Chile, la aventura conjunta de convivir - Parte 7

NO MÁS EL MIEDO

 

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"El miedo es un gusano carcomiendo/Te deja silente y aislado/ Te vuelve servil/Te desmantela../Va doblegando tu esperanza/ y como ostra taciturna/ ya sólo te impor­ta tu sosiego". Es un trozo del poema "Miedo al Miedo", en donde yo he presentado al miedo como elemento paralizante, disociador, una herramienta milenaria de las tiranías.

Cualquier lectura que hagamos de los efectos psico-sociales de la represión, marcará el mismo hecho. Los hombres sometidos al terror flaquean, escabullen por los recónditos laberintos de la mente, generan conduc­tas de aislamiento, de culpa. Lo plantea, tal vez con mayor fuerza, el poema "Individualísimo", que presenta al hablan­te urbano que ha internalizado ese miedo ambiental:

"En la piel siento vergüenza/en los ojos desconfianza/ en mis manos escondidas sólo siento la distancia/ Evitando invita­ciones/Con temores de invi­tar/ restrin­giendo confiden­cias/Un espécimen normal/... Y me aler­gian los bulli­cios/Y le escapo a su canción/ han logra­do transformar­me en gentil consumidor..."

Para poder recuperar la libertad en la íntima fibra de las personas, es preciso erradicar para siempre el miedo. Nadie puede defender los derechos ajenos si el propio interesado los resigna y no se compromete en su defensa.

Este factor es fundamental para que las perso­nas gene­ren actitudes sanas en función de sus intere­ses.

Como dijimos anteriormente, es preciso desterrar el autoritarismo de nuestras conductas cotidianas, y, en el mismo sentido, es preciso fortalecer la autoestima ciudadana, a efectos de potenciar la libertad como una postura protagónica en nuestras vidas. La obsecuencia es tan dañina como la prepotencia, y son ambos obstácu­los para poner en ejecución cualquier proyecto de trabajo.

La obsecuencia anula toda creatividad. Sólo se sabe obedecer sin cuestionamientos. Tampoco nadie puede esperar lealtades de un obsecuente, ya que él servirá al que lo mande con más rigor. En definitiva, la vio­lencia se retroalimenta con la debilidad, cobardía y el silen­cio de los subyugados.

Muchas veces, racionalmente, elaboramos justificaciones para no hacer. Pecamos de omisión al resignar legítimos derechos ante la fuerza o prepotencia de los abusado­res. Sin embargo, la no-violencia dice no a la brutali­dad, y lo hace con su fuerza, la razón y los valores.

Quisiera insistir majaderamente en esta idea, porque involucra lo educativo y fami­liar, pues estos desvalo­res, estos estilos de convivencia con parámetros de dominan­te-dominado , arruinan cualquier proyecto que apunte a formar personas, es decir, seres libres, capaces de forjar su propio destino.

El desarrollo de nuestros países necesita niños creati­vos, jóvenes que amen y ejerzan su libertad con respon­sabilidad. Personas capaces de emprender la aventura de construir un sueño, capaces de construir equipos, de generar relaciones justas de colaboración. Sin venta­jismos, con sincero aporte y dedicación al trabajo que se acometa.

Chile y Latinoamérica buscan este ajuste profundo de sus sistemas educacionales, para generar energías renovadoras, que sustenten en las nuevas generaciones un espíritu equilibrado, en donde se combinen el amor por las raíces y el entusiasmo innova­dor para conquis­tar con calidad espacios en un mundo competitivo.

UNETE



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