Los “conspiracionistas” o la desmesura de la ingenuidad

Suele ser un consejo consuetudinario para aquellos que gustan de escribir artículos, ensayos, cuentos, etc., que procuren echar mano lo menos posible de adjetivos cursis o grandilocuentes porque, entre otras cosas, entorpecen la lectura y violan el mandato cuasi-divino para el escribidor, que ordena decir lo que se piensa haciendo uso de la menor cantidad de palabras posibles. “Conmigo bueno y poco” dice el clásico. Sin embargo, hoy será en un adjetivo, “desmesura”, donde ubicaremos el sentido del siguiente artículo.

 

., que procuren echar mano lo menos posible de adjetivos cursis o grandilocuentes porque, entre otras cosas, entorpecen la lectura y violan el mandato cuasi-divino para el escribidor, que ordena decir lo que se piensa haciendo uso de la menor cantidad de palabras posibles. “Conmigo bueno y poco” dice el clásico. Sin embargo, hoy será en un adjetivo, “desmesura”, donde ubicaremos el sentido del siguiente artículo.
Se les conoce como “conspiracionistas” a aquell@s  que han decidido dar crédito, a despecho del sentido común, a un sinfín de explicaciones ambiguas, inexactas o hasta contradictorias, que pretenden dar luz sobre hechos o situaciones de interés público; en su conjunto, las “explicaciones” forman un nutrido cuerpo informativo que lleva el nombre de “Teoría de la Conspiración”.

No es gratuito que al extenso acervo de estas explicaciones no se le haya otorgado un necesario sustantivo plural, para quedar como “Teorías de la Conspiración”, porque en algún punto determinado dentro de la intrincada red de conspiraciones, todas las explicaciones confluyen en un punto en común: algunos maléficos vivales han decidido dominar al mundo y han desplegado los más sofisticados artilugios para dejarnos al margen de su dominio, y es más, es tanta su odiosa maldad que han optado por desaparecer al temerario amante de la verdad que ose descubrir sus siniestros planes para el dominio mundial.

Los seguidores de ésta teoría suelen estar inoculados de la creencia de gozar de un criterio e intelecto más agudo que los del vulgo miope, tan enajenado en su mundo ficticio como para darse cuenta de que sólo son un objeto sin importancia en el monstruoso designio de los malvados empoderados. La lucha de los “conspiracionistas” está imbuida de un santurrón designio: el de preservar y difundir la verdad a todos sus iguales; sin embargo, suele haber ciertas mentes rijosas que se resisten a aceptar la veracidad de sus dichos o que simplemente ponen en duda sus argumentos, para ellos las respuestas desplegadas con regularidad no suelen ser las más amables y pasan de un inocentón “¡Vendido!” a un escandaloso “¡Pendejo!”.

En la lógica conspiracionista, si es que alguna hay, los grises no existen porque nuestro complejo mundo sólo puede decantarse en dos bandos absolutamente antagónicos: los buenos y los malos. Los buenos suelen creer en la “Teoría de la Conspiración”, los malos, por eliminación, son los que no. Su seguro servidor, como puede desprenderse de lo anterior, no cree en la “Teoría de la Conspiración”, conclusión, es malo.

Algunos académicos han entendido el fenómeno de los “conspiracionistas” como una respuesta natural a un mundo sin respuestas. Es decir, el colapso de los grandes sistemas ideológicos y filosóficos que nos solían brindar seguridades y respuestas, le ha traído a la humanidad un mundo sin sentido ni orientación, por lo que la humanidad misma ha ido construyendo sus propias respuestas, las cuales, impregnadas del morbo y el afán de espectáculo que ha caracterizado a la sociedad posmoderna, entre más extravagantes y espectaculares resulten, mayor es su aceptación por parte de la sociedad.

En México, donde desde hace mucho tiempo la sociedad ha dejado de tener certeza sobre el rumbo que lleva el país y las respuestas que le han brindado han dejado más dudas que certidumbres, la “Teoría de la Conspiración” ha encontrado un terreno propicio para expandirse como fuego en pasto seco, la reciente  crisis del huevo es una muestra de ello.

En las redes sociales (Facebook, Twitter, etc.) se ha ido propalando una teoría que pretende explicar el motivo por el cual el huevo se ha convertido en un producto inalcanzable para el grueso de los mexicanos a causa de su escandaloso precio. La teoría desarrollada señala, palabras más, palabras menos, que la CIA, en complicidad con el gobierno de Felipe Calderón, infectaron gallinas de gripe aviar para presentarlas ante los medios de comunicación y así poder desencadenar un “alboroto mediático” que tiene como propósito crear una cortina de humo en torno a la resolución del TEPJF, quien tiene que calificar la elección presidencial como válida o no. Por el momento, el tema sobre la validez de la elección presidencial lo dejaré de lado y entraré de lleno a estudiar el disparate de la CIA y las gallinas infectadas intencionalmente.

 Doy por sentado que la racionalidad de los argumentos esgrimidos en la explicación anterior es irremediablemente nula, como muchos otros que forman parte de la “Teoría de la Conspiración”. En el caso del alza del huevo, y para acabar de una vez con el formidable culebrón, baste hacernos algunas sencillas preguntas para desacreditar la miope explicación; más allá de cuestionar la, espero, previa “exhaustiva” investigación que llevó a concluir que fue la CIA y no el FBI, o cualquier otra agencia gubernamental norteamericana, la responsable de filtrar aves enfermas en nuestro país, preguntaría ¿a Estados Unidos de veras le conviene propiciar una situación de desestabilización social en un país con el que comparte una frontera de 3185 km.?, yo creo que no, desde luego no ignoro que nuestros violentos vecinos del norte suelen promover este tipo de medidas en gobiernos indeseables, contrarios a sus intereses, pero ¿no perderían más los “policías del mundo” dejando vulnerable una frontera, ya de por sì porosa, a merced de la anarquía?, yo creo que sì.

Recabando las entusiastas  acogidas que en redes sociales ha tenido la “brillante” explicación del alza del huevo, pese a su débil credibilidad y coherencia, no puedo más que concluir que, al menos en este caso, la ingenuidad  le ha ganado la partida al sentido común, pero no es cosa de sorpresa, el conjunto de las teorías conspirativas se nutren precisamente de la ingenuidad y la ignorancia para seguir vigentes en el escenario público, no importa lo inverosímil de su argumentación, ni  la excentricidad de que están impregnadas, siempre encontraran aceptación entre la ingenuidad y su desmesura.

UNETE



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