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Me apena y me molesta comprobar
que el presidente de mi Comunidad autónoma, Castilla y León, está empeñado en
defender el actual modelo de Estado autonómico que consagra la Constitución de
1978. Alguien tiene que ‘hacerle caer del burro’ y demostrarle que puede hacer
el ridículo más sonado entre la población.
El actual modelo autonómico solo
ha generado más gasto, menos compromiso, peor gestión, más corrupción, más
indiferencia, demasiados gobiernos de segunda clase y un claro deterioro del
Gobierno central. Si a ello unimos el actual estado de indignación de la
ciudadanía, ante tanta corrupción y tanto despilfarro, la intervención de
Herrera Campo en el Senado, coincidiendo con la V Conferencia de Presidentes,
el próximo día dos de octubre, puede convertirse en el divorcio final entre la
ciudadanía contribuyente y la ceguera de la inmensa mayoría de los políticos.
En el actual modelo autonómico no
veo ventajas para la ciudadanía, ni mejora en la atención pública, pero sí
compruebo un claro ocultamiento de datos por parte de las autonomías y una
evidente degeneración del compromiso político para con el contribuyente. Antes
de empecinarse y mirarse el ombligo, mi presidente (Juan Vicente Herrera)
debería reflexionar sobre la necesidad de devolver algunas competencias al
Estado, entre ellas las de Educación y Sanidad. A ello hay que añadir que no
debe aceptar las competencias de Justicia; sería un gasto inútil que la
Comunidad no puede soportar y que generarán un agujero difícil de tapar.
Tampoco estaría de más que
Herrera Campo, Juan Vicente, estudiara el funcionamiento del modelo federal,
aunque ello le suponga un poco menos de poder egoísta y un poco más de
formación personal que le ayude a eliminar el exceso de palabra vacía que
utiliza y a sustantivar mejor aquello en lo que siempre se atranca, dado su incorregible
nivel de endiosamiento. De paso podría estudiar la forma de sujetar la
población en su Comunidad, que es la mía, y a evitar que la juventud con más
preparación se vea obligada a marcharse de Castilla y León.
No sé qué pensarán los demás
líderes autonómicos sobre la necesidad del cambio de modelo y de la devolución
de competencias al Estado central, pero seguro que también se muestran
conformes y satisfechos porque ese modelo que tanto perjudica a la ciudadanía
beneficia la ‘tumbona’ y las aspiraciones de quienes viven de no hacer nada por
la mañana y pasar eso mismo a limpio por la tarde.
Es una evidencia que hay divorcio
entre muchos políticos y ciudadanía. Esa evidencia está en la calle. Los
recortes no afectan a los culpables ni a quienes siguen encerrados en sus
despachos, con prebendas mil. Afectan al trabajador, al jubilado, a quien ha
perdido el empleo. Decía Ortega y Gasset que “el malvado descansa alguna vez,
el necio nunca”.
Me sorprende que tenga que
celebrarse una Conferencia de Presidentes para pisar lo pisado, recordar lo
sabido, pasar a limpio el nulo trabajo que se ha hecho en las autonomías e insistir en lo que ya marca la propia ley.
Sí, sí, como lo leen: quieren hacer un análisis de la situación económica
española, con la intención de establecer un posible compromiso de todas las
comunidades para cumplir con el objetivo de déficit y garantizar la estabilidad presupuestaria. ¡Qué
gamberrada! Algo que va implícito en el gobierno de los Gobiernos autonómicos
resulta que tienen que recordarlo y reflexionar sobre ello. ¿Pero qué
gamberrada es esa?
¿Es que no saben aún la lección
ni han hecho los deberes? Más vale que se dediquen a reflexionar sobre cómo
crear empleo, cómo rebajar los niveles de paro, cómo devolver la paga extra a
los funcionarios y cómo dejar de hacer el ridículo en Europa.
Jesús
Salamanca Alonso