. Repetirlo, cronifica el sufrimiento hasta anular
vidas.
Los que un día fueron
inmigrantes hacen las maletas para regresar a su casa, aunque ya no sepan cuál
es su hogar. No olvidan de dónde llegaron, pero ya nunca más
podrán olvidar el sentimiento de fracaso que embalan en su equipaje. Primero
porque recuerdan que este país de acogida, no fue tan acogedor en muchos
momentos. Segundo, porque ahora el éxodo se produce al revés dejando atrás
personas y lugares.
Desde hace tiempo se
multiplican los reportajes con la historia de los inmigrantes que ya no tienen
trabajo en España y que no tienen esperanzas de encontrarlo.
El último que he visto
fue el emitido en el programa LOS REPORTEROS de Canal Sur TV. Anoche. Y su
mensaje no fue diferente del que se está ofreciendo últimamente. Y no por ello
deja de ser doloroso.
El desarraigo por
partida doble es más de lo que se puede soportar: personas que no tienen
más remedio que obligar a sus hijos a volver a un país que es suyo por sangre
pero que desconocen o ya no recuerdan. Como si no fuera suficiente el dolor que
sufren ellos como adultos. Dolor en forma de amargura. Y lo peor: el
sentimiento de fracaso que se llevan. Es lo que más repetían, las
palabras que más golpean, porque es descorazonador sentir que no pueden darles
a tus hijos lo que se merecen.
No soy tan ingenua como
para aspirar que el gobierno, en general los gobiernos, sientan el más mínimo
remordimiento por esta situación porque bastante escaso es ya su remordimiento
con los propios ciudadanos de su país, a los que no son capaces de ofrecer empleo.
De hecho sus políticas "del trabajo" están cada vez más enfocadas en
mandarnos al extranjero para recordarnos que servimos para darle una labor a
nuestras manos.
Aspirar a que un
gobierno sea humano no es sólo ingenuo sino utópico, pero no por ello, puedo
evitar la sensación de tristeza y desesperanza con la que hoy me he levantado.
Buena suerte a todos. A
los que volvéis, a los que os marcháis. Y no sólo porque la necesitaréis para
encontrar un buen trabajo, aquel que os permita llegar a fin de mes, sino
porque vais a tener que esforzaros mucho por recomponer el corazón roto. No hay
tiritas que lo curen.
Ese coste no puede ni
quiere sufragarlo nadie.