. Partiendo de un modo conceptual, denominado ontológico,
contextualizamos un conocimiento que a priori ha surgido de la intuición.
Obtenemos una definición, más o menos precisa, de una parcela de realidad que
nos resulta llamada al análisis.
Este conocimiento obtenido puede o no ser veraz, por ello recurrimos a un
medio de racionalización por medio del recurso de la epistemología. Se trata de
poner en una mira crítica todo aquello que la intuición nos muestra como
“verdadero”, con el fin de juzgarlo y obtener su validación. Una vez obtenido
un conocimiento reconocido como valido en el contexto que es tratado hacemos
uso de la metodología, entendida como la secuencia conceptualizada de medios
para llevar a cabo este conocimiento, abarcando el método como una acción
focalizada en resolver el problema y la técnica como la herramienta que nos
permite realizar tal acción.
En toda está representación del conocimiento caemos ante un recurso que
pudiera parecer obvio, pero resulta esencial en su análisis, el cuál detallaré
gracias a la obra de Lewis Gaddis, John “El paisaje de la historia”.
El recurso reduccionista resulta de la convicción de que la mejor forma de
acometer un entendimiento de la realidad es mediante su fragmentación. Esta
fragmentación consistiría en su reducción en parcelas, tales como la disciplina
que resulta de un acuerdo histórico que nos ofrece la representación de una
parcela de la realidad por el medio conceptualizado, ontológico. Estas parcelas
son variables e independientes, configuradas a nuestros ojos, dentro del
contexto multidisciplinar en el que nos encontramos inmersos, como la única vía
posible para generalizar acerca del pasado de tal modo que se pueda establecer
una previsión de futuro.
Esto entraña problemas a la hora de matizar la representación de realidades
más complicadas que necesidad de una colaboración entre disciplinas para dar
lugar a “algo” más concreto, haciéndonos recurrir a la transdiciplienariedad o
la interdisciplinariedad. Realidades complejas que nos hacen cuestionar la
eficacia de este modelo reduccionista planteado por Gaddis, ¿se debería
realizar un enfoque de la realidad bajo una única perspectiva que encerrara
todas aquellas disciplinas? Esta cuestión englobaría campos más amplios de las
ciencias sociales, las ciencias naturales e incluso de la Ciencia en general.
Otro aspecto a tener en cuenta es la distinta forma con la que se focaliza
este reduccionismo disciplinar, existiendo disciplinas como es el caso de
nuestro análisis, la historia, que necesitan de varías corrientes, denominadas
tendencias, que ofrecen una visión veraz que coexiste con otras visiones al
mismo tiempo igual de aceptables. En el caso de la Arqueología, sería difícil
discernir la validez mayor entre la arqueología procesual o la arqueología
post-procesual. Lo que nos hace dilucidar que está realidad que intentamos
representar sufre una desvirtuación. Estamos ante una realidad que intenta ser
representada pero que no logra alcanzar la perfección en disciplinas como la
historia, y por ello necesita ser contemplada desde las distintas miras de una
misma baraja. Esto sin contar la influencia ideológicas que puede apreciarse en
tendencias históricas, tales como el marxismo, donde la evolución de las
sociedades resultan de un intercambio de status quo entre dominantes y
dominados hasta alcanzar un estado utópico, en principio, denominado
socialismo. Ciertamente, pudiera entroncar con corrientes como la positivista,
pues tanto el marxismo como el positivismo ponen la mira en un futuro incierto,
pero fantástico, de felicidad.
El nuevo problema que se nos plantea es este futuro. La continuidad debe
ser sólida como para que sea alterada por contingencias. No obstante, el
racionalismo humano hace que no podamos tomarlas a la ligera, ya que la elección
humana es la empresa de futuro más problemática.
En un contexto generalizado, las ciencias sociales han tratado de obviar
este problema, incluso han llegado a negar su existencia, debido a la
convicción de que la ciencia deriva de un sometimiento del reduccionismo a
leyes, que son transmitidas como inmutables. Algo discutible, puesto que en
disciplinas reduccionistas como la física las teorías asentadas por Newton en
torno al siglo XVII han sido alteradas, han sufrido una evolución que
actualmente continúa en pleno proceso de cambios hasta llegar al conocimiento
verdadero.
Un factor a tener en cuenta en cuanto al problema del futuro, resulta de
como las diversas culturas han presentado respuestas motrices diferentes ante
situaciones similares, y que ha día de hoy sigue existencia pese a la lacra de
la globalización. En este sentido el reduccionismo aplicado a la historia no
cesa de analizar las multiplicidades que se puedan dar en este ámbito. Sin
embargo, en la mayoría de los casos se produce la construcción de
generalizaciones universales aplicadas a cuestiones simples que hacen que el
ser social se limite a confirmar algo que resulte obvio a los ojos del
espectador presente. En este sentido estamos dando pie al mito como medio en
sociedades pasadas para aplicar la acción humana, no carente de cierta
racionalidad, a sucesos que para entonces no vestían de paradigmas científicos.
Se acometía la representación de una realidad no tangible que deriva del miedo
hacia lo desconocido, maná, y cuyo conocimiento resulta verificado por la Fe.
Este tipo de conocimiento, sería rebatido por una especie de conocimiento
lógico definido como “algo” que parte de lo observable e implicando un
racionalismo orientado a la praxis del mundo fenoménico.
Las relaciones entre las variables reduccionistas son variables,
coexistiendo con irregularidad y aleatoriedad. Aún, el nuevo historicismo
cuestiona la tendencia de buscar generalizaciones universales al margen del
rango espacio- tiempo, desafiando el hábito del modelo en relación a la
evidencia.