. Por supuesto que los gobernantes ahora son mochos, en el sentido religioso-católico, y los medios masivos lo promueven fervientemente y rentablemente; más ahora que tenemos encima a los miembros de la jerarquía católica que desde el púlpito llamaron a su feligresía a sufragar por Enrique Peña Nieto violentando con ello la Ley Fundamental. Desde que tengo conciencia política siempre he estado en contra de los presidentes, nunca me han gustado. corrupción, manipulación, fraude electoral, cohecho, represión y autoritarismo. Si bien todos con muertes y hechos tipificables como criminales, algunos ganaron a pulso el título de asesinos: Díaz Ordaz, Luis Echeverría, Carlos Salinas, Ernesto Zedillo y Felipe Calderón, cuando menos.
De algún modo aún podían invocar "razones de Estado" en términos comprensibles para nuestra razón histórica y pasaban la prueba del ácido de la opinión pública unos cuantos años, antes de caer en el merecido descrédito.
Era todo un argumento del "nacionalismo revolucionario" la idea de que había por donde rescatarla y continuarla. Candil de la calle, los presidentes priístas apapachaban oficialmente a las revoluciones de Cuba y Guatemala, abrían los brazos a los exiliados del sur dictatorial en la estela del viejo cardenismo. Pero con la llegada de Acción Nacional a la presidencia, Fox -el presidente sin historia y sin destino- las relaciones del nuevo gobierno conservador motu propio enfrió las el ejercicio diplomático con la república de Cuba y con los gobiernos de izquierda de América del sur. Y, desde luego, con el regreso del PRI a la máxima magistratura, nos esperan tiempos confesionales y mochos que fortificarán aún más a la poderosa Iglesia católica.