.as/2cgS">primera parte) de la disertación acerca del camino seguido por la Europa Cristiana para su emancipación religiosa.
... Toda la intelectualidad de una
determinada sociedad se pone en contra de los principios en los que vive. Y se
lanza a buscar otros...
Analicemos esto fríamente, pongámonos en
situación, imaginemos el siglo XIV, unos monjes y algunos otros seglares, que
en esos siglos ya sabían leer, comienzan a cuestionar las bases de
su sociedad, sin tener otra de recambio. No es que se hicieran apóstatas, ni que se
pasaran a otra cultura, como la budista o la islámica, sino que seguían siendo
cristianos, pero trazaban un camino nuevo, que revolucionaba las
normas fundamentadoras de la sociedad. Hoy somos herederos de esos monjes, de
esos revolucionarios, estamos acostumbrados a romper moldes, a cuestionar todo,
a transgredir y eso nos parece lo normal, pero históricamente no ha sido así.
No es normal cuestionarse los principios de tu propia civilización. Realmente
sólo los intelectuales grecorromanos lo hicieron, y nunca con la profundidad y
la intensidad que nosotros, nadie más. Es revelador lo que ocurrió en el
Islam, los islámicos nacen el siglo VII, allá en las lejanas y sedientas
tierras de Arabia y se extienden por Asia, África y parte de Europa, con una
celeridad admirable. Aprenden de griegos, sirios, persas e incluso indios y
desarrollan una civilización brillante, alcanzando un gran nivel en cuanto a
cultura, desarrollo y prosperidad. También entre ellos surgen algunos críticos
a su sociedad, debido a las lecturas de los pensadores griegos, sobre todo.
Pero, ¡qué diferencia! La sociedad islámica culta rechaza y persigue a
esos escritores subversivos, que tienen que huir para salvarse, siendo sus obras
destruidas, además aparece un caso paradigmático, es el caso de Averroes.
Este escritor árabe vivió en Córdoba, y produjo unos libros, donde se
cuestionaba la esencia de la civilización islámica. Fue perseguido y sus libros
quemados, mientras que la sociedad islámica culta, los demás escritores, lo
estigmatizaron. Ellos no estaban dispuestos a aceptar ninguna opción que
posibilitara el cuestionamiento de la religión o la teología islámica. Eso no
era discutible. Y curiosamente quienes acogieron esos libros fueron los
cristianos. Y en las universidades europeas de su tiempo, existieron averroístas latinos, pero no hay averroístas islámicos. Nadie lo continuó
en el Islam, mientras los cristianos acogieron unos textos que ponían en
entredicho la esencia de toda religión, y por lo tanto la base de la
civilización cristiana, mientras que el Islam lo rechazó de plano. Y ahora
viene la pregunta: ¿Qué era lo normal, aceptarlo o
rechazarlo?
Hoy, nosotros diríamos aceptarlo, por que
ese fue el camino que tomamos. Pero en aquel tiempo, no era sí. Ninguna otra
cultura ha aceptado a aquellos que subvierten el orden establecido. ¿Por que
nosotros sí? Es un misterio. Pero así fue. Ese es el momento en que surgen los
dos caminos. El religioso y el racionalista.
Y curiosamente será Ockham, uno de
aquellos medievales que socavan las bases de la civilización cristiana, y lo
hace por motivos filosóficos.
Continuará...