"Marrones" en Isla Tierra

La insensibilidad ha crecido tanto que el vergonzante reparto de inmigrantes en Isla de Tierra pasa a ser otro capítulo más del apartado al que por cómoda rutina informativa llamamos desde hace año, “el drama de la inmigración”.

 

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Con expresiones de este tipo nos libramos de recordar que cada una de esas personas recluidas en Isla de Tierra durante días suman un grupo de historias personales. Pero son sólo inmigrantes. “Sólo”. De negros pasan a ser “marrones”. Marrones de gobiernos, satisfechos por haber llegado a un acuerdo sobre dónde tirar la patata caliente, aunque tenga forma de niños, hombres y mujeres.

Los estados juegan a la guerra pacífica de la soberanía para que siempre quede clarito que las banderas son el principio y el final de todo.

Para tí tantos y para tí el resto.

Yo los “rescato” del islote de marras, me llevo los míos a Alhucemas y tú trasladas el resto a la arena marroquí. Y todos tan amigos. ¿Ha pasado algo?. Que vá. El conflicto ha terminado.

Es más, el ministro del interior de España ha dicho estos días que Marruecos ha colaborado en el asunto de forma “cordial, estrecha y extraordinaria”.

Mejor siempre estar a bien con ese vecino que tanto les molesta. Un nivel muy cercano al del temor que les hace sentir.

Mientras tanto, si hay que organizar toda una operación militar para retirar carne humana de un trozo de tierra abandonado en el mar, pues se hace. Pero sin acritud ¿eh?. Todos tan amigos y dispuestos para cualquier otro temita que irrite a ambos lados del Estrecho.

Los inmigrantes hacen lo que saben o pueden hacer. Tiran de los resquicios que les dejan y no les queda más remedio que someterse a este mercadillo de personas.

A los propietarios de tierra y aguas en cuestión, el desalojo de esta molesta remesa les respalda un acuerdo bilateral que permite la “readmisión de inmigrantes irregulares” siempre y cuando se conozca la procedencia de los mismos. Y como estaba claro que su punto de partida para la huida era Marruecos, todos contentos y a sus casas. Quiero decir los representantes políticos de los dos gobiernos, claro, porque de los inmigrantes poco sabremos ya y poco que importa.

La prensa buscará lógicamente el paradero y destino de las mujeres y niños que han ido a parar al paraíso español. Pero poco más. Serán otras tantas historias más que enternecerán durante unos minutos a alguno, para que poco después sigamos viviendo nuestra vida de crisis de país avanzado.

 

Si tuviéramos la oportunidad de mirarlos cara a cara dudo mucho que dedicáramos sólo el segundo que le destinamos a esta historia.

En las redes sociales, en la prensa comenzará el debate reabierto en infinitas ocasiones. Estarán los que al menos se molesten en preguntar qué es toda esta basura y los que reprocharán a esos que preguntamos, por qué no nos los llevamos a casa si tanto nos preocupan.

Y así otro día más.

La vida seguirá, aunque la conciencia es “mala” compañera en estos casos, cuando has tenido la oportunidad en alguna ocasión, de ver llegar a inmigrantes a tierras con las que sueñan, ignorantes de que el mundo que buscan no existe para la gran mayoría de los mortales.

La tristeza es un sentimiento que se queda corto para explicar el nudo que se queda en la garganta con la conclusión de esta oscura historia. Me gustaría, egoístamente, no haber tenido la ocasión de presenciar cómo alcanzan el lado español del Estrecho de Gibraltar, para no saber de qué estoy hablando.

 

UNETE



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