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La oscura Primavera Árabe


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25/09/2012

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Varias veces se ha sostenido en este mismo espacio que reducir todos los problemas sociales a una cuestión meramente económica es una especie de temeridad; que además de los conflictos económicos que pueden existir entre diferentes clases sociales, o  entre el patrono y el empleado, existen diferencias y conflictos morales, étnicos, religiosos, de género, culturales, y hasta de civilizaciones, como supuso alguna vez Samuel Huntington. Por ello, una definición de la política podría ser aquella que considere a esa actividad como la forma en que se lleva a cabo la gestión y resolución de esa serie de conflictos que se suceden entre los miembros de una o de  varias sociedades. Esto viene a cuento por lo que está sucediendo actualmente en muchos países musulmanes a raíz de la difusión de un avance de la película La inocencia de los Musulmanes, y la importancia que tiene en esas comunidades la cuestión religiosa, más allá incluso de la económica.


Al respecto habría que decir que muchos fueron  los temores que se suscitaron en Occidente a propósito de lo que se terminó llamando la Primavera Árabe, entre ellos el que fundamentalistas y yihadista islámicos se apropiaran de ese movimiento aparentemente democrático y antidictatorial que se sucedía en El Magreb y Oriente Medio. Sin embargo, y aparentemente, esos malos augurios no han llegado a concretarse, pues en aquellos países parece estarse dando una lucha entre moderados y fundamentalistas islámicos, donde el poder permanece todavía en manos de los primeros, como sucede en países como Marruecos, Túnez, Yemen o Egipto, en el que el  gobierno encabezado por Mohamed Morsi ya ha dado varias muestras de amplitud democrática, como haber pedido la destitución de Bashar al-assad  en la reciente asamblea de la Liga Árabe. 

Sin embargo, grupos radicales, como al-Qaeda, han estado a la espera de cualquier oportunidad para rebasar a los gobiernos legítimamente constituidos y enfrentar igualmente a los “cruzados” de siempre. Y esa oportunidad parece habérseles presentado repentinamente ahora en forma de video. Por supuesto que no es nada extraño que los miembros de una sociedad se sienta ofendida porque un escritor o un guionista de cine insulte al fundador de su religión. Otro tanto ha sucedido en Occidente con algunos escritos y películas, como es el caso, por ejemplo,  del  antiguo Index, o lista de libros prohibidos, que fue iniciado por la Santa Inquisición y en la que fueron incluidos textos de Erasmo, Montesquieu, Descartes o Copernico, por decir algunos; o lo sucedido más recientemente con la película de Mel Gibson titulada La pasión de Cristo. Lo que tal vez resulte un poco insólito es que un autor o director independiente sea confundido por estas masas musulmanas no sólo con el pueblo americano, sino con el francés, el  alemán y el occidental en general. Sin embargo, tampoco esto debería sorprendernos mucho, pues cabría preguntarse, salvando las enormes distancias, si no fue esta la misma actitud que tuvo el pueblo americano, después de los sucesos del 11 de abril, con los afganos, pakistaníes, marroquíes, iraníes y todo aquellos que tuvieran similitud con los hombres que habían tumbado las torres gemelas.

Tal vez, como dijo un pensador por allí, los conflictos entre los hombres surgen por lo que tienen en común, más que por lo que los separa, esto es: por lo que tienen de humanos, por lo que desean y quieren todos por igual. El problema entonces no es que los musulmanes se hallan sentidos ofendidos y hayan reaccionado en consecuencia, sino que a pesar de los movimientos liberadores que se iniciaron con la llamada Primavera Árabe, sigan pensando, al seguir a los radicales de siempre, que la libertad de opinión y de expresión depende de los gobiernos, y que éstos pueden y deben limitarla.

Sin lugar a dudas ello constituye una muestra suficiente de lo que le esperaría a Oriente Medio y al mundo en general si esos elementos terminan tomando el poder.



Etiquetas:   Medio Oriente   ·   Revolución Árabe   ·   Libertad de Expresión

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