El Primer Ministro,
Luis Videgaray.
Conforme avanza el trabajo del equipo de transición
gubernamental, pero sobre todo el de los verdaderos encargados de diseñar el
plan de gobierno del nuevo régimen, salen a relucir los aspectos del perfil que
tendrá la siguiente administración.
Los encargados de la transición revisan números y programas,
hay un acuerdo entre Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, para que el proceso
sea como lo anunciaron de manera conjunta, terso y sin sobresaltos.
No habrá pues una cacería de brujas y nadie se irá a la
cárcel, aun los que lo merecen, la transición se trata pues de una simple entrega
administrativa, en cuyo transcurso se resolverán todos y cada uno de los
pendientes respectivos, no habrá ninguna sorpresa.
Se trabaja de acuerdo a los dictámenes internos, emitidos
por la Secretaria de la Función Publica, que previamente incluso al proceso
electoral ya se habían elaborado para cada dependencia del ejecutivo federal.
Se prioriza la resolución de los temas considerados de más
riesgo, los que por tiempo no alcancen a solventarse, digamos los menos
peligrosos, serán finiquitados por quienes sucedan a los titulares de las
dependencias, con toda la discrecionalidad del caso.
La entrega como tramite, además de su aspecto formal y
legal, pretende establecer un balance acucioso del estado del gobierno, mismo
que derivara en el antecedente de la preparación del plan de gobierno.
Por otro lado, el verdadero grupo de expertos, no los que
fueron presentados como equipo para la multicitada transición, muchos de los
que si van a ser Secretarios de Estado, elaboran las estrategias, los
presupuestos y la doctrina ideológica del nuevo gobierno, de la mano vigilante
de Luis Videgaray.
Porque más allá de la exposición mediática que ostenta el
hombre fuerte del Presidente electo, su influencia trasciende en todos los
sectores y asignaturas, es él quien coordina y decide, lo que habrá de
presentarse para su aprobación final, nadie más.
Evidentemente esto le da a Videgaray un margen de maniobra
absoluto, tanto en la definición de la orientación de las políticas públicas,
como en la designación de quienes las ejecutaran, por consiguiente del tipo de
política que llevara a cabo el sistema y quienes podrán beneficiarse de ello.
Como apuntábamos, como resultado de este trabajo inicial, se
habla ya de la reingeniería del gabinete presidencial, que pretende una
modificación importante de la estructura funcional del gobierno.
Dentro de los planteamientos que se discuten al respecto,
los que más llaman la atención son, la modificación de la Secretaría de
Gobernación, por la del Interior, que probablemente absorbería funciones de la
de Seguridad Publica, sobre todo las relacionadas con la inteligencia.
La transformación de la Secretaria de la Función Pública en
una Comisión Nacional anti Corrupción y en ese mismo sentido convertir al IFAI
en un organismo autónomo constitucionalmente.
La creación de una Secretaria de Recursos Hidráulicos y por
ende la desaparición de la Conagua. Por supuesto de la de Cultura, tema que
además personalmente le ha resultado espinoso al Presidente electo.
La división de la Secretaría de comunicaciones y
Transportes, en una de Infraestructura y otra de Telecomunicaciones, y la
probable fusión de la Secretaria de Turismo con Fonatur.
Durante la campaña política por la presidencia, se hablo de
la creación de la extinta Secretaria de Pesca y de una nueva de Educación
Superior, asunto que ya se retoma en diversos análisis especializados y
columnas de opinión.
Eso sin contar que el destino de la de la Reforma Agraria
vuelve a estar en entredicho y que la de Energía pueda tener una transformación
que incluso pueda convertirla en una institución de menor rango.
Finalmente y porque es el asunto de fondo, estamos hablando de la creación de la
Secretaria de la Presidencia, un espacio que formalizara institucionalmente el
enorme poder de Videgaray, una dependencia diseñada a modo para que este se
convierta de facto en el primer ministro.
A través de esta Videgaray fiscalizara al gabinete del cual
será jefe indiscutible, pero desde donde controlara el acceso al Presidente,
tanto de información como de personas, como lo hacía en el Estado de México.
No hay antecedente en el sistema político mexicano moderno
que pueda compararse, ni la anterior versión de la Secretaria de la
Presidencia, que desapareció con López Portillo, o la posición que ocupo “el
francés” José María Córdoba Montoya, en la época de Salinas de Gortari.
Las funciones de esta Secretaria serán ejecutivas, es decir
trascenderán a lo que se conoce como una coordinación de asesores, o como
funciona ahora la Oficina de la Presidencia, como staff de apoyo.
Videgaray tendrá facultades constitucionales adicionales a
la confianza del Presidente, lo que le permitirá estar por encima de los
Secretarios del Gabinete, de tal suerte que su ejercicio y poder bien podría
entenderse como decíamos, como el de un Primer Ministro a la mexicana.
Dentro de sus responsabilidades cabra todo, no solo los
asuntos que competan al despacho según su definición, sus poderes estarán más
allá de ello y eso involucra aspectos tanto económicos como políticos y por
supuesto los del Partido Revolucionario Institucional.
Lo cual además le dará la potestad de intervenir, influir y
hasta resolver en la designación de candidatos a cargos de elección popular,
que independientemente de sus propios intereses personales, nos referimos a la
construcción e su propio grupo, es esta facultad la que quizá sea el mayor de
los poderes.
Nada llegara al escritorio principal de Los Pinos sin pasar
antes por su filtro o aprobación previa, nada se planteara sin que antes el ya
tenga las probables soluciones a planear, pero sobre sin que el este informado
primero.
Desde ahora como ya se ha visto, Videgaray está autorizado
para nombrar a sus cercanos en puestos de trascendencia, como lo señalamos en
las designaciones del equipo de transición.
En donde más bien lo que pareció es que lo que se presentaba
eran a los que serán subsecretarios, casi todos empleados de confianza suyos en
el Estado de México o compañeros en el Congreso, que aun y con esa condición
fueron sus subalternos.
Lo cual permite adelantar que tendrá gente incrustada
estratégicamente en todas las dependencias, que le informaran y obedecerán a él
directamente, un esquema de control e información eficiente aunque autoritario.
Bajo ese enfoque, no hay duda de que Luis Videgaray
concentrara el mayor poder posible que cualquier funcionario que no sea el
Presidente de la República pueda tener o soñar, sin embargo esa posición y lo que
implica, no es por definición una antesala para alcanzar la propia Presidencia.
La historia documenta detalladamente, en incontables
episodios, que en cualquier época y circunstancia, quienes acceden a esa
situación, si bien gozan de la representación de un poder materialmente
absoluto, no lo logran alcanzar para ellos mismos.
De tal suerte que la disyuntiva personal del “Primer
Ministro Videgaray” tendrá que transitar en el cálculo de sus propias
aspiraciones futuras, el posicionamiento político para convertirse en
candidato.
Independientemente de que la situación sería inédita, de que
desde ella podrá mover los hilos para tratar de establecer los pactos y las
alianzas que construyan su propia ambición, la posición por si misma bien puede
convertirse en su mayor obstáculo.
Porque así como desde ahí se controla todo, también el nivel
del desgaste es mayúsculo, se convierte en él para rayos del Presidente y eso a
la larga implica muchos costos.
Sobre todo si se considera que este tipo de puestos son para
ocuparse los seis años, no tendría mucho sentido que a la mitad del camino
tomara otra ruta para buscar otro tipo de reflectores.
De cualquier manera Videgaray es el hombre fuerte del nuevo régimen,
su verdadera historia comenzara ahora y habrá que observarla detenidamente,
porque lo que es un hecho es que estará ligada a todo lo que suceda en el
gobierno, en el rumbo del país.
guillermovazquez991@msn.com
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