El reto de Quintana Roo a treinta y ocho años como Estado
Confesiones.
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El reto de Quintana
Roo a 38 años como Estado.
Sin lugar a dudas al rememorar el recuento de lo que ha
sucedido desde que Quintana Roo recibió la categoría de entidad federativa hace
ya treinta y ocho años, este es extraordinario.
Lo es porque en ese periodo tiempo tan breve, que en la gran
mayoría de los estados del país es un abrir y cerrar de ojos, aquí ha sido el
espacio de la construcción de un coloso turístico de proporciones mundiales.
Sin embargo adicionalmente a la edificación de la
infraestructura de nuestros destinos turísticos, en estas casi cuatro décadas,
también se ha estado gestando una comunidad, con características únicas e
incomparables.
Es evidente que la migración ha sido el factor fundamental
del rostro poblacional de Quintana Roo, como lo es que por su diversidad aquí
confluyan todo tipo de orígenes y costumbres.
Por eso entender la conformación social de Quintana Roo no
es tarea sencilla, en su carácter cosmopolita existen toda clase de
expresiones, pero también hay que decir que en esa diversidad esta su mayor
riqueza.
Porque si bien Quintana Roo tiene bases históricas, primero
las provenientes de los asientos de la cultura maya y por supuesto la de los
primeros pobladores de la época moderna, a su vez en su momento también
migrantes, la explosión demográfica producto del proyecto turístico, transformo
radicalmente los parámetros anteriores.
Lamentablemente los activos que representan la memoria y
esfuerzos de aquellos que configuraron esa primera visión de Quintana Roo, hoy
nos remiten a las sociedades de la capital Chetumal, Cozumel y Carrillo Puerto.
Esto porque en simultáneo a la fundación del estado,
significo el inicio del proyecto turístico que atrajo la migración masiva y
constante a la que hacemos referencia, y que además aumento exponencialmente
con el despegue de la Riviera Maya.
Este arribo de personas con tantos orígenes distintos
naturalmente implica la dificultad de la integración, sobre todo en la dinámica
del día a día, porque para plantear el destino en común lo mínimo que se
necesita es arraigo y ese solo se consigue con el tiempo.
De tal suerte que aspirar a la madurez de nuestra sociedad
es precisamente cosa de tiempo, de un fortalecimiento de la identidad, porque
en nuestro caso no hay parámetros desde donde tomar referencias, estos se van
moldeando cotidianamente.
Por ello, en el mensaje alusivo del Gobernador del Estado,
Roberto Borge Angulo, en la ceremonia para celebrar este aniversario de la
conversión de territorio a estado, lo que trasciende es el llamado a la unidad.
No hay otra fórmula, solo en la unidad que va fomentando la
identidad podremos ser capaces de entendernos en nuestra justa medida y
dimensión, solo con esa certeza de arraigo y pertenencia seremos capaces de
establecer proyectos comunes.
El gran reto de Quintana Roo, mas allá de sus necesidades
cotidianas esta pues en la integración de una sociedad que se reconozca como
tal, desechando esa sensación de regionalismo que enmarca fronteras dentro de
un mismo territorio.
Porque unos los más antiguos, reclaman derechos adquiridos,
mientras que los que han llegado recientemente desprecian las referencias del
pasado, más que por falta de respeto, como por enarbolar un escudo elemental de
protección.
No se trata de ponerse a averiguar quién tiene la razón, eso
sería un desperdicio de tiempo, una discusión que no tendría conclusión, al
final de cuentas esta se orienta en la necesidad de pertenencia.
El quintanarroismo como concepto no puede depender de un
asunto de natalidad, porque esta tampoco garantiza un sentido de propiedad, que
en el marco de las diferencias no representa beneficio alguno.
El quintanarroismo por nuestras características es un valor
personal que se obtiene por voluntad, una decisión personal que no transita por
un trámite legal, pero que en su defecto es esencialmente una cuestión de
actitud.
Porque seguramente en algunos años, el tema no representara
una asignatura de calificativos, decíamos que el tiempo será un factor para que
la sociedad madure como tal.
Ahora bien el riesgo está en que se pueda hablar
efectivamente de una sociedad y no de un catalogo de estas, diseccionadas por
regiones y ciudades, sin que exista una correlación entre ellas.
El momento crucial es ahora, más aun cuando se educa a una
gran cantidad de jóvenes, en su mayoría nacidos ya en el estado y sin las
añoranzas que sus padres o abuelos arrastran, estos jóvenes están forjando su
desarrollo en este entorno.
Por ello la importancia del llamado a la unidad, que tiene
que ver con la compresión del todo, de la integralidad del quintanarroismo como
factor fundamental de nuestro desarrollo.
Quienes hemos tenido la oportunidad de conocer la dinámica
de otras entidades, incluso de aquellas con una tradición mucho mas añeja que
la nuestra, podemos identificar que hay diferencias notables en su vida
interna, incluso disputas regionales, pero en todo caso eso no limita la
sensación de integralidad.
Desafortunadamente en Quintana Roo hay quienes apuestan por
el divisionismo, que no solo se refiere a la ubicación geográfica, nos
referimos por ejemplo a aquellos que se dicen cancunenses, pero que no aceptan
ser quintanarroenses.
Esos que creen que el aislamiento habrá de producir
beneficios, todavía no alcanzan a comprender que con el paso del tiempo, una
vez que el arraigo haga efecto, serán por esa actitud los que se auto excluyan.
Al final de cuentas el concepto abarca todo, no solo la
actividad política que seguramente por su nivel de exposición es la más
observada, esto alcanza a cualquier aspecto de la convivencia.
Y es que no se trata de depender exclusivamente de políticas
públicas, las educativas por ejemplo, que fomenten esa unidad, el asunto
transita por la comprensión individual y es desde ahí desde donde tiene que ver
el esfuerzo.
Pocas sociedades tienen el privilegio como la nuestra de
construirse a sí mismas, porque en la mayoría todo está hecho con mucha
anterioridad y se depende de tradiciones centenarias, que infieren costumbres
establecidas y formas de comportamiento estrictas.
Quintana Roo, está precisamente en un extraordinario momento
de conformación social y así como es nuestra prerrogativa darle sentido, en el
mismo camino es un enorme compromiso.
Una responsabilidad histórica, que nos es común y en la que
cada esfuerzo individual forma parte del todo, ninguno puede considerarse
menor, porque al final de cuentas el objetivo final será siempre poder sentir
orgullo de ser y pertenecer.
Un llamado a la aportación, con todas las dificultades que
implica hallar objetivos comunes, de transitar en las opiniones diferentes, en
encontrar los puntos intermedios que hacen el equilibrio.
Pero que al final de cuentas de aquí somos por nacimiento o
decisión, lo que no debe ser en adelante una diferencia, este contraste
dependerá de la actitud y en todo caso el objetivo debe ser el mismo, el
orgullo de ser quintanarroense y saber que en la medida personal se contribuye
a ello.
La grandeza de un pueblo no está en sus edificios o sus
bellezas naturales, que en nuestro caso es una riqueza otorgada por la
naturaleza, la nobleza y la dignidad está en cada uno de nosotros y nuestra
capacidad de hacer de Quintana Roo un mejor lugar.
Si hemos sido capaces, como sea, de hacer este Quintana Roo,
porque no pensar que adelante podemos hacerlo mejor y sentir el orgullo justo y
genuino
por ello.
guillermovazquez991@msn.com
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