Reformas económicas
antes que políticas.
Las primeras reuniones plenarias de los grupos
parlamentarios de todas las fuerzas políticas nacionales, se han circunscrito
antes de tomar posesión de sus escaños en las cámaras, a analizar la prioridad
de las reformas constitucionales que quieren impulsar.
Todas las fracciones parlamentarias han llevado a cabo ya
sus conclaves en diversas ciudades del país, toda vez que sus coordinadores
designados los han convocado precisamente para elaborar agenda y ruta critica
en función de sus respectivas prioridades.
Se entiende que el planteamiento hacia el futuro se
fundamenta en la revisión del marco legal a fondo, porque de continuar como
estamos no va a pasar nada, hay aspectos que indiscutiblemente deben
modificarse y eso no es un tema para favorecer a un partido y su gobierno, es
una prioridad nacional.
De hecho estos aspectos no provienen de una propuesta de
campaña, son argumentos que están pendientes de tiempo atrás, producto de un
diagnostico de coincidencias, tanto técnicas como de sentido común.
Digamos que la discusión ya está en marcha, por un lado se
observa la imperante necesidad de construir acuerdos cuando la tónica anterior
era contraria, bajo la perspectiva de diferenciar el aspecto funcional del país
en contraste con las posiciones políticas.
Porque han sido estas las que han limitado la posibilidad
del establecimiento de pactos entre las fuerzas y con ello como esta visto, por
mezquindad y oportunismo frenar las transformaciones.
La balanza se oriento al chantaje y no precisamente a la
búsqueda de los mecanismos para evolucionar, resultaría muy grave que en esta
ocasión la dinámica se mantuviera en ese camino, pera nada garantiza lo
contrario.
Independientemente de que todavía falta y no es cosa menor,
la disputa por el reparto de las presidencias de las diferentes comisiones al
interior de ambas cámaras, lo que supone el primer enfrentamiento de poder y
equilibrios, cada partido político tiene su propio interés.
Este se relaciona evidentemente con su posicionamiento
político, para el PRI es un asunto de gobernabilidad, toda vez que está ahora
será su responsabilidad, para la izquierda lo es en función de conservar el
efecto favorable de la elección pasada y para acción nacional, materialmente de
sobrevivencia.
Sin embargo esas negociaciones se vislumbran sumamente
complicadas, porque nadie querrá ceder, mucho menos favorecer o facilitar las
cosas, aun y cuando hay una exigencia social para llevar a cabo la metamorfosis
para el desarrollo.
Mas allá de la esencia y objetivos de las multicitadas
reformas pendientes, el conflicto se traduce en el juego de intereses, los
políticos por encima de los colectivos, los de poder que condicionan a los que
representan la necesidad de cambiar para crecer económicamente.
Lamentablemente a pesar de las buenas intenciones
manifiestas, hay una apuesta para ganar con el caos, no se pondera el beneficio
colectivo sino la preservación de los privilegios de la propia clase política.
La izquierda gano mucho y por ello dadas sus características
por formato, se espera de ella un comportamiento opositor por descontado,
Acción Nacional por su parte postula
trabajar con responsabilidad, sin embargo una actitud sumisa podría llevarlos a
la desaparición, de tal suerte que su única oportunidad de protagonismo, estará
precisamente en sentido opuesto.
Como ninguna fuerza quedo conforme con el marco legal que
rigió el pasado proceso electoral, las modificaciones habrán de orientarse a
ese tema, por encima de aspectos que realmente tienen mayor urgencia.
Aunque una reforma política requiere de tiempo y acuerdos,
vamos no se puede establecer bajo las prisas del interés partidario, esta será
el punto desde donde se negociaran todas las demás, sin que esto suponga un
aspecto necesariamente de orden cronológico.
Es decir, que aun y cuando la reforma política no se vote de
inmediato, las negociaciones para dar forma a cualquier otra, pasaran por su
filtro, un esquema de concesiones siempre y cuando, lo que le es importante a
cada partido esté garantizado en la reforma política.
Visto así, la
definición de las reformas fiscal, energética y de inversión privada en Pemex y
la laboral, dependerán de los acuerdos previos a la construcción de la reforma
política, sin importar que en este momento estas sean más importantes.
Para los partidos políticos lo que trasciende es su propio
futuro, su reorganización electoral, no los planteamientos para el desarrollo,
en todo caso como eso es un asunto de gobernabilidad decíamos, a quien tendrá
que preocuparle será al Revolucionario Institucional.
Tal vez la única buena noticia, si es que lo es, sea que
estos equilibrios mantendrán a raya cualquier intento de retorno al
autoritarismo presidencial a ultranza y sus excesos, porque el tránsito hacia
esas modificaciones será muy prolongado y exigirá mucha diplomacia.
Esto presupone de entrada frenos y obstáculos, porque lo que
hay que evitar a toda costa es la parálisis legislativa, que fue uno de los
principales desgastes de las dos administraciones panistas, tanto por la falta
de resultados, como de la capacidad negociadora para obtenerlos.
Siendo así, el futuro
gobierno no podrá ser generador de ideas o corrientes de pensamiento, sino
limitarse a administrar en base a los acuerdos, apoyado en sus principales
operadores en el congreso.
Porque en tanto no se cristalicen las reformas económicas,
los niveles de crecimiento y bienestar seguirán estancados, favoreciendo el
cuidado de una economía que basa su estrategia en mantener reservas
internacionales que limiten la eventualidad de devaluaciones, sobre todo cuando
el comportamiento de las economías europea y norteamericana, siguen atravesando
una aguda crisis financiera.
Ahora bien este esquema de salvaguarda, lo que infiere es
tener un gobierno federal rico con estados y municipios pobres y endeudados,
esta inequidad es por sí sola, una enérgica herramienta de poder presidencial
discrecional.
Como la disyuntiva de mediano plazo transcurrirá en la
agenda legislativa, la política económica será de coyuntura, que dependerá pues
de las circunstancias más que de una planificación.
Esto nos puede llevar a continuar en la intrascendencia,
gracias a los intereses de una clase política acomodaticia cuyo único objetivo
es fortalecerse en materia de controles electorales y la distribución de las
prebendas.
En este escenario la presidencia estaría acotada y su
preponderancia dependería como planteábamos, en la administración de los
recursos públicos, mediante un catalogo de premios y castigos a las entidades.
Sobre todo en los estados que no son gobernados por el
Revolucionario Institucional, donde además se establecerá un cerco a través de
la designación de los próximos delegados federales.
El retorno del PRI a la presidencia entonces, toda vez que
el Tribunal Electoral emita su fallo al respecto y eventualmente le otorgue la
victoria, al menos en la primera mitad del sexenio no supone de suyo una gran
diferencia con los gobiernos panistas, considerando que la política se hará en
el congreso.
De tal modo que la suerte del nuevo gobierno y como se le
califique, dependerá de su habilidad para negociar en las cámaras, más que de
virtudes técnicas y administrativas, porque si bien eso es muy importante, por
ahora en principio es secundario y complementario.
La trascendencia esta en hacer mucha política, la que
construye y resuelve con visión de estado, para privilegiar las reformas
económicas necesarias, por encima de las políticas, no es una contradicción o
juego de palabras, es circunstancia.
Las reformas económicas nos urgen y sirven a todos como un
colectivo por diverso que este pueda resultar, de ellas depende seguir en esta
somnolienta parálisis o la posibilidad
de acceder al desarrollo, las reformas políticas solo le sirven a ellos, los
políticos.
guillermovazquez991@msn.com
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