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Leer este libro me ha parecido leer un guión cómico escrito ad hoc por (y para)
este gallego. No es lo mismo escuchar un diálogo interesante y divertido que
leerlo. Esto último es más aburrido. A mí no me ha entretenido tanto como podía
pensar cuando lo compré.
Aunque me he sonreído un par de veces, no he
llegado a la carcajada, ni mucho menos. Historias e histerias inventadas sobre
comida, naturaleza, ropa o tecnología no me han aportado mucho, por no decir
nada. Eso no quiere decir que si oigo a Piedrahita en la tele no me haga
gracia. Seguro que me río. Insisto, un guión es lo que tiene.
Los chistes y las gracias son propias de
genios, a quienes ya alababan los árabes por considerarlos dignos del paraíso.
En el prólogo, Forges aplaude al coruñés, claro, pero no creo que tras leerse
el libro, sino por haber conversado con el autor o haberle visto en alguna
actuación. Todos, Forges el primero, no reiríamos a mandíbula batiente. Pero
esto, esto es un atraco, salvo que me vaya a dedicar en el futuro al humor
casero o callejero, en cuyo caso convendría que me fuera aprendiendo algunos
gags.
La verdad es que tal como está la situación
quizá necesite echar mano de algunos capítulos de este librito, para hacer reír
a los demás, ligar o sacarnos unas monedillas en un parque. Así que, por si
acaso, lo guardaré como pequeño manual de socorro para sobremesas aburridas y
tardes de ayuno.