Hay personas que no admiten ser interrumpidas y se quejan incluso del teléfono que suena continuamente. Los estudios antropológicos y psicológicos sobre proxemística, ciencia que estudia los límites del espacio del cuerpo humano en interacción con los otros, que, el americano Edward T. Hall popularizó en la década de los setenta, observó que la gente perteneciente a culturas como la mediterránea, o hispanoamericana, o pueblos como los árabes, admiten más fácilmente ser interrumpidos, que, por ejemplo, los norteamericanos, o, los centro europeos y nórdicos, que les molesta bastante. Eso se debe a que las personas nos organizamos el tiempo y el espacio de forma diferencial, según sea la cultura a la que pertenezcamos, y toleramos ser interrumpidos, o estar en mayor o menor grado de accesibilidad, según nuestra personalidad sea, más o menos, monocrona o policrona.



