Red de publicación y opinión profesional
Política · Economía · Sociedad · Cultura · Ciencia · Tecnología ·
Últimas etiquetas:   PYME   ·   Negocios   ·   Marketing   ·   Periodismo   ·   Escritores   ·   Libros   ·   Reseña   ·   Lectores   ·   Incendios   ·   Medio Ambiente



Chile, la aventura conjunta de convivir - Parte 2


Inicio > Cultura
09/09/2012

879 Visitas



EXORCISMO DE NUESTRAS DEBILIDADES


Librar a nuestra sociedad de los peligrosos virus que la acechan significa concentrar el esfuerzo en esa manida "célula de la sociedad", entendiéndola viven­cialmente, sin sofismas, sin retóricas ni prédicas. Sin escatimar realismo para alertar a sus miembros de las amenazas que debe enfrentar.

La familia en todo tiempo y espacio constitu­ye una generalización recu­rren­te que la intelectualidad o las élites políticas parecieran saltarse. No se puede obviar este microespacio fundamen­tal, en donde se juegan las expec­ta­tivas de calidad de vida de toda la socie­dad.

Cuando se diagnostica problemas sociales, tales como violencia, alcoholismo, drogadicción, homosexuali­dad, consumismo, rupturas matri­moniales, deserción escolar, abusos deshonestos a infan­tes; todo al fin, se va enraizando en los problemas profundos de desamor, que cruzan a la pareja y la sociedad.

Todo se inicia y confluye en nuestro espacio, aquí y ahora. Con lo cual, ejercer la autocrítica es una necesidad de sanea­miento mental y espiritual im­prescin­di­ble, cualquiera sea la connota­ción ideológica o religiosa que cada quien otorgue a esta acción.

Por ello, para pensar el bosque, detengamos un poco la visión en el amigo árbol, que sufre las erosio­nes en carne propia. Después, asomarnos al macroespacio resul­tará aterrizado, consustanciado con lo que real­mente estamos siendo aquí abajo, en el día a día.

El proceso natural de enseñanza-aprendizaje se basa en experien­cias vivenciales que el niño va regis­trando inconscientemente desde su primera infancia.

Por ello, su hábitat debe ser formativo en muda consis­ten­cia: libertad con responsa­bili­dad, solida­ridad con gestos de genero­sidad, decencia con honesti­dad, verdad sin dobles estándares, sensibili­dad social y vocación de servicio público más allá de campa­ñas ocasiona­les.

Si se busca mejorar al hombre, rescatando aquí y ahora sus virtudes, tenemos que afrontar conjuntamente la dura tarea de exorcizar nuestros propios fantasmas, dándonos ese tiempo y distancia saludables para los dolores que arden allá dentro, tras las epidermis de la vida diaria y sus vidrieras coloridas.

Estamos señalando elementos de sentido común, que por parecer obvios no resultaría necesario revisar desde un enfoque teórico. Pero, por constituir precisamente aspectos de cotidiana omisión, resulta importante incluirlos a este análisis prospectivo que buscamos motivar. Cada cual podrá hacer su revisión personal para determinar en qué medida está siendo coherente con aquello en lo que cree.

Pensando en términos integrales, yendo y viniendo de la política al hombre y viceversa, alguien podría pregun­tar ¿Qué implicancias tiene para un civismo res­ponsa­ble el postular este compromiso perso­nal con los prin­cipios que consagra la Declaración Universal de los Derechos del Hombre?

Es tal vez un lugar común, pero latente en todos los diagnósticos, el cen­trar recurrentemente el pro­blema de los derechos humanos en el ámbito educacio­nal. Tratemos de cruzar un poco más allá, para entrar al ámbito delineado, del propio hogar. Porque educar para la vida en armo­nía significa enten­der la interdependen­cia de planos, para asumir, en definitiva, que los desafíos planetarios pasan y concurren a este espacio de los seres de carne y hueso.

DERECHOS Y OBLIGACIONES

¿Cómo escudriñar lo insondable del alma colectiva, sin empanta­narnos en sofismas, prejuicios, resentimien­tos, angustias, esperas y promesas?

¿Cómo sustentar en el estiércol de tanta ignominia aquellos rieles devastados que fueron arras­trados en la abrupta caida de los símbolos?

Por el planeta rechinan los dientes apreta­dos de los desprotegidos seres humanos, convocados en torno a las estanterías que recién se iluminan. Son los nuevos nómadas, sin utopías, aplanados en sus preciados sue­ños.

¿Cómo postular una reinserción en un mundo que avasalla con la velocidad del cambio?

¿Cómo recomponer los morrales para rescatar algo de mística en medio de tanto utilitarismo?

En la vorágine de esta pregonada aldea mundial, donde la caída de los colectivismos dejó un peligroso vacío de poder, con el reflotamiento de exacerbados fundamen­talismos y naciona­lismos, que han inaugurado nuevos holocaustos, la Demo­cracia quedó como una débil carabe­la, sometida a los tormentosos designios del fin de siglo.

En la América Temprana, luego de un largo período de decrecimiento y regímenes de facto - que reflejaron casi por tres décadas las concepciones hemisféricas del período de guerra fría- la civili­dad ha levan­tado hacia el término de los ochenta, como esperanzador común denominador, la Democra­cia.



Etiquetas:   Educación   ·   Política   ·   Familia   ·   Sociedad

Compartir
Tu nombre:

E-mail amigo:
Enviar
PDF

0 comentarios  Deja tu comentario




Los más leídos de los últimos 5 días

Comienza
a leer


Un espacio que invita a la actualidad e información
 

Publica tus artículos


Queremos ser tus consejeros y tu casa editorial

Una comunidad de expertos


Rodéate de los mejores y comienza a influir
 

Ayudamos a tu negocio


El lugar y el momento adecuado donde debes estar
Secciones
18320 publicaciones
4649 usuarios
Columnas destacadas
Los más leídos
Mapa web
Categorías
Política
Economía
Sociedad
Cultura
Ciencia
Tecnología
Conócenos
Quiénes somos
Cómo publicar en Reeditor
Contacto
Síguenos


reeditor.com © 2014  ·  Todos los derechos reservados  ·  Términos y condiciones  ·  Políticas de privacidad  ·  Diseño web sitelicon.com  ·  Únete ahora