La crisis económica que va a durar al menos una decada
Confesiones.
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Según la opinión del economista jefe del Fondo Monetario
Internacional, Oliver Blanchard, la economía mundial necesitara por lo menos
diez años para salir de la actual crisis financiera.
Entre otros puntos el experto señalo que Alemania tendría
que someterse a una mayor inflación y fortalecer su poder adquisitivo, así
mismo que los Estados Unidos y Japón enfrentan a su vez una encrucijada fiscal
que no será fácil resolver, al menos en ese periodo.
Ahora bien, la duración de esta crisis se ha prolongado en
el combate al déficit de la gran mayoría de los países de la zona euro, se
intenta mantener una inflación no mayor al dos por ciento en lo general, de tal
suerte que quien tendría que elevar su propia inflación es Alemania.
Aumentar deliberadamente la inflación germana, dadas sus
características se convierte pues en una condición necesaria para lograr los
equilibrios y ajustar la disparidad que existe entre los integrantes de la
región.
Alemania registra el mayor superávit del planeta, de
aproximadamente entre ciento sesenta y ciento setenta mil millones de euros, lo
que va a incrementar aún más el desequilibrio mundial, dato que ya habíamos
advertido anteriormente en este espacio.
En términos generales y retomando lo dicho por Blanchard,
que según nuestra opinión es la clave del fondo del asunto, la reducción de la
deuda es fundamental, pero sin que esto implique frenar el crecimiento.
Inducir la lentitud del mercado estimula la incertidumbre,
de otra forma acelerarlo es irresponsable, porque si bien es cierto que cada
país obedece a ciertas características, la crisis se provoco en un gasto
publico desenfrenado, muy superior al ingreso, en la mayoría de los países.
No hay mejor ejemplo para entender lo que está sucediendo
que el caso español, que después de vivir materialmente una fiesta de gastos y
excesos públicos, junto a una desmedida corrupción, hoy está atravesando la
peor de las crisis de la que se tenga memoria.
El despilfarro de los dos anteriores gobiernos españoles,
provoco de entrada un aumento gigantesco del aparato público, que de alguna
manera se convirtió en el principal empleador, una agencia de colocaciones de
los partidos políticos, todos cómplices de esta dinámica.
La efusividad en el gasto también contagio a la banca
privada, que hoy necesita al menos de sesenta mil millones de euros para ser
rescatada, de los cien mil aprobados por la comunidad europea.
Estamos hablando que alrededor del once por ciento del producto
interno bruto en España, se destina a mantener cuatro mil empresas públicas,
con más de medio millón de empleados, en su mayoría provenientes de compromisos
con los partidos políticos.
En ellas no hay ni controles ni fiscalización, lo que sí hay
son excesos, como los treinta mil vehículos oficiales que están asignados a los
funcionarios del gobierno y estas paraestatales.
España se viene conduciendo en una espiral, gastaba el doble
de lo que percibía y eso fue lo que provoco que su déficit llegara al ocho por
ciento del PIB a principios de este año.
Si bien este mismo ahora se ha logrado reducir a un cuatro
punto sesenta y dos por ciento, todavía está un digito arriba de lo que
significa el compromiso con la comunidad europea, que oscila en el tres punto
cinco, lejos de la meta impuesta y considerada ideal de un dos por ciento.
Entretanto el gobierno de Mariano Rajoy se resiste a
recurrir al rescate, pero no podrá aguantar mucho más tiempo sin hacerlo, los
ajustes y recortes implantados por su administración están llevando a España al
borde del estallido social.
No se trata solamente de una inconformidad planteada en la
comparación de los beneficios que la sociedad tenía hasta hace poco, se trata
simple y llanamente de que estas medidas están dejando sin empleo a una enorme
cantidad de españoles.
Porque evidentemente una de las formulas utilizadas por el
gobierno español es recortar empleados públicos, independientemente de los
ajustes en el gasto en diversas áreas.
Rajoy implemento por la emergencia, una reforma laboral muy
parecida a la que se discute en nuestro país, naturalmente en tanto no se
sientan los efectos de las medidas de contención financiera, está resultando
contradictoria ya que no favorece la contratación.
Ahora bien, esta crisis adicionalmente está planteado la
necesidad de una profunda transformación del estado español, hace dos días a
convocatoria de Rajoy, se reunieron todos los presidentes de los gobiernos autonómicos,
es decir lo que para nosotros serian los gobernadores de los estados, para
hacer un frente común en materia de reducción del déficit.
Además de buscar el acuerdo, la cumbre sirvió para ofrecer
una imagen de unidad a los mercados y la comunidad europea, sin embargo esto no
limita los desacuerdos internos.
Porque uno de los problemas más grandes por los que
atraviesa España, está en el modelo constitucional actual, los presidentes
autonómicos se quejan del centralismo, la disparidad en la asignación de
recursos a las comunidades y el que las más ricas tengan que subsidiar a las
más pobres.
La relatoría de esta reunión, por momentos me pareció algo
muy similar a las de la CONAGO en México, donde lo que se pone en entredicho es
la viabilidad del pacto federal.
Tuve oportunidad de seguir una por demás extensa entrevista
de la televisión española al Presidente de la Comunidad de Baleares, José Ramón
Bauza, que me pareció muy indicativa de la situación.
Bauza critico la asignación de recursos y el diseño del
presupuesto, que de entrada es muy injusto, toda vez que su comunidad es una de
las que subsidian a las más pobres y a pesar de de su gran capacidad de recaudación,
en contraste es muy poco lo que recibe.
Hay que decir que Bauza, compañero de partido del Presidente
Rajoy, logro disminuir el déficit de su autonomía del dos por ciento al cero
punto cinco, claro gracias a una disminución de personal público y el cierre de
empresas paraestatales, pero sobre todo a no gastar más de lo que se ingresa.
Las similitudes con nuestro país son muchas, esencialmente
las que se traducen en la relación entre el gobierno federal y los estados,
como sucedió en su momento en nuestro país, también a una política desenfrenada
de gasto, muy superior a los ingresos, que sin duda buscaba fomentar la idea de
la abundancia y el clientelismo político con miras electorales.
Si bien es cierto que esta situación no es exclusiva de
España, como apuntábamos, el ejemplo sirve para dimensionar las causas de la
crisis, cuya profundidad aun y tomando las medidas correctas, necesitara de un
largo tiempo para poder resolverse.
De cualquier forma, la situación europea, particularmente la
española como referente, tendrán que ser parámetros obligados para el
desarrollo del diseño de las políticas públicas en México.
La aparente estabilidad de la que gozamos, en un cálculo de
crecimiento del tres punto cinco por cierto, no puede representar un escudo
inviolable ante los efectos mundiales, mucho menos con el pronóstico de su
duración.
Ni siquiera las millonarias reservas con las que contamos,
toda vez que la coyuntura internacional en su contracción influirá en ese
porcentaje, que no depende exclusivamente de nuestro comportamiento interno.
Sin duda los próximos diez años tendrán que ser tiempos de
austeridad y control, de certidumbre y sobre todo asertividad, porque tampoco
se trata solamente de sobrevivir al embate de la crisis, es imponderable
plantear un esquema para el desarrollo.
El estado tiene que re direccionar su gasto, hacerlo más
eficiente pero sobre todo productivo, la política fiscal tiene enormes
deficiencias que limitan la capacidad de obtener una mejor tributación y
finalmente la banca privada, no otorga créditos al sector productivo y la banca
de desarrollo, es materialmente inoperante.
Esos deberán ser los retos que habrá de enfrentar la nueva
administración federal, sin caer en las tentaciones del populismo tan
estimulante electoralmente, como irresponsable, precisamente como sucede en
Europa y muy lamentablemente en España.
guillermovazquez991@msn.com
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