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Recuperemos a los niños y salvemos a la sociedad


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19/04/2011

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A cada niño que recuperamos estamos recuperando la sociedad. La inserción social es un paso, otro es la reinserción, que puede darse numerosas veces. Es cierto que una vez que entras en una sociedad no se puede salir, ya hemos sido manchados y lo hemos manchado. No obstante, puede darse la posibilidad de renegar de ella. Si hay motivos para que vuelva, si creemos que será positivo para ambas partes- el sujeto y la sociedad- hemos de intentar reinsertarlo.






Más allá de que la sociedad pueda ganar con un sujeto libre y que un sujeto pueda ser más libre al conocer la sociedad, podemos fijarnos en cómo incide en el proceso de aprendizaje del niño la sociedad misma. Creo interesante recordar que la educación no es un campo como lo es uno de patatas, donde sólo hay patatas y nada más que patatas. Tampoco la sociedad es un campo formado ni nutrido de un solo elemento, no hay cosas palpables que podamos decir esto es educación y no puede ser otra cosa. Esta educación en bruto o pura no tiene sentido de ser debido a que todo lo que utilizamos y a lo que nos agarramos tiene -al menos- una doble composición. No es una señal de tráfico puramente educación vial -que también-, sino que además sirve para regular la circulación de los vehículos y peatones.





Dejando atrás esto y que los niños -y las personas en general- aprenden de la sociedad en la que viven, se pide una mayor integración en la educación, en el sistema educativo vigente. En el momento en que un alumno deja de sentirse dentro del sistema escolar y se desmarca de él, lo hace también de la sociedad. Del mismo modo, cuando un potencial alumno de escuela es influido por la sociedad para que continúe su aprendizaje y no se sienta ajeno al mundo que le rodea, se genera un regreso a la escuela también.





No es lo mismo tener al alumno dentro del sistema educativo que tenerlo dentro del aula, ¿de qué nos sirve un niño que sólo esta sentado en clase? Un apunte, cuando digo sólo, me refiero a sólo, a nada más que eso.





No hablamos de una falta de asistencia, dejémoslo en algo más sencillo, tratemos a niños más jóvenes, de los que no suelen faltar todavía nadie. Asisten al aula pero no a la sesión, están sentados detrás de su pupitre, pero ni atienden ni participan en aquello que el grupo esta trabajando..





Para recuperar a estos chicos que no se sienten parte de nada -ni escuela ni sociedad- hay que pincharles ganas, darles motivos y razones para volver y quedarse, pero sobretodo hay que inyectarles una sobredosis de motivación y pasión.





Como hemos dicho, al adentrarnos en la sociedad, ya no hay vuelta atrás. Tarde o temprano volverán, da igual lo que arrojes al mar o dónde lo arrojes, ten por seguro que volverá a la orilla. Intentamos, entonces, que vuelvan porque quieran y en condiciones, no estropeemos la sociedad, no degrademos el mundo y los que lo conforman.





Los niños que cualquier maestro quiere no son así pero en prácticamente todas las aulas existe alguno o algunos como este. No es el niño, sino su situación y relación con el sistema educativo. El niño se encuentra divorciado del aprendizaje que recibe, no le gusta ni lo que aprende ni cómo lo hace – a veces con una sola negativa basta para claudicar- y los maestros no pueden pretender que ese alumno esta totalmente integrado en el aula y el único problema es que no estudia para el examen. No nos equivoquemos, asistencia no es aprendizaje, pero es que explicaciones no son tampoco aprendizajes.





No hay que darle razones al chico para que memorice lo que queremos que se sepa y pueda colocarlo en el examen. Hemos de darle razones para que nos escuche, sin importar qué, una vez llegados a este punto podremos ver en que temas se interesa más y en cuales va a ser misión imposible profundizar más.





Para que vuelvan primero tendrán que querer o escuchar a alguien que quiera que vuelvan, a su vez, para ello, alguien tendrá que llamarles la atención. Una de las formas de llamar la atención, de desfocalizar la visión de los niños en el aula y centrarla en otra cosa podrían ser los deportes o los hobbies. Desde el fútbol al ajedrez, pasando por las aplicaciones informáticas y las redes sociales, se pretende ayudar a los chicos, hacer que ellos se sientan atraídos por estos elementos y que, más tarde, los asocien a la educación. Entonces tendrán motivos para volver, tal vez, solamente haga falta hacer pactos o interesarse por lo que a ellos les interesa, si hacemos esto, ellos puede que se interesen por lo que a nosotros nos interesa. No hemos de olvidar tampoco que a los alumnos les encantan los poderes en el aula, la libertad, la participación, la asociación de aquello que le gusta con las clases y, por supuesto, que el docente sea cercano a ellos, que les pueda ayudar si lo necesitan.





Como en todo lo concerniente a la educación y, por qué no, a la sociedad, los individuos dejan de ser sujetos para convertirse en personalidades. De éste modo desaparecen todas las posibilidades anteriores de algún científico demente que cree que aún es posible elaborar una teoría universal sobre reinserción y recuperación de niños. No lo olvidemos, estamos en educación, tratamos con personas y, del mismo modo que cada una tiene una identidad, cada una tiene unos problemas y si pretendemos tener una mínima posibilidad de éxito, debe ser tratada de forma personalizada.



Etiquetas:   Educación

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