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¿Alguna calle llevará tu nombre?


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04/10/2012

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¿Alguna calle llevará tu nombre?


¿Saben los santiaguinos quien fue Francisco Bilbao y, sospechan acaso  que lo hizo merecedor al honor de bautizar una calle con su nombre?  Sanchez Fontecilla, cuyo nombre de pila era Mariano, nomina a una arteria que recorre paralelo el canal San Carlos y en Peñalolén, un pariente suyo, del que suponemos hizo un aporte menor, Exequiel Fontecilla, tiene su pasaje en un condominio de esa comuna. McIver Enrique, además de ser el padre de las ópticas debe haber hecho algo realmente importante alguna vez, o toda su vida fue relevante?

Salvador Reyes tiene que haber sido un antofagastino de cierta notoriedad, tanto que alguien le rindió un homenaje instalando su nombre en la pizarra de la historia, la ciudad. Salvador Donoso, un obispo católico contemporáneo a la época de la guerra del pacífico, prestó su nombre a una calle central del viejo y querido puerto principal. Suman y siguen los ejemplos. Hubo una época (algo oscura en nuestra historia), que un teniente que cayó herido de muerte en la batalla de la concepción, dio nombre a muchísimas calles, pasajes, plazas, plazoletas y todo lo que debía bautizarse, utilizó el nombre de este soldado, Ignacio Carrera Pinto. (¿Hay alguna calle con este nombre cerca suyo?)

Pocas mujeres, como podemos darnos cuenta, regalan su nombre a calles y plazas, excepción, por cierto de Gabriela, de Violeta y ….¿alguna más?, si Emilia Tellez, y Laura Rodriguez en los noventa del siglo pasado. La avenida 11 de septiembre es –quizás- uno de los casos más emblemáticos y la idea de modificar el nombre ha estado en un olvidado lugar N° 42 de las prioridades nacionales desde el retorno de la “democracia”.

Esta introducción nos mueve a plantearnos en el tema de los nombres de las calles. En lo general las preguntas se orientan a saber cómo se decide el nombre de las calles, de las avenidas, de las plazas, de los parques; ¿Es importante detenerse en este aspecto de nuestra vida ciudadana?; ¿Quién o quiénes toman esta decisión?; ¿Qué cuestiones son las que debieran tenerse en consideración para otorgar este honor?; ¿Se otorga solo a hombres viejos y muertos?; ¿solo a Políticos, militares y curas?; ¿Existe alguna definición de Estado a este respecto?

Vayamos por parte. Corresponde a los municipios decidir de qué manera se nominan los espacios públicos, es decir, quien “bautiza” las calles y plazas es la municipalidad, ilustre o, no de todos modos tiene el rol de bautizar. El Consejo municipal y en su defecto el Alcalde son los entes responsables del nuevo bautismo urbano. Ocurre también que las inmobiliarias (nuevas poblaciones, condominios) y el SERVIU pueden proponer nombres de conjuntos, de poblaciones, de calles y pasajes pero el municipio tiene facultades para modificar esos nombres e instalar otros, en definitiva, la responsabilidad es municipal.

Abundan las calles pájaros, las calles árboles, las calles ciudades, las calles estrellas, las calles minerales dando origen a una sistemática sumamente dispersa, distinta y con poco o nada de estructura, pero cuando llegamos a las calles personas, el desorden ya no es tan grande y podemos descubrir algunos “signos” que han permanecido casi inalterables.

El País; la ciudad, “premian” a los ciudadanos que han hecho un aporte significativo bautizando un espacio comunitario, una avenida, una calle, una plaza con su nombre, es por tanto, una designación que encierra un reconocimiento, es un honor.  Basta un pequeño recorrido por cualquier comuna, por cualquier sector de una comuna de nuestro país, para darse cuenta que no existe una unidad de criterio para estas designaciones y así, puede recaer el honor en un personaje público que por lo general se trata de hombres  viejos (o sea, al parecer se premia la trayectoria, no hay gente joven) generalmente muertos, vinculados principalmente a la Política, hay muchos abogados, militares, curas (Obispos católicos, no cualquier cura ni cualquier religión), pocos artistas (sola excepción de los Nobel). La avenida Matta está definida por un señor llamado Manuel Antonio Matta y no por Roberto Matta. Al parecer Nicanor Parra debe morirse para merecer la nominación no al Nobel, la nominación para dejar su nombre a la historia urbana.  

¿No hay chilenos comunes que merezcan el honor de traspasar su nombre a una calle? Mario Mejias, El poblador que hizo un valiente discurso ante el Papa Juan Pablo II ¿tendrá alguna calle? Alguno de los mártires de la dictadura ha recibido el honor de nombrar a una calle, una plaza? Esas mujeres que soportaron las tomas de terrenos ayer y hoy no merecen algún reconocimiento nacional o al menos local?

Solo por observación cotidiana uno debiera concluir que en 200 años de vida hay muy pocas mujeres que hayan hecho un aporte significativo a la sociedad de tal forma que la sociedad les agradezca recordándolas  en el paisaje urbano. ¿Es que las luchas por el voto femenino no fueron importantes?; Es que las luchas por la liberación femenina no han tenido líderes que debemos mantener vivas en la memoria del País?.

Clotario Blest, un gigante en nuestra historia ciudadana y obrera no ha tenido merito suficiente como para ganarse una calle y podríamos llenar muchas páginas con ciudadanos y cuidadanas brillantes, de esfuerzo  cuyos nombres no son recordados en los libros ni en las calles y así se nos pierde esa historia rica, valiosa, cercana, esa historia hecha por los hombres sencillos como decía Neruda. Parece justo y necesario dar una mirada más seria a este tema. Las calles son nuestro soporte urbano, los nombres de las calles van quedando en nuestra memoria, en nuestras cuentas de servicios, en las cartolas de los bancos, en los mapcity, en los google maps, en la memoria de los taxistas; los nombres puestos en las calles tienen pasaporte a la eternidad y ese pasaporte debe poder reflejar con total fidelidad a nuestra sociedad. Camila Vallejos o Marcelo Rios, Nicolás Massu no son jóvenes merecedores de un honor en vida?  La calle Mario Kreusberger que quiere decir “don Francisco”, tiene 200 metros de extensión, muy poco para los 50 años del hombre en pantalla y para nominarla hubo que hacer poco menos que un plebiscito.

Es tiempo de democratizar estas designaciones, es tiempo de trasladar a los ciudadanos la responsabilidad de nominar sus espacios.

Queda tirada la idea.

Etiquetas:   Historia de Edad Contemporánea   ·   Urbanismo   ·   Sociedad

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3 comentarios  Deja tu comentario


Jô Lima, Pedagoga Excelente idéia Alvaro Fischer! Gostaria que tbm fosse da mesma forma no Brasil. Prestigiar talentos e personalidades em vida deveria ser uma regra básica com a participação da comunidade. O que ocorre no Brasil são nomes dados a praças e centros de lazer com o nome de políticos ou seus familiares, que pouca importância tem para o povo.


Eduardo Tapia, Construcción Civil Interesante tema, el problema es quién puede sugerir al ente responsable que es la Municipalidad respectiva algún nombre propuesto. Muy cierto que los reconocimientos se deben hacer en vida a cada personaje que lo merezca, el problema que en algunos casos entra a tallar el problema político y hasta ahí llegan las buenas intenciones. Me parece recordar que existe una calle con el nombre del gran tenista Fernando González .


Andrea Perez Leyton, Interesante propuesta Álvaro. Me parece justo el democratizar la elección de los ilustres ciudadanos o acontecimientos que acompañarán los nombres de nuestras calles (y así de pasada evitamos la imposición política de ello. Ufff, ejemplos hay de sobra)
A ver si también con esto nos quitamos la mala costumbre de sólo hacer póstumos homenajes. Cuanto más gratificante resultaría para una persona que recibir tal homenaje en vida. Muchos se lo merecen. No esperemos a que mueran en la distancia del recuerdo.





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