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Reformas económicas antes que políticas


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22/08/2012

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Confesiones.


 

Reformas económicas antes que políticas.

 

Las primeras reuniones plenarias de los grupos parlamentarios de todas las fuerzas políticas nacionales, se han circunscrito antes de tomar posesión de sus escaños en las cámaras, a analizar la prioridad de las reformas constitucionales que quieren impulsar.

Todas las fracciones parlamentarias han llevado a cabo ya sus conclaves en diversas ciudades del país, toda vez que sus coordinadores designados los han convocado precisamente para elaborar agenda y ruta critica en función de sus respectivas prioridades.

Se entiende que el planteamiento hacia el futuro se fundamenta en la revisión del marco legal a fondo, porque de continuar como estamos no va a pasar nada, hay aspectos que indiscutiblemente deben modificarse y eso no es un tema para favorecer a un partido y su gobierno, es una prioridad nacional.

De hecho estos aspectos no provienen de una propuesta de campaña, son argumentos que están pendientes de tiempo atrás, producto de un diagnostico de coincidencias, tanto técnicas como de sentido común.

Digamos que la discusión ya está en marcha, por un lado se observa la imperante necesidad de construir acuerdos cuando la tónica anterior era contraria, bajo la perspectiva de diferenciar el aspecto funcional del país en contraste con las posiciones políticas.

Porque han sido estas las que han limitado la posibilidad del establecimiento de pactos entre las fuerzas y con ello como esta visto, por mezquindad y oportunismo frenar las transformaciones.

La balanza se oriento al chantaje y no precisamente a la búsqueda de los mecanismos para evolucionar, resultaría muy grave que en esta ocasión la dinámica se mantuviera en ese camino, pera nada garantiza lo contrario.

Independientemente de que todavía falta y no es cosa menor, la disputa por el reparto de las presidencias de las diferentes comisiones al interior de ambas cámaras, lo que supone el primer enfrentamiento de poder y equilibrios, cada partido político tiene su propio interés.

Este se relaciona evidentemente con su posicionamiento político, para el PRI es un asunto de gobernabilidad, toda vez que está ahora será su responsabilidad, para la izquierda lo es en función de conservar el efecto favorable de la elección pasada y para acción nacional, materialmente de sobrevivencia.

Sin embargo esas negociaciones se vislumbran sumamente complicadas, porque nadie querrá ceder, mucho menos favorecer o facilitar las cosas, aun y cuando hay una exigencia social para llevar a cabo la metamorfosis para el desarrollo.

Mas allá de la esencia y objetivos de las multicitadas reformas pendientes, el conflicto se traduce en el juego de intereses, los políticos por encima de los colectivos, los de poder que condicionan a los que representan la necesidad de cambiar para crecer económicamente.

Lamentablemente a pesar de las buenas intenciones manifiestas, hay una apuesta para ganar con el caos, no se pondera el beneficio colectivo sino la preservación de los privilegios de la propia clase política.

La izquierda gano mucho y por ello dadas sus características por formato, se espera de ella un comportamiento opositor por descontado, Acción Nacional  por su parte postula trabajar con responsabilidad, sin embargo una actitud sumisa podría llevarlos a la desaparición, de tal suerte que su única oportunidad de protagonismo, estará precisamente en sentido opuesto.

Como ninguna fuerza quedo conforme con el marco legal que rigió el pasado proceso electoral, las modificaciones habrán de orientarse a ese tema, por encima de aspectos que realmente tienen mayor urgencia.

Aunque una reforma política requiere de tiempo y acuerdos, vamos no se puede establecer bajo las prisas del interés partidario, esta será el punto desde donde se negociaran todas las demás, sin que esto suponga un aspecto necesariamente de orden cronológico.

Es decir, que aun y cuando la reforma política no se vote de inmediato, las negociaciones para dar forma a cualquier otra, pasaran por su filtro, un esquema de concesiones siempre y cuando, lo que le es importante a cada partido esté garantizado en la reforma política.

Visto así,  la definición de las reformas fiscal, energética y de inversión privada en Pemex y la laboral, dependerán de los acuerdos previos a la construcción de la reforma política, sin importar que en este momento estas sean más importantes.

Para los partidos políticos lo que trasciende es su propio futuro, su reorganización electoral, no los planteamientos para el desarrollo, en todo caso como eso es un asunto de gobernabilidad decíamos, a quien tendrá que preocuparle será al Revolucionario Institucional.

Tal vez la única buena noticia, si es que lo es, sea que estos equilibrios mantendrán a raya cualquier intento de retorno al autoritarismo presidencial a ultranza y sus excesos, porque el tránsito hacia esas modificaciones será muy prolongado y exigirá mucha diplomacia.

Esto presupone de entrada frenos y obstáculos, porque lo que hay que evitar a toda costa es la parálisis legislativa, que fue uno de los principales desgastes de las dos administraciones panistas, tanto por la falta de resultados, como de la capacidad negociadora para obtenerlos.

Siendo así,  el futuro gobierno no podrá ser generador de ideas o corrientes de pensamiento, sino limitarse a administrar en base a los acuerdos, apoyado en sus principales operadores en el congreso.

Porque en tanto no se cristalicen las reformas económicas, los niveles de crecimiento y bienestar seguirán estancados, favoreciendo el cuidado de una economía que basa su estrategia en mantener reservas internacionales que limiten la eventualidad de devaluaciones, sobre todo cuando el comportamiento de las economías europea y norteamericana, siguen atravesando una aguda crisis financiera.

Ahora bien este esquema de salvaguarda, lo que infiere es tener un gobierno federal rico con estados y municipios pobres y endeudados, esta inequidad es por sí sola, una enérgica herramienta de poder presidencial discrecional.

Como la disyuntiva de mediano plazo transcurrirá en la agenda legislativa, la política económica será de coyuntura, que dependerá pues de las circunstancias más que de una planificación.

Esto nos puede llevar a continuar en la intrascendencia, gracias a los intereses de una clase política acomodaticia cuyo único objetivo es fortalecerse en materia de controles electorales y la distribución de las prebendas.

En este escenario la presidencia estaría acotada y su preponderancia dependería como planteábamos, en la administración de los recursos públicos, mediante un catalogo de premios y castigos a las entidades.

Sobre todo en los estados que no son gobernados por el Revolucionario Institucional, donde además se establecerá un cerco a través de la designación de los próximos delegados federales.

El retorno del PRI a la presidencia entonces, toda vez que el Tribunal Electoral emita su fallo al respecto y eventualmente le otorgue la victoria, al menos en la primera mitad del sexenio no supone de suyo una gran diferencia con los gobiernos panistas, considerando que la política se hará en el congreso.

De tal modo que la suerte del nuevo gobierno y como se le califique, dependerá de su habilidad para negociar en las cámaras, más que de virtudes técnicas y administrativas, porque si bien eso es muy importante, por ahora en principio es secundario y complementario.

La trascendencia esta en hacer mucha política, la que construye y resuelve con visión de estado, para privilegiar las reformas económicas necesarias, por encima de las políticas, no es una contradicción o juego de palabras, es circunstancia.

Las reformas económicas nos urgen y sirven a todos como un colectivo por diverso que este pueda resultar, de ellas depende seguir en esta somnolienta  parálisis o la posibilidad de acceder al desarrollo, las reformas políticas solo le sirven a ellos, los políticos.

 

guillermovazquez991@msn.com

twitter@vazquezhandall

 



Etiquetas:   Política   ·   Partidos Políticos

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