.- reflexión: Honorable Gobernador. Autor: el predicador económico
No es lo mismo ser
honorable gobernador que gobernador honorable. Hay que ser honorable antes que
nada. Después se puede ser u ocupar cualquier cargo que se considere honorable.
Pero en el fondo el valor de la honorabilidad siempre debe ser lo primero. Esto
debe ser todo el tiempo, los cargos no lo son.
Tiene que pasar un
tiempo para recordar eventos en los cuales las personas que gobiernan no son
tan honorables. Por cierto no se puede ser a medias, no es válido. Serlo solo
en público tampoco o serlo por vestir bien, fumar puro o ir a los toros, usar
corbata y saco negro.
El compromiso
cumple mayor rango cuando al gobernador lo elije su pueblo en democráticas elecciones
o por lo menos limpias, cosa que no sucede en
México. No hay que engañarse mientras el poder económico gobierne la
democracia es plato de segunda mesa y solo un simulacro en el tiempo.
Basado en lo
anterior hemos gobernadores caciques, ladrones, hampones, rateros, criminales y
muchas cosas más. Se sienten dueños del estado y su autoridad es arbitraria con
grandes dosis de abuso al pueblo, falta de respeto a las leyes, compra de
conciencias y lo más grave es que tratan de llevar su reinado el mayor tiempo
posible de influencia chantajeando al partido, al candidato que sigue y que
tratan a toda costa de imponer. El candidato oficial como se le llama recibe
todo el apoyo del gobernador en turno y aunque algo se ha ganado en este
terreno sigue ese vicio caracterizando las postulaciones. Es muy grave esta
práctica ya que se establece una falta de moral muy profunda y los barbajanes
exageran en sus locuras cuando llegan al mando.
Hay que decirlo y
admitir excepciones, pero desafortunadamente muy pocas. Reina más la fauna
traviesa, lepera, sin moral ni valores que despojan sin reparo al que se atreve
a cruzar por su camino, el cual consideran divino.
La honorabilidad es
anterior al ser gobernador, por esa razón el protocolo establece honorable
gobernador y cuando su periodo termina se dice si fue o no honorable. El pueblo
es quien hace el juicio sobre esta honorabilidad, virtud que en seno de la
familia se inculca a todos los hijos cuando hay padres responsables.
No es moneda de
cambio, no es tentación sujeta a cambios sin previo aviso. Es un valor muy
arraigado en las personas que la tienen y aunque la mentira trata de desmoronar
esa virtud ganada con el ejercicio en todo lo que se hace, al final sale
siempre victorioso aquel que es respaldado por la verdad.
Algebraicamente
hablando la honorabilidad es una línea recta que no se compra ni se vende, se
adquiere, se demuestra en todo y aquel que la posee la transpira y el camino se
abre ante cobardes que creen que teniendo riquezas ya el respeto es aleatorio a
los centavos. Nada más falso. No es fácil ser honorable todo el tiempo, lo que
sí es menos difícil es tratar de serlo en todo lo que hacemos sin que nadie nos
tenga que ver y sancionar. La autoridad segura se huele, siente y se sabe. Es
algo inocultable para los ojos del pueblo, además de un orgullo de tenerlo como
gobernante. No vale la pena ser lepero todo el tiempo desquiciando la vida
ajena. Ser honorable da estatura en metros.