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Alianzas pegadas con cola fría


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11/09/2012


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“Cuídame Señor de mis malos amigos, que de mis enemigos me cuido solito”


Las veleidades y bajezas de la política son, en parte, lo que explica la lejanía, desconfianza y desprecio que gran parte de la población siente por la cosa pública. En una verdadera paradoja, ese rechazo de parte de la sociedad civil, hace que la política quede en manos de un oligopolio de partidos que parecen tener marcas diferentes, pero si se escarba un poco, se descubre las relaciones tras bambalinas de unos y otros, y todos se manejan pragmáticos en el binominalismo que diseñó Jaime Guzmán para preservar el sistema, mediante la Constitución del 80.



Un año ha transcurrido del gobierno de Sebastián Piñera y en ese período las fuerzas de la Concertación siguen entrampadas en sus luchas internas, donde el único norte de cada grupo ha sido tratar de mantener el control del instrumento principal del poder que constituyen los partidos políticos, no unidos por ideas o proyectos de sociedad, sino pegados con cola fría.

En los dos bloques, Concertación de Partidos por la Democracia y Alianza para el Cambio, las disputas partidarias alcanzan el nivel de verdaderas riñas. En estos días, se ha presentado una serie de encontrones entre las fuerzas del partido popular denominado Unión Democrática Independiente, UDI, y las del partido Renovación Nacional, RN, más cercano al Presidente Piñera.

La evaluación de esta primera etapa es que ambas coaliciones tienen una muy débil voluntad asociativa y los frentes internos son los espacios donde se juega duro, se esperan las fallas del adversario y se le demuele para ocupar esas mayores cuotas de poder. Todo ocurre en el marco del binominalismo, que asegura con sólo estar “in” en un bloque, un cupo para competir para concejal, consejero, alcalde, diputado, senador o presidente.

Si el descalabro de un gobierno proviene principalmente de sus yerros, de los conflictos que mal administran sus propios gestores, la historia se repite con diferente signo. El punto que detona eventos políticos de magnitud es la sobre exposición mediática. Bastan un par de focos y una cámara para que el político enganche y se convierta en esclavo de sus palabras, en vez de ser amo de sus silencios.

 Las autoridades son designadas por el Jefe de Estado para cumplir determinados lineamientos políticos. Legítimamente un gobierno que asume democráticamente tiene el derecho a implantar su plan, pero debe para ello tener buenos equipos, políticamente disciplinados y administrativamente competentes. Y debe, además tener una staff con una capacidad negociadora con la oposición, que le permita llevar la agenda legislativa de acuerdo al plan de gobierno.

¿Qué ha pasado con el Gobierno de Sebastián Piñera?

Ha caído en la trampa mediática. Ha estado demasiado abocado a convertirse en querido, apreciado y popular, en espacios donde su perfil de empresario agresivo y solitario, no calza. Donde queda sometido a la sobre exposición, a desgastar fuerzas en cuestiones irrelevantes, que debieran obviarse o quedar a cargo de filtros previos al Jefe de Estado. Pero no, Piñera no ha tenido el cuerpo asesor que tuvieron los presidentes concertacionistas que fueron blindados por sus equipos asesores. Los que fueron exitosos en llevar la agenda para que los errores, que de hecho los hubo y serios, no salpicaran el posicionamiento de la marca mayor, el o la Presidente de la República. Esa obsesión “marquetera” de querer vivir cada día para los titulares de televisión, para levantar puntos para la próxima encuesta mensual, reduce las energías que el Presidente debe colocar a lo que de veras es importante: su gestión de Estado.

En materia de equipos de trabajo, Sebastián Piñera ha sufrido el efecto cuoteo, del mismo modo  como se vivió en los gobiernos anteriores.

La UDI cuestiona la nueva derecha de Piñera y lo acusa de demócrata cristiano. La voluntad asociativa con RN es bajísima y seguramente el mayor escozor fue ver instalado a Allamand en el Ministerio de Defensa, llevando orden y  transparencia, apretando las cosas en un sector intocable de la derecha dura. Y como no se puede estar bien con Dios y con el diablo, Piñera pierde adhesión en esos grupos, lo que desgasta su liderazgo en el bloque aliancista.

 Eso empaña la autoridad presidencial y perjudica en definitiva la imagen país. Las filtraciones de Wikileaks respecto a supuestos dichos ofensivos sobre Piñera candidato, del actual Embajador en la OEA, aporta a estos escenarios un nuevo festín para los medios y los opositores, quienes sin mover un dedo se sientan en las arenas veraniegas apostando en cuanto más caerá Piñera en la próxima Adimark.

 Si se enfrenta una oposición que perdió el poder por errores internos, por el descontento de su voto duro, a la Alianza por el Cambio le está pasando lo mismo, desgasta energías en el conflicto de la Intendenta del Bío Bío por sus dichos grabados por el Senador Navarro, díscolo del PS. Cuestión mayor parece ser el conjunto de observaciones que Contraloría ha formulado a la gestión de Jacqueline van Rysselberghe Herrera como Alcaldesa de Concepción. En este “evento” (asimilado a los baches de la Alameda) el gobierno perdió casi dos semanas y la conclusión fue pésima, ya que aparece como que la UDI la hubiera doblado la mano a quienes apostaban por la transparencia.

Si Piñera asumiera que su éxito es ser efectivo y que la Alianza pueda repetir el 2013, debiera seguir los consejos y escapar de las cámaras. Así, cuando haga cadena nacional será para algo de veras importante. Si la sociedad mediática permite hoy que cualquier personaje público pueda ser auscultado por millones de ojos, en tiempo real, la mesura, el manejo de sus prioridades de Estado, es el secreto que alguien debiera soplarle al oído al Jefe de Estado.

Mientras siga mostrándose la política superficial y farandulera, donde todos corren detrás de la pelota, seguirán ocurriendo situaciones indeseables por los pasillos del poder, de espaldas a la ciudadanía, en las mismas malas prácticas que se instalaron en Chile en los últimos 30 años. Frente a lo cual, la ciudadanía parece mantener sus antenas en alerta, tal como ocurrió en Magallanes.

Hernán Narbona Véliz, 16 febrero 2011. Para El Post.



Etiquetas:   Política   ·   Sociedad

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