. Que nuestras vidas son mejorables por el mero hecho de no haber muerto y que siempre, de una manera u otra, tenderemos a subir. Siempre hay una meta por alcanzar o un objetivo por conseguir. Alguien dirá que somos inconformistas o ambiciosos. Que querer mejorar es bueno más allá de que sea lo cotidiano. Que quedarse con lo que somos, lo que tenemos es de perdedores y no es suficiente. Y entonces parecerá que todo es bueno, que hacerse esa pregunta es lógico, entendible, que es humano. Que no hay respuesta.
Creo que todo es una parafernalia y una mentira. Que somos consumistas. Que el consumismo va más allá de comprar coches, casas o camisetas. El consumismo es la filosofía existencial de toda una generación ("Tenemos empleos que odiamos para comprar mierda que no necesitamos"). No es que seamos inconformistas porque queramos mejorar. Es que no nos vale nada. Despreciamos las cosas que nos pasan, postergando todo a un futuro cada vez más incierto pero que seguimos creyendo seguro. “Cuando trabaje”, “Cuando tenga mi casa”, “Cuando tenga hijos”, “Cuando me jubile”…y por eso siempre nos falta algo. Porque vivimos con un pie aquí y el otro buscando donde situarse, creyendo que los pasos ya están dados y que encontraremos el camino. Es imposible ser feliz así. Es imposible querer el momento actual si necesitas más cosas. Imposible. Pero es lo que nos han metido en la cabeza. Hasta tal punto que lo que pretendía ser una maquinaria económica que convenciese a la gente de que hay que cambiar de coche, de electrodomésticos, reformar la casa, nos ha devorado y se ha extendido a todo. Devoramos personas, experiencias y nos autodevoramos. Nunca haré apología del conformarse, creo que hay que buscar siempre lo que nos es mejor, lo que creemos merecer. Eso es genial. Pero hay que disfrutar lo que se tiene, lo que se vive porque igual lo mejor es eso. Igual lo mejor es lo que tenemos y nos damos cuenta tarde, cuando lo hemos perdido o cuando ya se ha acabado.