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Emancipación religiosa y su fundamentación racional (IV)


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23/10/2012


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Entrega final de esta reflexión (primera, segunda y tercera) acerca de cómo desde el seno del cristianismo, se cuestionaron las propias bases de la religión y de la propia sociedad.






...se separan desde entonces los dos caminos de filosofía y teología, es decir de fe y razón...





Los intelectuales, ahora libres, van siglo tras siglo creando hipótesis, inventando aparatos, probando, ensayando, hasta que llegan a elaborar todo un cuerpo de conocimientos que se presenta como un acervo común a la humanidad, basado no en la fe, sino en pruebas. Pero alguien podría pensar que dado todo esto, no debería de haber ningún tipo de controversia entre fe y razón. Cada uno tendría su campo de acción. Pero la cosa no fue así porque la Iglesia se opuso a esa teoría. La Iglesia Cristiana no acepta ser una religión irracional, quiere tener vínculos con la Razón Universal. no quiere ser recluida en el estrecho marco de las creaciones místicas. En suma no acepta el papel que se le había asignado, de depositaria de unas verdades, a las sólo se llega por la fe. Y ese modo de pensar llega hasta nuestros días. Está todavía reciente en el discurso del Papa Benedicto XVI, en el que basándose en unos escritos de un Emperador Bizantino, atribuye al Cristianismo la conexión íntima con la razón, a la que defiende de modo apasionado, y al mismo tiempo contrapone Cristianismo e Islam, al que ve como una religión de sometimiento, irracional, alejada de las luces de la razón. Y ya sabemos el revuelo que esas palabras pueden llegar a provocar. Luego, el odio que, desde entonces, los intelectuales le tienen a la Iglesia y a lo eclesiástico, es debido a que la Iglesia se mete en su terreno, no se resigna a ser una religión como las otras: el budismo, el Islam mismo, etc. que nunca pretendieron basarse en la razón, y que se desentienden de esos temas.

Luego, la percepción de un cierto anticlericalismo se basa en el odio a un competidor, que además pretende tener la verdad. Un competidor que no acepta dejar la cancha de juego para ellos solos. En suma ven a los eclesiásticos como unos entrometidos que le hacen una competencia desleal. Y que además, y durante muchos siglos, han sido los poderosos. Las luchas entre estas dos posturas comenzaron ya en plena Edad Media. No podemos olvidar las luchas de güelfos y gibelinos. Las batallas entre el Papa y el Emperador, es decir, entre el poder civil y el poder eclesiástico. El mismo Ockham, siendo totalmente coherente, se pasa a las filas del Emperador y combate con la pluma a los intelectuales que defendían la supremacía del Papa sobre todos los príncipes cristianos. Pasando los siglos, la ciencia va ganando adeptos por dos causas, la primera, porque se apoya en los poderes civiles: reyes, nobles, etc., que protegen a sus intelectuales, y segundo porque poco a poco va generando un cuerpo de pensamiento que resulta útil a los poderes emergentes.

Las nuevas clases sociales, que van desarrollándose al compás del despliegue de Europa por el mundo, despliegue éste apoyado por los poderes civiles, se ven a sí mismas como unos recién llegados, unos nuevos ricos, que no pueden ampararse en los estrechos esquemas de épocas anteriores.  Y se apoyan en esos intelectuales, porque también ellos están descontentos con los repartos de poder, que hay en sus sociedades. Es un matrimonio de conveniencia, que les permite a ambos avanzar hacia el poder. El anticlericalismo de los siglos XIX y XX, que llega intacto hasta nuestros días, es el resultado de un proceso multisecular por crear una sociedad sobre bases distintas a las tradicionales. Un proceso que reivindica la  creación de lazos sociales nuevos,  libres de los esquemas aceptados. Una especie de rebelión contra lo establecido, a lo que se juzga convencional e injustificado. Una reinvención de las normas sociales, un proyecto de ensayo de nuevas formas sociales, culturales, políticas y económicas, y que ve a lo eclesiástico como una traba para el desarrollo de todas las potencialidades de la sociedad. Como una especie de grillete que nos impide pensar y actuar.









Etiquetas:   Reflexión   ·   Religión   ·   Evolución

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