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¿Son personas las trabajadoras sexuales?


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22/10/2012


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Las “Magdalenas” del siglo XXI cuidan a sus hijos, algunas estudian en la universidad, aman, sueñan y se encomiendan a Dios cada día aunque tengan prohibido comulgar. La organización venezolana AMBAR – Asociación de Mujeres por el Bienestar y Asistencia Recíproca- trabaja para que se escuche la voz de un sector de la sociedad explotado por unos y rechazados por otros. Reportaje realizado en junio de 2004.

 

“El que esté libre de pecado que lance la primera piedra” (Jn 8,7), dijo el hombre que separó la historia en antes y después de él. ¿Puede decirse acaso que Jesús fue un proxeneta por haber impedido que apedrearan a María Magdalena?

2000 años después de estas palabras, algunos sectores de la sociedad ven con suspicacia a los grupos que apoyan a las trabajadoras sexuales. “Nosotras no estamos promoviendo nada, ellas son una realidad. Muchos han dicho que tenemos aquí una escuela de prostitutas, pero nosotras lo que estamos es garantizando los derechos de los hijos de estas mujeres y el de ellas mismas como ciudadanas”, aclara la licenciada Nury Pernía, presidenta de la ONG venezolana AMBAR - Asociación de Mujeres por el Bienestar y Asistencia Recíproca -, en cuya sede de Caracas posee una guardería-preescolar que atiende las 24 horas a los hijos de trabajadoras sexuales y a otros niños en situación de riesgo.

Al igual que en 1873 en los Estados Unidos cuando una mujer llamada Susan Anthony formulo la pregunta “¿Son personas las mujeres?” (1) ante una corte judicial para abolir la discriminación femenina y lograr participar en las votaciones. Hoy en Venezuela un grupo de trabajadoras sexuales plantea una inquietud similar para que el Estado y el resto de la sociedad respete sus derechos humanos.

 

El oficio más antiguo

Las primeras prostitutas fueron bailarinas del templo de Afrodita en Corinto, y la entrega por dinero un acto religioso (2). Solón, legislador de la Grecia antigua, no supo que un tipo especial de local que creó sería conocido en el ámbito mundial más que los Mc´Donalds: el prostíbulo (2).

Siglos después, el padre del psicoanálisis Sigmund Freud señaló que el origen de la prostitución se encuentra en una carencia afectiva en la que la mujer para vengarse del padre ausente ultraja su imagen mediante la degradación de sí misma (3).

La primera vez que la prostitución se hace notar como un problema social ante la opinión pública francesa fue en el Acuerdo internacional del 18 de mayo de 1904  para la represión de la trata de blancas (3).

 

En Venezuela, la migración rural-urbana, según varios autores, es la causa primigenia de varios problemas sociales donde se incluye el del comercio sexual (3).

En 1966, según datos del antiguo Ministerio de Salud y Asistencia Social (MSAS), en los prostíbulos de Caracas existían 27.000 mujeres, en su mayoría semi-analfabetas (3).

En 1992, según el MSAS, existían 246.599 trabajadoras sexuales controladas en el país ocupando el mayor índice el Distrito Federal con 12.416 mujeres registradas (2).

Actualmente están afiliadas a la asociación AMBAR unas 531.000 trabajadoras sexuales en el ámbito nacional. “Esta cifra tiene un subregistro de 70% porque existen más muchachas”, explica la licenciada en educación Nury Pernía.

Cómo vemos el problema de la prostitución en Venezuela en vez de disminuir va en aumento. Según una organización llamada FUNDAICI, para 1998 se prostituían entre 14.600 y 17.390 niños y niñas (4).

 

Demanda

“Y por qué no entrevistan a los clientes de las trabajadoras sexuales. Mientras exista demanda habrá oferta”, nos responde Nury Pernía, cuando le solicitamos entrevistar a una de las madres que dejan a sus hijos en la guardería de la asociación AMBAR.

Precisamente por ahí es por donde se había comenzado el trabajo de investigación para determinar la ubicación de los centros de prostitución de la región capital. Algunos de los testimonios de los clientes son los siguientes:

“En Catia están los más baratos, a 10 mil bolívares (10 bolívares fuertes) la hora, y en el Este los más costosos, hasta 300 mil bolívares (300 bolívares fuertes) por hora”, responde un taxista nocturno que en muchas oportunidades ha llevado clientes a estos lugares.

“A los 15 años unos panas me llevaron a un burdel. Fue horrible… con tanta tención ni siquiera se me paró”, recuerda un profesor universitario de la Universidad Central de Venezuela.

“Anímate y acuéstate con una. Ellas son expertas en dar compañía. Antes yo me la pasaba en eso y perdí mucho tiempo. Hoy estoy mucho más serio“, menciona otro profesor de la UCV.

“Puedes ir a la Aragonesa, aquí en Plaza Venezuela. Ellas son receptivas con los periodistas, y deja de llamarme prostituto, ya le devolví el celular a la vieja esa con que me acostaba”, dice un colega reportero.

Pero qué buscan los clientes de trabajadoras sexuales. Esto nos lo responde la socióloga y cursante del doctorado en ciencias sociales de la UCV Melina Camirra: “Ellos buscan afecto. Vivimos en una sociedad de multitudes solitarias”.

Oferta

Las trabajadoras sexuales pueden clasificarse de muy diversas formas. Según su educación y nivel socioeconómico se les llama finas o pobres (5).

De acuerdo al lugar donde trabajan: prostitutas, caminadoras, call-girl o chica de teléfono, apartamenteras, pide colas, emperatrices o de hoteles lujosos, pelucheras o copilotos de chofer de autobús, metreras (las que obtienen sus clientes en el Metro) y damas de núcleo o recepcionista de empresa.

Y por el servicio que prestan: mesoneras, ficheras, masajistas, guías turísticas, damas de compañía y seudoartistas (3).

“La mujer que comercializa con sexo puede ser cualquiera, no es esa mujer toda erótica, toda sensual. Puede ser cualquier mujer dentro de la sociedad venezolana”, dice Nury Pernía, presidenta de AMBAR, y agrega: el término trabajadora sexual es un reconocimiento que le da la Organización Mundial de la Salud a estas mujeres para levantar su autoestima”.

Laura es técnico superior en publicidad y estudiante de la UCV, está pensando en la posibilidad de prostituirse. “En septiembre debo tener tres millones de bolívares para pagar mi carro. Si la situación del país sigue así voy a optar por venderme algunas veces”, afirma sin dejar lugar a dudas.

Carolina apenas debe haber estrenado su mayoría de edad aunque su cuerpo fue estrenado mucho antes, a los 12, por su novio. “Yo vengo de oriente papi, allá no hay trabajo y como yo soy muy salía me vine pa´Caracas a echar pa´lante”, responde un poco ansiosa una trabajadora sexual del tipo fichera, en la barra de un bar-hotel ubicado en la calle la Asunción, de Sabana Grande, mejor conocida como Callejón de la Puñalada.

Antonia ya superó los 30 años. Aunque estudió en la universidad su profesión actual es masajista. Trabaja en su apartamento ubicado en Santa Mónica y dice atender sólo a clientes recomendados por amigos, pues “no quiere correr riesgos”.

Luego de revisar estas declaraciones de trabajadoras sexuales caraqueñas entiendo bien lo que el grupo Sin Bandera cantan: “Mientes tan bien/que he llegado a imaginar/ que mi amor llenas tu piel/ y aunque todo es de papel/mientes tan bien…”.

 

 Sí, son personas

En una película llamada Malena, protagonizada por Mónica Beluci, un pueblo sobre la base de rumores empuja a este personaje a la prostitución y finalmente la linchan en la vía pública. Esta cinta nos inspiró a realizar esta investigación sobre el estado de los derechos humanos de las trabajadoras sexuales de Venezuela, y nos llevó a contactar a la presidenta de AMBAR, licenciada en educación Nury Pernía, cuyo tema de tesis en el Pedagógico fue sobre grupos vulnerables en prevención de VIH/Sida.

 

¿Para nuestra sociedad, son personas las trabajadoras sexuales?

A las trabajadoras sexuales se les viola sus derechos humanos. Ellas tienen los mismos derechos que cualquier otra mujer dentro de esta sociedad. Lo que AMBAR solicita es que se les respete como ciudadanas.

 

¿Cómo han tratado el tema los medios de comunicación?

Lo han hecho de una forma amarillista. La única excepción es el caso de Vanessa Davies, que se hizo pasar por trabajadora sexual y vivió todos los maltratos; lo que ellas viven a diario dentro de la consulta de infecciones de transmisión sexual.

En un último operativo policial que tuvimos fuerte hace dos años, una de las muchachas al salir corriendo se enredo con los cables de las cámaras y se partió fémur. Pero eso no fue lo peor. Cuando estaba en el piso los camarógrafos la filmaron y pasaron su cara en el noticiero. Ella perdió a sus hijos, a su familia, lo perdió todo. Desde ese momento la orden que se le ha dado a las muchachas es que arremeten en contra de las cámaras de los medios, porque igualito le van a dar palo pero por lo menos el resguardo de su identidad no será violentado.

Los periodistas actualmente han perdido la ética. Algunos han pretendido venir a grabar a los niños. Ellos no son unos monstruos, son niños que no tienen culpa de la situación de sus madres.

 

¿Cuáles aspectos de la Constitución de 1999 han sido positivos para las trabajadoras sexuales?

Todo el aspecto de la participación ciudadana es muy positivo, el artículo 21 que prohíbe todo tipo de discriminación, el artículo 68 donde se habla de la libertad que las trabajadoras sexuales tienen de organizarse y consolidarse como grupo.

Por otro lado, AMBAR ha solicitado la nulidad del artículo 393 del código penal. Este artículo contempla que aquella prostituta que sea violada, al victimario se le reducirá la pena a una 5ta parte. De esto se agarró el llamado “Monstruo de los Palos Grandes” para que le redujeran su pena al decir que Linda Loaiza era una prostituta, cuestión que es falsa, y aunque así fuera este artículo es discriminatorio y por lo tanto va en contra de la Constitución Nacional.

 

¿Cuáles son los principales problemas que confrontan las trabajadoras sexuales en la actualidad?

En primer lugar el “carnet rosado” que se les exige para trabajar viola convenios internacionales. Además en el interior del país se les exige llenar una ficha adicional donde se les obliga a suministrar todos sus datos personales y a pagar 20 mil bolívares cada 15 días.

Los operativos policiales violentos han disminuido gracias a nuestra presión y a que se abolió la ley de vagos y maleantes, porque las consecuencias las pagaban las mujeres más pobres.

Las trabajadoras sexuales en Venezuela no participan de la seguridad social. Nosotros hemos tenido que enterrar a varias porque no tenían recursos ni para eso, y mucho menos para adquirir una vivienda.

 

¿Cuáles son los proyectos de AMBAR a mediano plazo?

Nosotros tenemos nuestro propio condón, que se llama AMBAR, que nos sirve como autogestión. Trimestralmente distribuimos unos 20 mil condones de forma gratuita a las trabajadoras sexuales, y vendemos unos 100 mil.

Tenemos una reunión pautada con el Programa Nacional de Sida, con todos los dueños de locales de los “centros de batalla”, es decir, todos los locales abiertos tipo Nuevo Circo,  el Volta, cazador, los de la calle Perú de Catia. Vamos a implementar una política de prevención tanto de explotación sexual infantil como de transmisión del VIH (Virus de Inmunodeficiencia Humana).

Entre agosto y septiembre se empezará a crear un plan nacional de abordaje de la problemática de la explotación sexual infantil en Venezuela, en línea con lo que pauta el Consejo Nacional de Derechos del Niño y del Adolescente.

 

¿Cuántas trabajadoras sexuales se han contagiado de VIH?

Afortunadamente y gracias a las campañas de concientización, el año pasado ninguna de nuestras afiliadas se contagió con VIH. Este año tampoco tenemos reportes.

 

¿Somos también prostitutas?

Cuando finalizamos la entrevista a Nury Pernía observamos a una trabajadora sexual que buscaba a su hija. La cara de la niña sonriente y pintada de escarcha; la cara de la madre baja y oculta a los ojos de la sociedad.

“Allí está esa mujer que gime y sufre con el dolor inmenso con que gimen los que cruzan sin fe por la existencia ¡Escúpela también! ¡Anda! No importa que tú hayas sido quien la hundió en el crimen, que tú hayas sido quien mató su creencia”, escribió el escritor mexicano Manuel Acuña (2).

Producto del trabajo de investigación sobre los derechos humanos de las trabajadoras sexuales surgió nuevas inquietudes a investigar.

 

¿Es prostitución cuando una mujer finge un orgasmo para que le sigan llamando señora y poder mantener a sus hijos? ¿Es prostitución trabajar, con un “bozal de arepa”, en una empresa que le hace algún daño a la sociedad? ¿Es prostitución no criticar al líder del partido sólo para recibir algún beneficio económico y mantener la supuesta unidad? ¿Es prostitución mantener relaciones sexuales con un profesor para aprobar una materia?... ¿Podemos lanzar la primera piedra?

 

Referencias:

(1)    Viola, Iliena (2000): “Los discursos del poder”. Editorial Norma. PP 17-20.

(2)    Colmenarez, Beatriz; Rojas, Claudelia; Montezuma, Iris (1994): “Modalidades de prostitución en el contexto socio-económico de la Venezuela actual, 1989-1993”. Universidad Central de Venezuela. Tesis de grado de la Escuela de Trabajo Social.

(3)    _________. (____).: _____________. Libro de la Biblioteca de Trabajo Social de la UCV. Cota HQ183 E8 e.2.

(4)    Linares, Manuel. (2002): “Perfil de la prostitución infantil en Caracas: 104 casos de estudio”. AMBAR. Caracas, Venezuela.

(5)    Costa, Luis. (2001): “Glosario monolingüe de términos utilizados en el área de prostitución organizada de adultas”. Universidad Central de Venezuela. Tesis de grado de la Escuela de Idiomas Modernos.

 

 

@Joaquin_Pereira



Etiquetas:   Periodismo   ·   Derechos Humanos

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