Esta tarde, luego de un delicioso espagueti en compañía de mis futuros –ante dios y ante la “ley”- compadres, la charla de sobremesa se tornó un tanto incomoda –por no decir nefasta y vomitiva- pues, como casi siempre sucede, comenzamos a intercambiar puntos de vista sobre la paupérrima y ridícula situación política nacional y, no era para menos atenta leedora, atento leedor porque, al final, el panorama venidero se dibuja tan desgraciadamente triste y desolador que, hasta el platillo más caro se empobrece tanto en el buche poderoso como en el proletario.



