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¿Aceptación o tolerancia?


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29/09/2012


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Finalmente terminó la participación de la Presidenta en la reunión de la UN, con un anfitrión- Barack Obama- más pendiente de sus elecciones, que del evento internacional, un discurso encendido, didáctico y con muchos contenidos para analizar, pero que pasó a segundo plano, luego de las dos exposiciones con conferencias de prensa, que ofreció en dos universidades de  EE.UU. 


La  más increíble producción y cobertura mediática, se desplegó entre la noche del jueves pasado y la mañana del viernes. Pero a su vez, aunque no reconocido oficialmente, el mayor despliegue también de información e inteligencia entre la comitiva presidencial, sus distintos secretarios y asesores. No se trataba de un evento trascendental- si bien las participaciones presidenciales, de algún modo lo son-  tan solo era  una charla más con la "posibilidad de preguntar"que la Presidenta brindó a Estudiantes en Harvard. Ya lo había hecho en George Town  y  frente a los mandatarios de otras naciones, con un discurso conocido en cuanto a contenidos ¿porqué entonces tanta atención sobre este evento?

Su primera presentación frente a Estudiantes, fue en el horario de la tarde argentina, estaba anunciado que el formato sería de "exposición y preguntas", sin embargo  la prensa que fue a la gira y más aún aquellos que lo vimos desde aquí, no lo pudimos creer, hasta que escuchamos al presentador anunciar, "pueden preguntar".  Los que seguimos la actualidad política nacional y en particular a Cristina Kirchner como protagonista excluyente - voluntariamente o no- no esperábamos otra cosa. Presentíamos que la presidenta con su personalidad, iba a dar "cátedra" , se iba a sentir molesta o atacada por algunas preguntas, iba a hacer  bromas con su nueva impronta distendida y sobre todo, si las preguntas eran complicadas, iba a irse por las ramas, atacar al mensajero o culpar al "monopolio" (aunque los jóvenes de allá, aún los argentinos, no entendieran bien a qué se refiriera con lo de monopolio)

En su discurso en la UN mencionó temas, que últimamente le sirven para justificar medidas de orden nacional: la crisis de la Eurozona, la anterior crisis inmobiliaria en EE.UU, el déficit del primer mundo que pagan los países emergentes y sobre todo las recetas del FMI, que cuestionandolas, deslegitimó   sus advertencias, que aunque no tengan lugar en este caso, influyen en cuanto a dar confianza o no a inversores que se alejan de los países centrales. Pero también estuvieron entre los temas destacados Las Malvinas  el cumplimiento de Reino Unido de dialogar, el asiento temporario que ocupará Argentina en Seguridad de la Naciones Unidas,  Iran  y una reunión por los atentados a la Mutual y la Embajada de Israel. 

Lejos de sus formas, todos fueron contenidos esperables en su discurso y pedidos nunca resueltos - o nunca escuchados- que la presidenta se empeña en repetir, aunque no haya tenido ningún resultado positivo con esa repetición (y esa estrategia).

Pero sus comunicadores militantes (me niego a llamarlos periodistas) y sus seguidores, festejan  las palabras altisonantes de la Presidenta en eventos internacionales , como si con esas arengas y posiciones duras (desde la debilidad), se lograra algo, algún avance. Claro que el discurso tuvo muchos aspectos para analizar, pero pasó a un total segundo plano frente a las dos charlas con preguntas en las Universidades. 

La comunicación más importante del año, en el orden internacional para un primer mandatario, es sin duda esa presentación en la UN. Allí cualquier presidente, en representación de su nación, puede aclarar dudas con su discurso, brindar confianza y sobre todo, en un escenario de crisis global, atraer inversores con propuestas tentadoras de negocios , pero a la vez rentables y seguras. No es la única oportunidad, menos para un país como el nuestro que integra el G20 (y esa podría ser una sanción del FMI: recomendar que Argentina no siga), pero es una buena posibilidad, para que además de fijar posiciones respecto a temas internacionales - y acercar posiciones a quienes sirve hacerlo- se venda, también,  de lo que es capaz de generar el país. Sin embargo, este discurso y toda la cobertura al mundo que tuvo, fue desplazado por dos charlas con estudiantes universitarios. 

¿Estamos todos locos? Me refiero tanto a los medios argentinos, por elevación también a la prensa internacional, que le dio gran lugar a las charlas  y por supuesto a toda la clase política.  Todos centramos nuestra atención en esas conferencias con estudiantes, casi no dormimos analizando las respuestas de Cristina, acosamos con llamados para salir al aire,  al Decano y los estudiantes del la UNLM, al intendente de La Matanza  y hasta al Ministro de educación de la ciudad, para consultarlo sobre su ex funcionario Maqueyra. ¿Qué hizo perder de vista su participación oficial en la reunión de la UN, su discurso, con todo lo que expuso y sus avances bilaterales con otras naciones? Increíblemente  las preguntas. La posibilidad de preguntar, hizo la diferencia.

Las respuestas alternaron, de  las propias de un mandatario político,  que elude, habla mucho y dice poco; a las estereotipantes, discriminatorias (aunque sus militantes no lo reconozcan) de ataque a quien las formula (ad-hominem, falacia formal) y hasta algunas con cierto cinismo. Sin embargo, dio  respuestas, que de haberlas dado antes y cuando digo antes,  hablo de 2011,  hubieran evitado una situación compleja en cuanto a temas económicos. Me refiero a la explicación, clara, honesta y realista que dio sobre el dólar y las reservas y que si no se tomaban las medidas que se tomaron, no se habría podido cumplir con los pagos internacionales. Es posible que si esas respuestas, esas explicaciones hubieran estado entonces, no tendríamos fuga de divisas y quizá tampoco hubieran hecho falta las restricciones. 

Hablar claro, honesta y sencillamente a la sociedad, es los que todos esperamos. Y para que esa realidad que se muestra, sea confirmada, no digo todos los días, ni todas las semanas, pero al menos de vez en cuando, contestar preguntas de la prensa. Esa actitud,   sin duda que tranquiliza, da confianza y sobre todo propone una convivencia democrática ( y  no autocrática).

Pero no es el estilo, ni la forma, ni la personalidad de la Presidenta. Ella pide "aceptación" y no le gusta la "tolerancia" su explicación en la primera charla de Washington a estudiantes fue que "la tolerancia, es: te tolero hasta un punto y después te doy un palo en la cabeza"  Bueno debería explicarle a Cristina, que justamente para eso sirve la tolerancia, para no llegar a un punto y para no dar palos en la cabeza. La tolerancia no indica límites, solo respeto al otro, más allá de como sea o piense ese otro. La aceptación en cambio, y lo hablé con sociólogos y psicólogos, implica aceptar al otro como es, con sus virtudes y sus defectos, pero a la vez implica cierta sumisión. Es claro en una democracia, que los derechos de uno se terminan en los del otro, pero desde lo psicológico, la aceptación, también se relaciona con alguna inmadurez emocional, en ese caso, quien la tiene, pide que el mundo lo acepte como es, aunque sus defectos y su accionar perjudique a otros. 

Por eso, entre el temple y la compresión que demanda la tolerancia, tolerancia con total respeto de los derechos y la sumisión y hasta alguna resignación que implica la aceptación, de mi parte, me quedo con la tolerancia.

Es evidente que la presidenta no lo ve así. Ella prefiere la aceptación y pide, aunque no lo diga directamente, que la aceptemos como es y con lo que hace (o no hace).

Pero si analizamos, lo que no dice, y hace, Cristina va más allá, porque además de la aceptación con su permanente auto elogio de gestión, nos demanda  ( a los que la quieren y a los que  no la quieren)  la reconozcan, la valoren y  le agradezcan    ¿su gestión? ¿su persona? ¿ su modo de ser? no se, pero en el discurso lo transmite (me lo transmite).

Sin embargo parece que con eso tampoco le alcanza, hay que ver que obtuvo el 54% del electorado, entonces pide más. Se obsesiona con que los que no la aceptaron, no lo hicieron por el "relato" de los medios, en particular de Grupo Clarín y entonces demanda (quizá creyendo así que todos la van a aceptar) que se termine el "7D"  la "Cadena del desanimo..." 

No solo prefiere la aceptación, indirectamente pide la aceptación, sino que además quiere que todos estén contentos con la aceptación.(que nadie desanime a la gente con problemas y mala onda)

Si la aceptación incluye a la realidad (la realidad de todos) parece que no importa, lo importante es aceptar al otro (al otro y sus acciones u omisiones) y que nadie, ni un medio, ni la oposición y mucho menos la preguntas de un periodista, pongan en riesgo esa aceptación.

Aunque la inflación oficial del Indec sea del 9.5% , los convenios de Salarios del 25% promedio, el aumento de las jubilaciones del 27% sumados los dos del año, las tasas de interés bancario del 30% al 40% y tengamos 10 cotizaciones del dólar diferentes.

¿Habrá que aceptar también las "listas de precios sugeridos"?

¿Aunque cada vez que se intentó en la historia algo similar, terminó peor?

¿Habrá que aceptar?





 









Etiquetas:   Comunicación   ·   Cristina Fernandez de Kirchner

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