala situación realizarse un bail-in (paso de deuda de acreedores privados a capital social) por el importe correspondiente a las pérdidas ocasionadas en relación al % de deuda existente de cada acreedor privado respecto al total. Por ejemplo, en el caso de pérdidas de 10.000 M de euros de una entidad financiera, si un acreedor tuviese un 10% de la deuda (p.ej. 5.000 M de euros respecto a 50.000 M de euros), este acreedor debería dejar de tener 1.000 M de euros de deuda y pasaría a tener 1.000 M de euros en capital (quedándose sólo con 4.000 M de euros de deuda). De esta forma, las entidades financieras en esta situación neutralizarían el impacto de dichas pérdidas en sus fondos propios (y el deterioro de su balance), asumirían los acreedores su responsabilidad en la apuesta fallida y aumentaría además su interés por la buena marcha de la entidad financiera. Así, también los accionistas actuales verían diluida su participación, con lo que asumirían la responsabilidad contraída en el origen y no los ciudadanos españoles que poca responsabilidad tienen en ello. También de esta forma se evitaría la posible contaminación temprana de las entidades sanas si se vieran en la tesitura de tener que quedarse con entidades financieras en situación muy complicada. En cuanto el deterioro económico del país se parara y no fueran necesarias muchas más provisiones, se debería evaluar la viabilidad de estas entidades financieras por sí solas y, sólo en el caso de que éstas no fueran viables, se podría proceder a su colocación al mejor postor.

-   Las entidades no sistémicas en mala situación: liquidación de las entidades asumiendo los acreedores y accionistas la pérdida correspondiente y garantizando el Estado todos los depósitos por debajo de los 100.000 euros (límite asegurado legalmente).

En la actual situación, Alemania puede estar ya considerando en el extremo ayudar a sus bancos directamente y la posibilidad de que sea el erario público español quien se haga cargo de todas las ayudas públicas a la banca española.

Es por ello que creo que España debería empezar a tomar decisiones y una de las más relevantes podría ser que no puede salvar a todo su sector bancario.

Al aceptar eso desde España se estaría facilitando:

1.  Menor crecimiento de la deuda pública respecto a PIB y mayores posibilidades de repago

2.  Menor deuda privada española y aumento de las probabilidades de repago

3.  Neutralizar el efecto de las pérdidas en la capitalización de las entidades sistémicas en mala situación y no deterioro de su situación

4.  No contaminar a las entidades financieras viables

5.  Menores necesidades de inyección de capital por parte de los países europeos (y Alemania) a sus bancos

6.  Menores necesidades de inyección de capital por parte de los países europeos (y Alemania)  los bancos españoles y a España

7.  Mayor confianza de los países europeos sobre el repago al ser la deuda menor

8.  Por esa mayor confianza, mayores posibilidades de que las ayudas europeas no computen en el extremo como deuda pública, lo cual podría suponer para España una rebaja sustancial de la deuda pública respecto a PIB

9.  Al no ser tan elevada la factura, las políticas contractivas de demanda no deberían alargarse tanto en el tiempo ni ser tan agresivas y, por tanto, se podría acelerar la salida de la crisis, la actividad actividad económica y minorar sus efectos sobre la economía real.

10. Las políticas de oferta podrían tener unos períodos de aplicación más cercanos en el tiempo y además con efectos muy positivos sobre la actividad económica

En definitiva, los acreedores internacionales lo que quieren es confianza en el repago de las deudas contraídas. Y ella sólo se consigue por dos vías: o aumentando los ingresos para poder repagar o disminuyendo la factura a pagar. Si todos los analistas internacionales y entes nacionales, internacionales y supranacionales coinciden en que no se podrá realizar vía ingresos, es pues imprescindible tomar medidas para reducir la factura.

Lamentablemente, hemos constatado que el coste de no hacer nada para España va incrementando cada día que pasa y que seguirá la misma tendencia. 

Es hora, pues, de tomar decisiones.

Debemos pasar de las palabras a los hechos y sólo considerar los hechos y no las palabras.

Podemos y debemos. 



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Europa y España: Palabras no, hechos


 

el cúmulo de declaraciones y opiniones de los diversos líderes y países europeos, existe un casi total desconcierto en la población europea y española acerca de cómo se encuentra el actual proceso de construcción europeo. 

Según mi opinión, las personas, empresas, organizaciones, países y organismos internacionales se definen por los hechos y no por las palabras.

Es por ello, que si se quiere evaluar objetivamente la situación actual del proceso de integración europeo se deben, según mi opinión, únicamente tener en cuenta los hechos y no las declaraciones de intenciones, que se las puede llevar el viento o no.

Es por ello que es preciso destacar sólo los hechos relevantes acaecidos hasta el momento:

-   En Junio se tomó la determinación de avanzar en el proceso de integración europeo a través del compromiso a favor de la unión bancaria, política y fiscal, a añadir a la unión monetaria y económica ya consolidada en anteriores hitos de la construcción europea. Un paso contundente hacia la consolidación del proyecto europeo.

-   Por otra parte, no se avanzó en un compromiso firme de aplicación en el tiempo, a pesar de que se consideró como fecha probable para la unión bancaria el año 2013.

-    Pese a que, desde España se consideró que las ayudas europeas no computarían como  deuda pública, los compromisos alcanzados no dejaron del todo clara esa consideración.

-   En el pasado Consejo europeo, Alemania impuso su criterio y postergó la unión bancaria a 2014. Y no sólo eso, consiguió que no se consideraran las ayudas de forma retroactiva, lo que ha sido refrendado por la UE con un aumento del déficit público español para el año 2011 por las ayudas proporcionadas a la banca hasta ese momento.

Así pues los hechos hasta el momento constatan que:

-   El proyecto europeo desde junio parece irreversible

-   Alemania, con la determinación del Consejo Europeo, ha logrado acotar las ayudas a realizar a países como España al establecer la no retroactividad de las ayudas.

¿Hasta qué nivel las ha acotado?

Desde España se ha tomado como cierto que, al realizarse la unión bancaria en el año 2014 si bien no se tomarán en consideración las ayudas pasadas y presentes (el Informe de Oliver & Wyman las cifraba en 40.000 M de euros), será probable que las ayudas futuras europeas no computarán como deuda pública a partir de esa fecha.

Ahora bien, quizás Alemania al no considerar las ayudas retroactivas puede tener un as en la manga no considerado.

Siempre en el peor de los casos, los países europeos más poderosos pueden argumentar que el origen de las ayudas a realizar provienen de préstamos realizados en el pasado y que, por tanto, puede aplicar la no retroactividad también en el futuro (para cuando exista el supervisor bancario). Pareciera difícil que esto ocurriera pero lo cierto es que siempre en un caso extremo tendrían esta posibilidad.

De hecho, la Sra. Merkel dijo tras el Consejo Europeo que "no va a haber ninguna recapitalización directa retroactiva, sinó que sólo habrá, una vez que sea posible la recapitalización, esa posibilidad en el futuro". 

Así, Alemania y los principales países europeos podrían llegar a acotar de forma relevante en el futuro el riesgo España. 

Ello podría conllevar que la mayor parte de las ayudas futuras a la banca quizás las tuviera que sufragar el erario público y que, por tanto, la deuda pública sobre PIB se podría ir perfectamente al 120-124% sobre el PIB a muy largo plazo (entre 2016 y 2020) si se quisiese salvar a toda la banca y no se tomasen medidas económicas adicionales.

En este contexto, nuestras finanzas y nuestra actividad económica podrían quedar en el muy largo plazo muy tocadas al requerirse durante largos períodos de tiempo políticas restrictivas de demanda junto con políticas de oferta de resultado muy diferido.

Ahora bien, parece que al ser España un país demasiado grande para caer es difícil que les interese a los principales países europeos (por los efectos colaterales que ello pudiera tener) que España no pueda repagar sus deudas y que por tanto, si bien podría suceder perfectamente que España estuviese a muy largo plazo en una situación con un altísimo nivel de deuda pública y con una muy baja actividad económica, lo más probable es que se le fuesen dando plazos y facilidades para que fuera repagando como pudiera la deuda a 10 o 20 años vista. Eso desde luego sería fatal para la economía española y para los españoles.

Es por ello que quizás es necesario para España y los españoles que se empiecen a tomar decisiones importantes. 

¿Qué se puede hacer desde España para aligerar la deuda pública y a la vez conseguir ganar la confianza de los acreedores para que no lleguemos al extremo de que los principales países europeos determinen que todas las ayudas europeas computen como deuda pública?

-   Solicitar el rescate financiero para reducir el coste de la deuda, y hacerlo repagable

-   Renegociar los plazos de pago de la deuda

-   Negociar políticas de crecimiento en la UEM

-   Instrumentar políticas de reequilibrio del déficit público que minen lo menos posible la actividad económica: reducción de gastos y aumentos de impuestos (en línea con lo que se realiza en la UEM) junto con políticas de oferta de forma que afecten lo menos posible al consumo privado. En el caso de políticas de oferta, con este fin, se podría quizás negociar un período de aplicación postergado.

-   Renegociar los plazos de aplicación de políticas

-   Aceptar que no todas las deudas privadas se van a poder pagar

Este último aspecto puede llegar a ser relevante para ganar la confianza de los acreedores extranjeros.

Alemania puede considerar que los importes a destinar al sector bancario español son y, sobre todo, serán tan elevados que quizás en el extremo no los podrán o querrán asumir.

En el extremo, temen que les costará mucho menos sufragar las pérdidas en deuda pública española a través de inyección directa de fondos en sus bancos (los que necesiten ayuda) que ayudando a España y a sus bancos. Temen que en ese punto la opinión pública alemana podría aceptar mejor que los fondos se destinasen a las entidades del país y no a España y sus entidades financieras.

Según mi opinión, en la actualidad, España tiene dos alternativas:

-  No hacer nada, es decir, seguir intentando salvar a todas las entidades financieras, lo cual nos llevaría quizás a unos niveles elevadísimos de deuda pública y a una actividad económica deprimida durante quizás 10-20 años

-  Empezar a considerar que no se puede salvar a todo el sistema financiero español, reduciendo así el impacto en la deuda pública y posibilitando un crecimiento futuro más próximo en el tiempo. 

Dentro de esta segunda alternativa, España podría empezar a pensar en la instrumentación de un protocolo de actuación en el sector bancario.

Este protocolo podría contemplar la asunción de pérdidas por parte de los acreedores privados, que bien podría inicialmente ser de la siguiente forma:

-   En las entidades sistémicas en mala situación realizarse un bail-in (paso de deuda de acreedores privados a capital social) por el importe correspondiente a las pérdidas ocasionadas en relación al % de deuda existente de cada acreedor privado respecto al total. Por ejemplo, en el caso de pérdidas de 10.000 M de euros de una entidad financiera, si un acreedor tuviese un 10% de la deuda (p.ej. 5.000 M de euros respecto a 50.000 M de euros), este acreedor debería dejar de tener 1.000 M de euros de deuda y pasaría a tener 1.000 M de euros en capital (quedándose sólo con 4.000 M de euros de deuda). De esta forma, las entidades financieras en esta situación neutralizarían el impacto de dichas pérdidas en sus fondos propios (y el deterioro de su balance), asumirían los acreedores su responsabilidad en la apuesta fallida y aumentaría además su interés por la buena marcha de la entidad financiera. Así, también los accionistas actuales verían diluida su participación, con lo que asumirían la responsabilidad contraída en el origen y no los ciudadanos españoles que poca responsabilidad tienen en ello. También de esta forma se evitaría la posible contaminación temprana de las entidades sanas si se vieran en la tesitura de tener que quedarse con entidades financieras en situación muy complicada. En cuanto el deterioro económico del país se parara y no fueran necesarias muchas más provisiones, se debería evaluar la viabilidad de estas entidades financieras por sí solas y, sólo en el caso de que éstas no fueran viables, se podría proceder a su colocación al mejor postor.

-   Las entidades no sistémicas en mala situación: liquidación de las entidades asumiendo los acreedores y accionistas la pérdida correspondiente y garantizando el Estado todos los depósitos por debajo de los 100.000 euros (límite asegurado legalmente).

En la actual situación, Alemania puede estar ya considerando en el extremo ayudar a sus bancos directamente y la posibilidad de que sea el erario público español quien se haga cargo de todas las ayudas públicas a la banca española.

Es por ello que creo que España debería empezar a tomar decisiones y una de las más relevantes podría ser que no puede salvar a todo su sector bancario.

Al aceptar eso desde España se estaría facilitando:

1.  Menor crecimiento de la deuda pública respecto a PIB y mayores posibilidades de repago

2.  Menor deuda privada española y aumento de las probabilidades de repago

3.  Neutralizar el efecto de las pérdidas en la capitalización de las entidades sistémicas en mala situación y no deterioro de su situación

4.  No contaminar a las entidades financieras viables

5.  Menores necesidades de inyección de capital por parte de los países europeos (y Alemania) a sus bancos

6.  Menores necesidades de inyección de capital por parte de los países europeos (y Alemania)  los bancos españoles y a España

7.  Mayor confianza de los países europeos sobre el repago al ser la deuda menor

8.  Por esa mayor confianza, mayores posibilidades de que las ayudas europeas no computen en el extremo como deuda pública, lo cual podría suponer para España una rebaja sustancial de la deuda pública respecto a PIB

9.  Al no ser tan elevada la factura, las políticas contractivas de demanda no deberían alargarse tanto en el tiempo ni ser tan agresivas y, por tanto, se podría acelerar la salida de la crisis, la actividad actividad económica y minorar sus efectos sobre la economía real.

10. Las políticas de oferta podrían tener unos períodos de aplicación más cercanos en el tiempo y además con efectos muy positivos sobre la actividad económica

En definitiva, los acreedores internacionales lo que quieren es confianza en el repago de las deudas contraídas. Y ella sólo se consigue por dos vías: o aumentando los ingresos para poder repagar o disminuyendo la factura a pagar. Si todos los analistas internacionales y entes nacionales, internacionales y supranacionales coinciden en que no se podrá realizar vía ingresos, es pues imprescindible tomar medidas para reducir la factura.

Lamentablemente, hemos constatado que el coste de no hacer nada para España va incrementando cada día que pasa y que seguirá la misma tendencia. 

Es hora, pues, de tomar decisiones.

Debemos pasar de las palabras a los hechos y sólo considerar los hechos y no las palabras.

Podemos y debemos. 



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