¿Cuánta es su cuota de sangre, de vida y de dinero?

 

 

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La guerra es una máquina infernal de sangre y de dinero. Lo sabe la humanidad entera, lo saben todos los pueblos de la tierra, por eso la civilidad, ha privilegiado el opuesto de este antivalor y anhelamos y tendemos a la realización del VALOR de la PAZ.

 

La PAZ, en su dinámica, no es mera ausencia de guerra o de conflicto, la paz es apenas una de las confluencias que nos enseñan, que la existencia es coexistencia y no mera distensión.

 

Pero, la guerra es una máquina infernal de sangre y de dinero y el dinero es apenas unos de los combustibles que atizan su fuego; alrededor de la guerra, florece fundamentalmente la industria de las armas, legales e ilegales, la química, las comunicaciones, sin contar el acicate que representa para todas las ciencias, la técnica y la tecnología y para las que se involucran como solidaridad internacional, asistencia humanitaria y en los procesos de  reconstrucción.

 

La guerra es una máquina infernal de sangre y de dinero; arrasa la vida sobre el planeta en todas sus expresiones; potencia la enfermedad, el hambre y la pobreza y propicia el sometimiento y subyugación de grupos y de naciones y genera un inmenso sobregiro, por cierto impagable en la historia de la humanidad, de lo cual dan buena cuenta aún, consecuencias hasta de orden genético, surgidas de acciones de la segunda guerra mundial.

 

Es cierto, que los grupos subversivos en Colombia, nos han causado mucho dolor; que no solamente han secuestrado a seres humanos y han asesinado, sin ninguna razón y sin ninguna justificación valedera, noble y altruista, a muchos de nuestros compatriotas y hasta extranjeros; que han volado con dinamita oleoductos, contaminado campos y cuerpos de agua y extinguiendo en ellos la vida; que han realizado actos violentos que a la altura de la civilización, superan con creces los propios de las épocas más salvajes y bárbaras de la humanidad; es cierto que han desoído el rechazo unánime del pueblo colombiano, en especial de quienes formamos el grueso social y económico, el país nacional, los más numerosos y los más débiles, los que madrugamos a arañar la tierra, como los que a fuerzas de magia logramos estirar el mínimo vital, para un libro, pero siempre con la fe y la esperanza de que mañana, al menos para las generaciones futuras, habrá una Patria más justa y más amable.

 

Así entonces, es una equivocación, como lo he dicho en otros escenarios, dividir al país, entre amigos y enemigos de la paz; la paz es un anhelo comunitario, solo que hay maneras de ver y sentirla y desearla desde distintas visiones y eso es lo que debe enriquecer el debate, pues justamente desde allí, es como puede convertirse en un propósito nacional, no solo de gremios, economía, política y militares, pues los “amigos de la paz”, fundamentada sobre la guerra misma y la aniquilación, han de pre comprender costos inimaginables, como los propios de la degradación de los conflictos, guerra sucia, con toda su estela de terror, bajo cuya férula, todo se vale: el chisme, la calumnia, el negocio turbio, la ejecución sin fórmula de jucio, etc.

 

Es cierto que los grupos subversivos en Colombia, contra toda lógica y contra toda tesis de geopolítica, siguen sosteniendo lo que ya se ha derrumbado, aun con una China cuya economía se inscribe y se inserta en el modelo capitalista, una Alemania reunificada y una U.R.S.S., disuelta y liquida.

 

Es cierto que los grupos subversivos en Colombia, nos han arrebatado los amaneceres y la paz del Rosario en los hogares campesinos, las notas del tiple montañero, el canturrear del riachuelo, el olor de la guayaba madura, el olor fresco de la boñiga en el ordeño mañanero, nos robó el viento y las cometas multicolores, los veranos con su sol de vacaciones, la espesura del bosque y el “juego infantil e inocente de la guerra”, los caminos rurales a la escuela, la pelota de trapo en el peladero del potrero.

 

Es cierto que nos han arrebatado, los paisajes, el verde de los campos, pero fundamentalmente nos han arrebatado todos nuestros sueños y con ellos nos vaciaron de toda capacidad de asombro. Hemos vivido, todos, todos como víctimas, tanta ignominia, tanto dolor, que ya casi nada nos conmueve, nos convoca, ni nos concita como comunidad, ni como familias; han corrido tantas lágrimas, únicas que lavan tanta sangre de que están teñidos campos, caminos y ríos, que ya hasta se niegan a brotar, escaseadas. La libertad, indefinible, pero cercana desde la quimera, de creerla y sentirla, cuando nuestros sueños vuelan más altos que nuestros pensamientos, también nos fue arrebatada.

 

La razón, la única razón distintiva de los tiempos modernos, es la inseguridad, en todos los órdenes: científicos, económicos, políticos, medioambientales; se han incrementado todos los riesgos y a diario nos enfrentamos con peligros inminentes de toda especie; la inseguridad medioambiental, es tan grave como la subversiva; la inseguridad alimentaria, es igual de grave, pues el hambre no retrocede y cada día decrece la producción de alimentos, aunque se incremente la producción de biocombustibles; la pobreza no retrocede, la exclusión social, de alguna manera se instala dominante desde los medios de comunicación, especialmente a través de la TV y las TIC´s, en tanto rompen el orden de la comunicación, en su núcleo esencial de interactuación intersubjetiva; nos agobia la inseguridad social, tanto como la inseguridad política y en ella la inseguridad jurídica, todas ellas que pasan casi que inadvertidas frente a la inseguridad personal, ésta que hemos convertido en mero ritual, de buscar nuestros muertos y pedir libertad de secuestrados.

 

Si en la antigüedad se habló de las 7 plagas de Egipto, desde la seguridad humana, como paradigma introducido por la O.N.U., para enfrentar los riesgos y los peligros de la sociedad actual, en 7 componentes, ello obedece a que esas son las nuevas 7 plagas identificadas y presentes, es decir que no hay duda que habitamos un MUNDO completamente INSEGURO. Así, la PAZ en Colombia, no es meramente un problema nacional, de orden interno, es también global, al que atizan las circunstancias propias de una economía de mercado, global, interdependiente, interactuante  y voraz, ávida de utilidades a la transnacionalización de capitales, que incluye en sus componentes todos los costes, de cualquier conflicto, sea que deba generarlos o extinguirlos, a lo cual es un buen referente lo ocurrido en EE.UU., frente a la guerra de Irák, desde el 11S, como respuestas al crimen internacional organizado y especialmente a la globalidad del terrorismo, que repito, no es la única inseguridad que padece el mundo actual.

 

Podríamos afirmar, sin mayor riesgo de error, que el conflicto que se desarrolla en el suelo de la Patria, no es solamente un conflicto interno o que solo amenace la estabilidad regional; No. Es un conflicto que impacta globalmente y ante el cual no se detiene el mercado; con él o sin él, la inversión nacional e internacional seguirá llegando, la cuestión no es ya de materias primas, ni de mera inversión económica y la inseguridad, componente de la inversión, está pre valorada desde la gerencia del riesgo, lo que tiene perfecta corroboración en nuestro país y a pesar del conflicto.

 

Ahora bien, si la PAZ, sólo puede lograrse, desde el triunfo de la guerra, yo pregunto a mis compatriotas, ¿Cuál ha de ser en sangre y vida y dinero su aporte personal y familiar a la guerra?

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Me repugnan Chávez, Correa, Evo, Ortega, Castro, Teodora, las Farc, el Eln, todos los pillos y todos los subversivos de la corrupción pública y privada, un mosco en la leche y un zancudo que me roba el sueño. Me repugnan todos los que han terminado adorando el “oro del becerro” y que han olvidado como lo cantó Silva, que en el “…fondo de la sepultura, de vuestra carne alabastrina y pura, se revientan de gordos, los gusanos.” ¿Será valioso seguir matándonos?

 

UNETE



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