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Brasil, menos pobres y más ciencia


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25/09/2012


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Uno de los países emergentes que apuntan a convertirse en grandes protagonistas de la generación de riqueza es Brasil. Marcado por tener una población cercana a los 200 millones de habitantes, un territorio muy extenso y una gran cantidad de recursos naturales explotables, forma parte del grupo denominado BRIC (Brasil, Rusia, India y China), que -según la tesis de Goldman Sachs- concentrará a las cuatro economías más dominantes en el año 2050. Es decir, las características del vecino país, sumadas a su crecimiento económico, lo convierten en un referente estratégico en el tablero de la economía global.


Actualmente es la economía más grande de América Latina y acaba de convertirse en la sexta a nivel mundial, tras superar a Gran Bretaña. Pero además de ostentar el primer lugar en producción de café a nivel mundial, y de sus buenos números en producción de carne y alimentos, el caso brasileño llama la atención desde hace algunos años por sus sostenidos logros sociales en materia de reducción de la pobreza y la marginalidad.

De acuerdo a los datos del Instituto de Investigación en Economía Aplicada (IPEA, por sus siglas en portugués), entre 2004 y 2009 hubo una mejoría económica que se tradujo en que 26 millones de brasileños salieran de la pobreza. Y esto se enmarca en una política de facilitar la generación de empleos y dinamizar el mercado laboral, extender el alcance de la educación y buscar que los beneficios sociales lleguen a los sectores más necesitados.

Algunos síntomas de la disminución de la pobreza y la desigualdad son notables, como la recuperación de la clase media brasileña, que en la medida en que ha ido mejorando sus ingresos ha beneficiado a sectores que se encontraban en crisis, como la industria editorial. Mientras la tirada de los periódicos está cayendo en casi todo el mundo, en Brasil hay una tendencia contraria: un crecimiento del 10% anual en la tirada de diarios y revistas, con una verdadera proliferación de nuevas publicaciones. El secreto está en la clase media que se había empobrecido y que ahora empieza a recuperar su capacidad de compra, con lo que incrementa rápidamente el consumo.

Sin embargo, considero que la verdadera apuesta brasileña es la que está haciendo en el campo de la ciencia y la tecnología: en forma paulatina ha ido incrementando su inversión estratégica en este sector, tal como hacen las naciones que han conseguido resultados económicos auspiciosos en poco tiempo. Y aunque apenas supera el 1% del PIB en inversión, esto lo pone a la vanguardia en América Latina, pero todavía lejos de países como Finlandia o Corea del Sur. Brasil hoy gradúa al 80% de los doctores en Latinoamérica, está aumentando la productividad científica y sus universidades se posicionan entre las que más publicaciones hacen. El país de los bandeirantes y del imperio hoy quiere ser un centro de investigación en tecnología, y empresas como Google lo usan para realizar estudios.

Si bien Brasil posee una economía cerrada y proteccionista, que busca crecer al tiempo de trabar el comercio y el crecimiento de sus vecinos, hoy está haciendo bien la tarea en cuanto a la educación, la ciencia y la tecnología. Y ha dado en una de las claves del futuro económico de una nación: invertir en los sectores necesitados para mejorar las posibilidades de empleo y generación de riqueza.

Lo interesante del modelo brasileño no son su visión expansionista ni sus estrategias de dominio del mercado, sino su mirada al interior, hacia la gente, hacia sectores empobrecidos que requieren apoyo. Como actor grande que es, sabemos que seguramente seguirán los conflictos por la energía eléctrica, las trabas a los productos, el proteccionismo y las medidas contra el comercio de países pequeños como el Paraguay. Pero detrás de estos roces ya casi naturales se oculta un desafío mayor: mejorar la capacidad de la gente, invertir en el desarrollo tecnológico y hacer que nuestra economía frágil y primaria se vuelva competitiva, tecnológica y posicionada en la economía del conocimiento.

El Paraguay no debe quedar rezagado en el campo del conocimiento, porque el costo que pagará será el de más pobreza, más desigualdad y más indefensión.



Etiquetas:   Economía   ·   Políticas Públicas   ·   Pobreza   ·   Investigación y Desarrollo

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