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Reflexión al Léxico.
Autor: el predicador económico
El arte de expresarse con propiedad, hablar bien,
hacer buen uso del idioma usando términos propios, correctos, descriptivos que
nos distingan de los demás. Es tan bonito hablar bien como al escritor escribir
lo que gusta hacer y narrar.
Los niveles usados en el léxico varían de acuerdo al
nivel de educación y cultura. Siempre la educación, cultura, modales ayudan
pero no determinan la forma como regla general. Últimamente el uso del idioma
ha venido a menos. Han hecho su aparición palabras altisonantes haciendo creer
a los demás que entre más se grita y se insulta más razón se tiene. Nada más
falso. Es el mismo hombre de las letras el que ha provocado la caída del nivel
de léxico usado por la gente común.
Admitir vocabulario regional, vocablos, palabras
mezcladas con idiomas o entre idiomas altera la forma de expresarse. Aunque
esto no es lo más grave si alcanza a confundir cuestiones hasta de carácter
formal como acuerdos, tratos, etc.
A decir verdad, la más confundida es la juventud ya
que le gusta hablar de manera informal pero usando palabras fuertes sin
significado real. Solo quedan a la interpretación del interpelado o del gremio
al que se dirige. Su léxico deja mucho que desear en hombres y mujeres. No solo
afecta el hablar mal sino también escribir mal.
Se usan términos a conveniencia mucha veces para no
decir la verdad de las cosas, lo cual es grave pues si consideramos que los
sabios de la lengua se confunden con tanta palabrería profunda, imagine usted
los no pertenecientes a las reales academias de la lengua. Muchos solo dicen
que los marean con tantas pinjadas.
Cada tribu, raza, bola, pandilla, bandoleros,
amigos, clanes, mafias, ambulantes, diputados, senadores, leperos, transas,
mentirosos, truhanes y otras variedades más tienen su propio léxico y no por
eso es el apropiado. La realeza tiene el suyo, el cual presume ser el más fino,
pero cometen cada barbaridad que se califica con el peor de los tonos como
cuando uno se quema con la sartén en la cocina.
Lo mejor en estos casos es dar el crédito a cada
quien, aceptar el lenguaje que expresan sin la grosería correspondiente o el
chale, chido, guey, buey, wuey de rigor. La propiedad se debe guardar y esta
debe corresponder al nivel de educación y cultura de las personas. Debemos ser
respetuosos del idioma pues al hacerlo nos respetamos a nosotros mismos.
Burlarse de otros por no expresarse bien en lugar corregirlos no es un buen
proceder, aunque algunos de ellos no se dejan.
A la etiqueta le ponen el léxico fino, de nivel
alto, tan alto como el político que mucho habla, no dice nada y nada se le
entiende. La media es una medida adecuada dependiendo de donde estemos. Esta se
debe aplicar sobre todo en las ciencias a enseñar. Con léxico sencillo expresar
lo que otros ya escribieron hace muchos años y no rebuscar sus palabras para
parecer más importantes ante los demás.
Los locutores tienen el micrófono y debemos
reconocerles que su léxico es el medio adecuado para expresar la actividad en
cuestión. Pocos dudan de entender sus palabras aunque muchos no comprenden a
veces sus fines. Como la ve chato.