Cuando un premio recuerda el abandono de un gobierno a sus ciudadanos

 

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Su labor callada arrastra trabajo de cientos de miles de manos desde hace años, pero en la actualidad, su existencia recuerda más que nunca que la gente ha consolidado la sana costumbre de seguir comiendo tres veces al día. Un lujo por encima de muchas posibilidades en algunos entornos familiares, que han tenido que recuperar el ambiguo y triste concepto de “pobres”.

Ya no hay que llevar la cara sucia ni vivir bajo un puente para que ese calificativo pueda acercarse a muchas casas.

De ese mérito se está encargando el actual gobierno que comienza a lanzar a nuestras mentes el trágico mensaje de que el estado del bienestar YA no se mantiene porque cuesta mucho dinero.

Es ahora cuando el BANCO DE ALIMENTOS se convierte en una pieza fundamental que ocupa este triste vacío en el que nos están dejando los actuales jerifaltes, que siguen empeñados en mantenerse flotando en su nube mientras hay gente que llora a escondidas de sus hijos porque mañana no tendrá plato caliente para ellos.

Y no es una frase hecha, ni la expresión facilona con la que conseguir titulares que tanto gustan en la actualidad. Es una realidad que entra por las ventanas de muchas casas como el aire helado del invierno. 

Pero el ciudadano no quiere compasión. Quiere tener el trabajo que tuvo para ganarse con dignidad como lo hacía hasta ahora su sueldo, su comida. Por mucho que estos bárbaros piensen en la gente como súbditos protestones que pretenden comer a todas horas.

El Banco de Alimentos se está ganándos el cielo repartiendo COMIDA. Sí, señores gobernantes, esa sustancia con la que se debe mantener el ser humano.Ese plato que nos tiran al suelo como a un perro abandonado. Porque así están miles de ciudadanos. Abandonados en lo más básico. Hablamos de comer. Es que tengo que repetirlo muchas veces porque no llego a creerme lo que estoy pidiendo. Lo que estamos reclamando. Comer. Esa necesidad básica convertida en lujo para un número de personas que crece como una plaga y que oculta su cara entre las colas para buscar algo caliente.

Cansada estoy de cifras. Pero cansada porque no sabemos cuál es la buena: cuántas personas acuden realmente al Banco de Alimentos, avergonzados porque se sienten inútiles, incapaces de llevar un salario mensual como hacían hasta hace poco, aunque sus manos y su cabeza sean igual de válidas.

El premio, es lógico que se lo lleven de calle pero es el triste símbolo de que el Banco de Alimentos ocupa el hueco de una administración que desprecia a quien por desgracia no puede por sus propios medios, tener una nómina y un espejo en el que mirarse con dignidad.

UNETE



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