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Metamorfosis


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08/09/2012

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METAMORFOSIS


(Entre pirómanos, necios y asesinos)





Vicente Adelantado Soriano





La necedad y el sentido desordenado no es cosa que se cure con una advertencia.

Michel de Montaigne. Ensayos.





Se han terminado las vacaciones. Quien más y quien menos ya ha vuelto al trabajo, y ha dado por finalizado el verano. Un verano caracterizado por las altas temperaturas y por los incendios forestales, provocados en la inmensa mayoría de los casos. Los medios de comunicación han hablado muy poco sobre estos personajes que tienen como distracción quemar el monte, poniendo en peligro, demasiadas veces, vidas humanas. Tan poco hablan de ellos que se termina por pensar que lo que se oyó una sola vez, quizás no fue sino un sueño o una alucinación propiciada por las elevadas temperaturas. Varios incendios de Cataluña parece ser que fueron provocados por dos adolescentes que se divertían incendiando el bosque, y grabando el avance de las llamas con su móvil. Tan avispados jóvenes, sobrados de inteligencia e imaginación, perdieron el móvil allí donde iniciaron una de sus divertidas bromas. Hace falta ser necio. Por todo, por supuesto.

Otro incendio, el de Castrocontrigo, fue provocado, al parecer, por una persona celosa de otra que no lo quería. A la primera no se le ocurrió otra cosa más peregrina que pegarle fuego a una cuadra de la segunda a fin de arruinarla. El fuego, lógicamente, no siguió los dictados de tan preclaro Otelo, y campó por sus respetos con el resultado ya sabido. Cráneo previlegiado, como diría el Borracho de Luces de bohemia.

Por supuesto los medios de comunicación no han dado las señas de tan ilustres pirómanos, sin duda con la intención, como sucediera en la antigua Éfeso, de silenciar el nombre de quien incendiara el bellísimo templo de Diana. Entonces se prohibió, bajo pena de muerte, nombrar al autor del incendio. Este, según dijo, quería ser famoso a cualquier precio. Y como al parecer era incapaz de construir nada, se dedicó a lo más fácil: a destruir las mejores obras que hacían los otros. El pobre infeliz se llamaba Eróstrato. Imagino que, a estas alturas, a sus cenizas, si queda algo de ellas, lo mismo les dará ser nombradas que no.

La actitud de Eróstrato recuerda las hazañas de Procusto. Este bien intencionado bandido estaba empeñado en crear una sociedad en la cual sus habitantes, a toda costa, fueran iguales. Para ello tenía una mesa en su choza situada en las montañas del Ática: al que caía en sus manos, Procusto lo tendía en la mesa. Si le colgaban las piernas, se las cortaba; si no llegaban a la altura requerida, se las alargaba con cuerdas y tormentos. Tras la operación sus víctimas quedaban igualadas. Todos tenemos, así, los mismos derechos, pues: se trata de cortar y sajar todo aquello que destaque. Eso por no hablar de los posibles negocios que haya tras cada uno de muchos de los incendios de este y otros veranos. No se sabe quién los provoca. Pero nos empobrece a todos. Estamos socarrando nuestra propia casa.

Los pirómanos deberían metamorfosearse en aquel señor, devorador de brisas, Ericsiton, que fue condenado a pasar hambre eternamente: todo cuanto devoraba se convertía en vacío, y contra más comía más hambre tenía. Como el fuego.

Sobre la necedad y estupidez de ciertos humanos durante este verano tal vez bastaría, y sobraría, con lo apuntado anteriormente. No ha quedado aquí la cosa, sin embargo. Ha habido más, por desgracia. Y quien se ha llevado la palma, quien ha triunfado en toda la linea, quien merece el podio, quien sin duda, es medalla de oro en tan ardua y cansada competición, es toda aquella gente que, haciendo carretera y cola, ha acudido, la necedad no conoce distancias, a Borja a ver la “restauración” del Ecce homo hecho por una señora mayor. Sí, le salió un desastre a la señora. Y, por supuesto, le faltó tiempo a la gente para ir a la iglesia, o al oratorio, a partirse de risa viendo la dichosa “restauración”. Provocaba náuseas y arcadas ver a la gente, en la televisión, haciendo cola para fotografiarse ante el Ecce homo, riendo, haciendo, pincel en mano, como que lo repintaban... Algunos de ellos se partían de risa mirándolo, dando a entender, cómo no, que eran incapaces de hacer una chapuza semejante. Seguramente muchas de aquellas personas, de las que iban a reírse, no han ido a un museo en su vida; ni, por supuesto, han visto un cuadro de Velázquez o Goya o no ser que haya salido reproducido, cosa improbable, en cualquier chocolatina o cajetilla de tabaco. Claro, ir a un museo, como leer una gran obra, demuestra la pequeñez del lector o del espectador. Por el contrario, ver “la restauración” de esta señora nos hace sentirnos superiores, guapos e inteligentes. Las risas están garantizadas. Y la necedad más que reafirmada, campando por sus respetos. No se sabe quién está más loco si don Quijote, o los ociosos Duques, que montan toda una parafernalia para reírse de él. Acerba crítica a una nobleza ociosa e inútil. Cada uno reafirma su pobre ego como puede, por supuesto. Eso sí: ni uno de ellos ha derramado ni una lágrima viendo tanto incendio. Y quizás con tanta lágrima se hubiera apagado algún fuego.

Estos seres deberían transformarse en peludas y desagradables procesionarias yendo de aquí para allá en busca de algo de lo que reírse. Su risa sería algo tan repulsivo como el aullido de la hiena.

No le podía faltar, a este arduo verano, la necedad más brutal de todas, la que no tiene parangón posible: la del asesinato de unos niños a manos de su propio padre. Asesinato ritual y clásico donde los haya. A tan estúpido padre sólo le ha faltado un recio poeta capaz de dar grandeza épica a tan bestial y agónico crimen. Casualmente me cogió la noticia que confirmaba el asesinato de los niños leyendo las Metamorfosis, de Ovidio. Sabido es que en la Antigüedad Clásica hubo varios asesinatos monstruosos de este tipo. En las Metamorfosis pone los pelos de punta el asesinato del niño Itis a manos de su madre Procne. Esta, no satisfecha con la muerte del hijo, se lo sirve a su marido Tereo, convenientemente cocinado, a fin de que se coma al hijo de ambos. Tereo había violado a Filomele, hermana de su mujer, a quien también corta la lengua para que no cuente lo que ha sucedido. Tras mutilarla la vuelve a violar. La venganza de Procne, enterada de todo por un tapiz, supera con mucho la falta o el pecado de Tereo. Sin duda porque lo paga el niño Itis, quien no tiene culpa de nada. La vida misma. Ahora, sin nada que vengar, por una vulgar separación, se ha buscado el mal por el mal. Me odiarás ya que te niegas a quererme, parece ser que ha sido la máxima del parricida, que buscaba dañar a la madre. Haría falta preguntar a Ovidio en qué animal podría metaformosearse tan monstruoso padre, capaz de asesinar y quemar a dos niños, hijos suyos.

Ciertamente se ha terminado el verano, y dentro de poco comenzarán de nuevo las clases. Y de nuevo algún que otro alumno, o toda una clase, cansada tras un examen, un día, como siempre, le propondrán al profesor hacer un debate. El verano nos ha proporcionado unos cuantos temas dignos de discusión. En un aula comenzará el diálogo socrático hasta que, poco a poco, la discusión se vaya calentando y se convierta, como siempre, en un todos contra todos en el que nadie se entiende porque nadie escucha a su vecino. Un galimatías. Tal como sucede en cualquier tertulia televisada. Un gallinero. Y cuando se consiga poner orden en él, surgirá de nuevo la vieja idea, la solución de todo: pena de muerte para unos y otros. Menos para la mujer que hizo la restauración del Ecce homo, menos mal, porque eso es una estupidez, pero que, al fin y al cabo, no daña a nadie.

¿Y para qué sirve la pena de muerte? Las cárceles, por otra parte, están llenas de pequeños rateros. Los grandes ladrones, los corruptos con poder, no pisan semejantes establecimientos. Sócrates pasó por el calabozo; pero no Enrique VIII, por citar dos ejemplos eminentes.

Y ya que hablamos de cárceles, no deja de ser curioso que se hagan leyes para excarcelar a presos, asesinos convictos algunos, y luego le produzca náuseas la aplicación de las leyes al mismo que las creó. ¿Qué animal es ese que devora a su pareja una vez la ha fecundado? También se podían transformar en elefantes: en época de carestía se alimentan los hijos de los excrementos de los padres. Y no deja de ser gracioso que quienes no tuvieron en cuenta los derechos de los demás, aparezcan como suplicantes en demanda de las leyes y los derechos humanos que no reconocen sino para sí.

Hay cosas que repugnan. Una de ellas es aquel viaje iniciático de Teseo, camino del Peleponeso: allá por donde pasaba, e imitando a Heracles, mataba a los bandidos que se encontraba aplicándoles la misma muerte que ellos daban a los caminantes. Eran otros tiempos.

Tampoco faltará el alumno concienciado que propondrá, como tema de debate, la desfachatez de algunos políticos, poniendo como ejemplo las palabras de un pobre diputado. Este, ganando cinco mil euros al mes, y según él, se las ve “canutas” para llegar al fin del mismo. Algunos padres de algunos alumnos están en el paro, y otros ganando unos sueldos poco dignos. Otro alumno, tal vez riendo, le responderá que también tenemos a un futbolista, triste como la princesa que está triste, porque, al parecer, no gana lo suficiente o no lo quieren con el amor que él desea ser querido. Con la venta del coche de este triste príncipe tendríamos para comprar el material que nos falta en el colegio, y aun nos quedaría para ir a Segóbriga a ver las ruinas romanas, y dar, de paso, una vuelta por Creta.

Blancas palomicas viudas, removiendo el fango de los manantiales, podrían ser el sino del político pobre y del futbolista tristón. Fontefrida, Fontefrida...

El curso nos dará para hacer muchos debates. No habrá más que fijarse en la realidad, como hace ya el presidente del gobierno. La realidad lo ha vencido, dice, se le ha impuesto a su traicionado programa. No hay como ser presidente del gobierno para ver la dura realidad. Veremos si los alumnos son capaces de apreciarla y sacarle jugo a este pasado verano. También se hablará, en más de una ocasión, del sistema educativo, de las leyes, y de la manía de los políticos, no dan para más, de deshacer unos lo que malamente hicieron los otros. Sí, a veces el país parece una eterna tela de Penélope: siempre estamos comenzando en tanto los pretendientes devoran los bueyes, las piras de cerdos, las vacadas y todas las riquezas de la reina. Pobre y empobrecida no tendrá más remedio que aceptar la mano salvadora de alguno de los saqueadores. Se nos ponen los pelos de punta nada más de pensar en el posible regreso de Odiseo. Sería deseable que a los dichosos pretendientes les entrara un poco de sentido común. Antes de que arribe Odiseo a las costas de Ítaca. Esperemos que lleguen pronto las lluvias purificadoras. Y esperemos, sin perder la esperanza, como Blancaflor en las almenas del castillo.



Etiquetas:   Crimen

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