. Algo
muy semejante está ocurriendo con las ayudas para la compra de libros de texto,
que cada vez disponen de menor cuantía y favorecen a menos alumnos. Resulta
curioso –y alarmante- que nuestros políticos jueguen con la educación de una
manera tan burda, llevándola a una situación crítica, en unos casos, y
prohibitiva, en otros. La educación es, a fin de cuentas, lo que diferencia a
los países avanzados de los subdesarrollados, y es el único medio para tener
una mano de obra cualificada y una sociedad más culta. Pero al tiempo que
resulta lamentable comprobar lo que nuestros políticos están haciendo con la
educación, también resulta alarmante que los ciudadanos aceptemos esta merma de
una manera tan sumisa. En fin.
Se
entiende que si una familia no tiene recursos suficientes, el estado debería
ayudarla de algún modo para la compra de libros y la alimentación de los
menores a través de las correspondientes becas. Para eso se pagan infinidad de
impuestos. Incluso aquellos padres que tienen recursos suficientes pero que necesitan
–por cuestiones laborales- dejar a sus hijos en el comedor escolar, o que
tienen unos hijos cuyas notas son excepcionales, también deberían recibir
ayudas. Es, a fin de cuentas, una inversión de futuro. O eso nos dicen. Podría
pensarse que esta reducción de las ayudas en materia educativa es algo lógico, algo
normal en tiempos de crisis, porque no hay dinero y todas esas mentiras que nuestros
políticos nos dicen y que nosotros nos tragamos tan alegremente. Y está bien,
acepto esa respuesta. Pero luego tiro de información y me entero de que –según
varios diarios- el menú de la Asamblea de
Madrid de este pasado 13 de septiembre de 2012 permitía elegir entre cinco
primeros platos, otros cinco segundos, y cuatro para personas que necesitan un
menú dietético, a un precio de 3,55 euros. Coño, me digo; si el comedor escolar
está sobre los 4,80 euros y solo se puede elegir entre comer con el tenedor o comer
con los dedos. Es decir; que los más de 400 trabajadores de la Asamblea de
Madrid -entre ellos 129 diputados que cobran unos sueldazos que quintuplican el
salario medio-, pagan por comer un menú en la cafetería de dicha institución
menos dinero que un niño que está educándose en un Centro Educativo. Y es que,
según parece, estos precios son posibles gracias a que los menús de la Asamblea
de Madrid –y de otras instituciones semejantes- están subvencionados.
Cuando uno es un buen gestor, un
buen gobernante, aprovecha la época de bonanza para hacerse con unos ahorros de
los que poder tirar cuando llegue la época de vacas flacas. Pero nuestros
políticos, no. Nuestros políticos, que son unos descerebrados y unos
impresentables, durante la época de bonanza se dedicaron a repartir todo lo
recaudado entre sus amiguetes y ahora, que llegan las vacas flacas, no tienen de
dónde tirar, por eso masacran económicamente a los ciudadanos con políticas
dictatoriales a las que llaman recortes. La desfachatez y la inmoralidad de
esta gentuza alcanza tales proporciones que para comer ellos a un precio ridículo
son capaces de quitarles el alimento al niño que tienen al lado. Un reflejo claro
de cómo son. Para que luego digan.