Capricho separatista o sueño irracional

Mientras muchos catalanes independentistas, o al menos varios puñados, brindan estos días con sus especiales y prestigiosos ‘cavas’ por el proyecto de ruptura y separación, otros muchos españoles estamos valorando qué tipo de ‘cava’ elegiremos para celebrar las próximas Navidades y saludar con el obligado brindis al nuevo año. El primer pastor del rebaño catalán junto al resto de sarrujanes, se muestran empecinados en aislar el redil de la tribu del resto de los prósperos espacios de la unidad española que garantizan el pasto mamandurrio y la viabilidad de Cataluña.

 

. El primer pastor del rebaño catalán junto al resto de sarrujanes, se muestran empecinados en aislar el redil de la tribu del resto de los prósperos espacios de la unidad española que garantizan el pasto mamandurrio y la viabilidad de Cataluña.

Los sufridos catalanes no tienen la culpa, al menos la inmensa mayoría, de la tragicomedia separatista de ciencia ficción que se viene escenificando con sonoros desafíos, bufonadas y alharacas. La única culpa de este despropósito que se está agitando es de los que tienen mando en plaza. De esos que viven la vida de ‘cojón de pato’ a costa de los impuestos de todos los españoles. Además estos muñidores de la ruptura carecen de cerebro para ordenar y contrarrestar la deficitaria economía acuñada con su gestión y los millonarios desaguisados y derroches del tripartido.

El guión de la parodia ha estado, inicialmente, bien tramado. Ante la falta de ideas para recuperar el manirroto vaciado de las arcas de la Generalitat, y tras haber recortado y empobrecido servicios y bolsillos de sus ciudadanos, urgía una tapadera para disimular el caótico y desequilibrado presente. Además la situación de caos debía de ser endilgada al señor Rajoy. Al mismo tiempo había que evitar que los torrentes dinerarios de las onerosas embajadas, canales de televisión, tontunas identitarias y resto de quimeras nacionalistas despierten del letargo a los contribuyentes y causen escándalo y alarma. Por eso había que actuar sin pérdida de tiempo.

La maquinaria del despiste y camuflaje comenzó a funcionar. Lo importante era activar el esperpento separatista y desviar la atención del gran problema, de lo económico. La celebración de la Diada fue la disculpa clave y oportuna para montar el espectáculo y escenificar la algarada separatista en el centro de Barcelona. La convocatoria contó con la participación de algunos cientos de miles de personas y con la no participación de más de seis millones de catalanes. Pero es igual. Los impulsores de la demanda separatista se arrogaron el grandioso éxito de la ceremonia y, por tanto, objetivo conseguido.

Ellos saben, los que mandan, que por muy gallos desafiantes que se pongan, no van a conseguir su objetivo. La demanda independentista solamente la agita Más y resto de muchachada. La inmensa mayoría de catalanes hablan en privado del paro, de la crisis y de las penurias que pasan, pero en sus rutinas no figura ninguna demanda separatista. Incluso todo lo contrario. Temen que se puedan quedar aislados y más arruinados.

Mientras todo esto pasa y el ruido catalán continúe siendo agitado desde los altares políticos, se observa con curiosidad el incremento de españoles que, cuando mercan en centros o áreas comerciales, se fijan mucho Mas en los registros de procedencia del producto. 

Es curioso, también yo lo hago.

UNETE



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