A menudo se nos plantea el dilema de si, efectivamente, es cierto que en el Reino de España se conquistó la democracia hace más de tres décadas. Es una duda que nos asalta con más frecuencia de la deseada, y eso no es bueno. O sea, que cuando una sociedad madura se interroga a cada paso por el estado de salud de su democracia y, además, tenemos que refrescar con rutina la realidad de que ‘vivimos en una democracia’, es que algo falla. Y ese fenómeno le amasamos cada día.



