Tras veinte años de entrega al deporte rey español, he sufrido un trastorno en el cableado deportivo sin casi darme cuenta. A saber, he dejado de prostituirme en el futbol, para disfrutar en el padel. En mi etapa como futbolista, aprendí infinidad de valores de equipo: solidaridad, sacrificio, compañerismo, trabajo en equipo, etcétera. Sin embargo a medida que uno va creciendo la vida te obliga a asumir otros roles muy diferentes. Debes ser fuerte mentalmente, tienes que tener la dosis de egoismo necesaria para vencer ante los retos que te proponen, y así unos cuantos más. Cuando dejé el futbol por motivos de lesiones, me dieron la oportunidad de seguir vinculado a él desde la perspectiva de la enseñanza. Desde el banquillo y desde las oficinas el fútbol se ve totalmente diferente. Es gratificante ver a los chavales con la ilusión intacta con ganas de evolucionar. Pero es distinto. Incluso a niveles de clubs pequeños, los cambios son insultantes. El dinero se convierte en protagonista para abandonar/olvidar los valores mencionados anteriormente. Lo he probado, una y otra vez, en muchos clubs. Quizás la culpa en parte también la tenga yo. Pero el balance he de decir que ha sido negativo. Así que hoy, ahora, hace tres meses, dejo el futbol por un deporte con menos historia pero que me provoca hasta el momento una satisfacción dificil de describir.




