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Cuando la fe no basta para salvar vidas, hay que actuar


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22/08/2012

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Cuando la fe no basta para salvar vidas, hay que actuar










He vuelto a ver Elefante Blanco y pedagógicamente como profesora de adolescentes que soy y principalmente como mamá la película de Trapero, entre la pura realidad y apenas ficción da enseñanza a quien tenga la suerte de verla, da reflexión a la realidad que vivimos, da certeza que con la FE aunque sea gigante no alcanza para salvar una vida, hay que actuar.

Hace más de 13 años mi terapeuta me dijo una frase que quedó en mí "No hay que preocuparse, hay que ocuparse" y me ocupé, relegando mi profesión, mi ser mujer muchísimas veces, mi ser y alma madre actuó y seguirá actuando. Mi Fe nunca fue endeble, es consistente, firme pero hay tantísimas razones de pensamientos que no comparto. Tanto como he sido censurada por mi escritura, tanto como he sido callada como escritora. Y Trapero nos muestra esa realidad que se tapa. Luchar mano a mano contra la corrupción no es sencillo, una se juega la vida, como se la jugaron estos personajes de ficción. El compromiso y lealtad hacia los vecinos del barrio hoy no existe, más cuando pre-juzgan a una por ser madre del "drogadicto" y te usan a su antojo, claro, porque una se deja usar pensando que es la mejor manera de hacer solidaridad y dar colaboración gratuita.

Viendo la película me ví en esas situaciones que no sirven, las he vivido, palpado, sentido. Sirve el AMOR, el acompañar, el estar, el ser perseverante y leal a su lucha. Mi lucha silenciosa va dando resultado, mi lucha silenciada da sus frutos. Cuando esa madre sobre el cadaver de su hijo muerto por los malechores de la corrupción se preguntaba ¿Dónde está Dios? No mamá, Dios está, sólo hay que saber escucharlo y actuar. No seamos de Fe pasiva, ocupémonos de nuestros hijos, no dejemos que los corruptos se metan en sus cerebros.

Esa experiencia de vivir en el mismo elefante blanco, la he vivido, cuando la Argentina conoció la silenciosa tarea de Pepe y los curas villeros, y su compromiso con la recuperación de los chicos adictos al paco.

Estuve en contacto con ellos buscando que nuestro mismo idioma, el ser católico me dieran una mano en la recuperación de mi hijo. Y esa mano fue gigantesca, la fe empezó a actuar en el corazón y mente. Gracias padre Pepe y Martín por actuar. 

El Elefante Blanco es una realidad olvidada, el sueño de una Argentina inconclusa. Un monumento a la frustración.

Esas casas fueron el sueño de muchos. Primero de Alfredo Palacios, luego de Perón y las Madres de Plaza de Mayo, pero sobre todo el de muchas familias. Es el sueño inconcluso de miles, que hoy se preguntan si algún día se va a terminar de construir, o seguirá ocultando lo que nadie quiere ver como seguimos ocultando la corrupción que nos rodea...





Beatriz Valerio



Etiquetas:   Corrupción   ·   Sociedad
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