. Por ello,
una definición de la política podría ser aquella que considere a esa actividad
como la forma en que se lleva a cabo la gestión y resolución de esa serie de
conflictos que se suceden entre los miembros de una o de varias
sociedades. Esto viene a cuento por lo que está sucediendo actualmente en
muchos países musulmanes a raíz de la difusión de un avance de la película La
inocencia de los Musulmanes, y la importancia que tiene en esas comunidades
la cuestión religiosa, más allá incluso de la económica.
Al respecto habría que decir que muchos fueron los temores que se suscitaron
en Occidente a propósito de lo que se terminó llamando la Primavera Árabe,
entre ellos el que fundamentalistas y yihadista islámicos se apropiaran de ese
movimiento aparentemente democrático y antidictatorial que se sucedía en El
Magreb y Oriente Medio. Sin embargo, y aparentemente, esos malos augurios no
han llegado a concretarse, pues en aquellos países parece estarse dando una
lucha entre moderados y fundamentalistas islámicos, donde el poder permanece
todavía en manos de los primeros, como sucede en países como Marruecos, Túnez,
Yemen o Egipto, en el que el gobierno encabezado por Mohamed Morsi ya ha
dado varias muestras de amplitud democrática, como haber pedido la destitución
de Bashar al-assad en la reciente asamblea de la Liga Árabe.
Sin embargo, grupos radicales, como al-Qaeda, han estado a la espera de
cualquier oportunidad para rebasar a los gobiernos legítimamente constituidos y
enfrentar igualmente a los “cruzados” de siempre. Y esa oportunidad parece
habérseles presentado repentinamente ahora en forma de video. Por supuesto que
no es nada extraño que los miembros de una sociedad se sienta ofendida porque
un escritor o un guionista de cine insulte al fundador de su religión. Otro
tanto ha sucedido en Occidente con algunos escritos y películas, como es el
caso, por ejemplo, del antiguo Index, o lista de libros prohibidos,
que fue iniciado por la Santa Inquisición y en la que fueron incluidos textos
de Erasmo, Montesquieu, Descartes o Copernico, por decir algunos; o lo sucedido
más recientemente con la película de Mel Gibson titulada La pasión de
Cristo. Lo que tal vez resulte un poco insólito es que un autor o director
independiente sea confundido por estas masas musulmanas no sólo con el pueblo
americano, sino con el francés, el alemán y el occidental en general. Sin
embargo, tampoco esto debería sorprendernos mucho, pues cabría preguntarse,
salvando las enormes distancias, si no fue esta la misma actitud que tuvo el
pueblo americano, después de los sucesos del 11 de abril, con los afganos,
pakistaníes, marroquíes, iraníes y todo aquellos que tuvieran similitud con los
hombres que habían tumbado las torres gemelas.
Tal vez, como dijo un pensador por allí, los conflictos entre los hombres
surgen por lo que tienen en común, más que por lo que los separa, esto es: por
lo que tienen de humanos, por lo que desean y quieren todos por igual. El
problema entonces no es que los musulmanes se hallan sentidos ofendidos y hayan
reaccionado en consecuencia, sino que a pesar de los movimientos liberadores
que se iniciaron con la llamada Primavera Árabe, sigan pensando, al seguir a
los radicales de siempre, que la libertad de opinión y de expresión depende de
los gobiernos, y que éstos pueden y deben limitarla.
Sin lugar a dudas ello constituye una muestra suficiente de lo que le
esperaría a Oriente Medio y al mundo en general si esos elementos terminan
tomando el poder.