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Emancipación religiosa y su fundamentación racional (III)


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17/10/2012


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Tras las dos primeras partes de este tema (primera y segunda) hoy presentamos una nueva entrega de la separación entre fe y razón






... será Ockham, uno de aquellos medievales que socaven las bases de la civilización cristiana, y lo hace por motivos filosóficos....





El famoso tema de los universales es el que da origen a esta extraña actitud. Como es bien sabido, Aristóteles,  que fue el gran filósofo para toda la Edad Media no consiguió explicar de manera contundente qué eran los universales, lo que permitió pensar a los medievales. Los universales son los nombres genéricos como hombre, humano, caballo, etc. ¿Qué eran? Todo lo que vemos son seres individuales. Yo puedo ver a un hombre, o a mil hombres, pero no veo la esencia “hombre”. ¿Qué es ese nombre? ¿Algo real o no? Para Aristóteles, como para todos los griegos, incluido Platón, era algo real. Platón lo colocaba en el mundo de las Ideas, allá lejos. Aristóteles en la forma que informa y conforma el cuerpo, la materia, dando así lugar a un nuevo ser. Pero los medievales se rebelan contra esta manera de ver las cosas y proponen una nueva manera de pensar los universales: son, dice Ockham, sólo unos nombres, es decir, una creación nuestra, una entelequia, un producto de nuestra intelección, pero no representan nada real. Aquí parece transparentarse Kant y su teoría del fenómeno y el noúmeno.





No olvidemos, por otra parte, que los universales eran tan importantes, porque eran la base de la ciencia. Toda la ciencia medieval se basaba en las estructuras lógicas de los silogismos, y para éstos eran necesarios los universales, es decir los nombres genéricos. Luego, cualquier alteración de su estatuto, conllevaba una alteración del concepto y la realidad de la ciencia, que en aquellos tiempos estaba representada por la filosofía. Por eso, al denegarse el estatuto de realidad a los universales, la ciencia pierde su conexión con la verdad. Quedándose como un juego intrascendente de los pensadores, sin nada que ver con la realidad, algo así como la poesía, o  los cuentos que se cuentan a los niños. Divertida, sí, pero intrascendente. Y Ockham, un fervoroso creyente, como lo eran todos en aquellos tiempos, realiza una proeza intelectual: separa, para siempre, ciencia y teología. Y lo hace de un modo paradójico, sorprendente. Decide que, puesto que la base de la ciencia no es más que una invención humana, la ciencia no es la verdad. Luego entonces, ¿dónde está la verdad? Porque el ser humano la demanda. Y acaba diciendo: está en la fe. Es la fe en Dios, y en su Santa Iglesia lo que nos proporciona la verdad, el suelo firme, la ciencia no es más que una distracción. En un principio, y para personas no versadas en filosofía, podría parecer que lo que acababa de hacer Ockham, era cargarse la ciencia y el pensamiento libre, y encadenarnos, “per secula seculorum”  (por lo siglos de los siglos) a la fe. Pero no era así, sino todo lo contrario.

Analicémoslo: si la ciencia no tiene base real, ella, y todos los productos de la razón son meros entretenimientos. La razón misma es algo sin valor. Y si lo verdadero es la fe, ésta no está vinculada a la razón. La verdad, pues, es algo irracional. La fe, y la teología que la soporta, no tienen ninguna necesidad de la razón para ser verdaderas. Luego laIglesia se constituye como una sociedad basada en algo irracional, imposible de entender fuera de la fe. Y por lo tanto no tiene necesidad alguna de ser comprensible. Basta creer. Esto lleva a la Iglesia a un mundo egoísta, centrípeto y alejado de la libre discusión, por lo que lo consigna al mundo de las concepciones rígidas, estereotipadas, que se imponen mediante la coerción social. ¿Y que ocurre con la ciencia? Pues lo más inesperado: queda libre para pensar lo que quiera. A sabiendas, de que sus pensamientos y elucubraciones son meros pasatiempos. Pero eso le permite dar un salto cualitativo: no está atada ni a la teología, de la que debía de dar cuenta, ni siquiera a la tradición, puede innovar, experimentar, crear en suma. Y así, de esta paradójica manera se separan desde entonces los dos caminos de filosofía y teología, es decir de fe y razón.





Continuará...





Etiquetas:   Reflexión   ·   Religión   ·   Evolución

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