LO IMPOSIBLE: la lucha por sobrevivir

Cuando Clint Eastwood rodó Más allá de la vida (2010), película de temática sobrenatural cuyo inquietante punto de partida pasó por recrear el Tsunami que azotó al continente asiático, muchos alabaron su prodigio técnico y su realismo a la hora de filmar estos angustiosos minutos del film. Quién iba a decir que, un par de años después, un director español con una única película en su trayectoria -la muy estimable El orfanato (2007)- iba no sólo a hacer sobra a uno de los últimos directores clásicos en activo, sino incluso superarlo. Financiada 100% con capital español y producida por Telecinco Cinema, Lo Imposible (J.A.Bayona, 2012), traslada a la pantalla la increíble historia de María Belón y su familia, una de tantas que sufrieron en primera persona la tragedia vivida en Tailandia, con la única diferencia de que éstos lograron sobrevivir. Un firme y arriesgado compromiso que la realidad que Bayona resuelve con la maestría y ambición de quien se sabe uno de los máximos renovadores del cine español: el cineasta se reafirma como un director valiente que, no contento con anclarse en la mera recreación de los hechos, va más allá: utiliza esta destructiva Ola como una mera excusa para adentrarse en el mundo interior de los protagonistas, elaborando un emotivo relato acerca de la familia, el dolor, la pérdida y, finalmente, el reencuentro.

 

. Quién iba a decir que, un par de años después, un director español con una única película en su trayectoria -la muy estimable El orfanato (2007)- iba no sólo a hacer sobra a uno de los últimos directores clásicos en activo, sino incluso superarlo. Financiada 100% con capital español y producida por Telecinco Cinema, Lo Imposible (J.A.Bayona, 2012), traslada a la pantalla la increíble historia de María Belón y su familia, una de tantas que sufrieron en primera persona la tragedia vivida en Tailandia, con la única diferencia de que éstos lograron sobrevivir. Un firme y arriesgado compromiso que la realidad que Bayona resuelve con la maestría y ambición de quien se sabe uno de los máximos renovadores del cine español: el cineasta se reafirma como un director valiente que, no contento con anclarse en la mera recreación de los hechos, va más allá: utiliza esta destructiva Ola como una mera excusa para adentrarse en el mundo interior de los protagonistas, elaborando un emotivo relato acerca de la familia, el dolor, la pérdida y, finalmente, el reencuentro.

Dejando de lado la ambición catártica de un Bayona que se ha terminado de consagrar internacionalmente por rodar, con la máxima verosimilitud, una historia que camina con paso firme sobre el terreno tan delicado como el de una de las mayores catástrofes naturales que se recuerden, el autor divide el relato en dos mitades: una primera parte de auténtico terror -temática en la que se encuadra su mencionada ópera prima- en la que se hace cómplice al espectador de la tragedia, de la forma más bestial e hiperrealista posible, para inaugurar, en la segunda mitad, la verdadera razón de ser del film: cómo el ser humano es capaz de salir adelante cuando, en efecto, ha sufrido en sus propias carnes lo imposible. Y es aquí donde se vuelven a dar cita el estimulante cajón de sastre de constantes y temáticas del máximo responsable de El orfanato: la unión familiar, el potente vínculo afectivo entre una madre y un hijo (Tom Halland sustituye en esta ocasión a Roger Príncep) o el simple hecho de situar a sus personajes en situaciones límite.  Asimismo, Bayona vuelve a revelarse como un director, además de inconformista, como romántico, en el sentido más puro del término; no sólo viste a sus personajes de una inusitada honestidad, sino que establece entre ellos una cálida conexión con la que logra empatizar instantáneamente con el espectador. Esto da lugar a que, más que a una película con una trama fragmentada en presentación, nudo y desenlace, estemos ante una obra donde no sólo es difícil dilucidar cuál es cada una de estas tres partes, sino que en el fondo todo lo que se nos esté contando no sea, simple y llanamente, más que un magnético poema sobre el amor.

Regalándonos un torbellino de escenas tan memorables e iconográficas como las del poderoso final de El orfanato -esa escena de la colosal Noami Watts, en la piel de María, respirando de nuevo la vida- y contando nuevamente con gran parte del equipo artístico de ésta -mención especial merece el soberbio guión de Sergio. G. Sánchez y la virtuosa y lírica partitura de Fernando Velázquez, consagrado ya como uno de los mejores compositores españoles, a la altura de Alberto Iglesias o Roque Baños, gracias sobre todo a un bellísimo tema principal de reminiscencias épicas-, Lo Imposible es un film absolutamente seguro de sí mismo. Incluso, en los momentos en los que los creadores tan al personal todos los ingredientes necesarios para que puedan acusarla de sensiblera-uso de la música de forma indiscriminada, el recurrir a los primeros planos...-  la fortaleza y la madurez que demuestra la película es impresionante. Como si, en otras palabras, no le importase las críticas. Y es que el empaque formal es tan notable, está tan bien elaborada y se logran tocar de forma tan acertada las teclas necesarias para hacerse con el espectador, que al final no queda otra que aplaudir. ¿Edulcorada? ¿Cursi?  No será quien esto firma el que pida perdón por emocionarse en el cine, algo que algunos críticos tipificarían como delito si de ellos dependiese. Si lo que me están contando está tan bien ejecutado, rodado y narrado como lo que sucede en Lo imposible, bienvenidas lágrimas. 

A pesar de la inevitable sensación que por momentos se desprende de estar ante un cortometraje estirado -como si la temática del reencuentro entre la familia se antojase insuficiente para rellenar buena parte de sus más de 100 minutos de duración-, o de algunos agujeros de guión como la inexistencia de más víctimas en el momento que Maria y su hijo están siendo arrastrados por el agua, Lo Imposible no deja de ser una cinta abrumadora, que sabe muy bien cuando debe ser meticulosa y cuando debe dejar sacar las garrasNos regala toneladas de emoción, sí, pero también es un relato que encierra toda la angustia y asfixia que alguien pueda ser capaz de imaginar, convirtiéndose en una experiencia de más alcance y profundidad moral de lo que muchos parecen ser capaces de apreciar. El resto de virtudes de film lo completa un más que eficaz plantel de secundarios, desde Geraldine Chaplin –que repite con el director- hasta una soberbia Marta Etura en un breve pero decisivo papel y, por supuesto, la capacidad del este creador superdotado para golpear -y dejar huella- en un espectador arrastrado por el caos, el agobio y la impotencia. ¿El resultado? Mejor estreno en taquilla de la historia de España -algo a lo que, honestamente, también ha influido una de las campañas de marketing más activas que se recuerden-, y la cinta que, mal que le pase a algunos, vuelve a situar al cine made in Spain en el Top Ten de la escala mundial. 

UNETE



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