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Los defectos de "la joya"


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20/08/2012


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Como una “joya en Plaza de Marte” definió el periodista santiaguero Miguel Angel Gainza Chacón al todavía novedoso Iris Jazz Club.


A lo largo de un extenso artículo publicado también el pasado sábado en la edición impresa del semanario Sierra Maestra, Gainza nos adentra en los espacios aun desconocidos de una edificación que desde su propia gestación ha sido y es noticia en Santiago de Cuba.

Enclavado en el céntrico escenario de la Plaza de Marte, escoltado por dos de las arterias más emblemáticas de la ciudad (Enramadas y Aguilera), el ya popular Iris Jazz Club devino una solución extraordinaria a un local que durante años ha sido remodelado una y otra vez, sin escapar de las garras de la desidia y el mal gusto.

Perfectamente acoplado al entorno, el Iris Jazz Club es algo de lo que ciertamente podremos llegar a enorgullecernos los santiagueros; no solo porque la calidad del diseño, de la ornamentación, el buen gusto mostrado en los acabados han revitalizado una de las fachadas más céntricas de la ciudad; sino por lo que para Santiago pudiera significar en materia cultural un espacio como este, donde la “vida bohemia” debe hallar su refugio.

Sin embargo, ni el mejor de los esfuerzos puede escapar a la chapucería que a veces nos aturde en el diario.

El pasado sábado, mientras velaba por un soplo de brisa en la calurosa noche santiaguera, sentado en uno de los bancos de la Plaza de Marte (justo de los que quedan frente al Club), pensaba en cómo el esfuerzo de muchos puede verse empañado por (quizás) un simple descuido.

Esa noche muchos transeúntes detuvieron sus pasos a la entrada del Iris Jazz Club, sorprendidos de verlo en funcionamiento; toda vez que (según entiendo y parece demostrar el texto de Gainza aparecido esa misma tarde en la prensa) aún no ha sido inaugurado “oficialmente”, con todo el “bombo y platillo” que se venía anunciando a vox populi en un rumor que incluía la presencia en su escenario del multipremiado Chucho Valdés.

A pesar de esto, varias parejas, luego de una pausa que a la distancia se me antojó curiosa, decidieron convertirse en los primeros clientes de la instalación, mientras en el bar Emiliano (uno de los espacios de anexos a la sala principal del Club) no pocos ya disfrutaban de sus ofertas.

Pero lo que llamó mi atención y me decepcionó fue la forma tan ridícula y chapucera de dar a conocer a los potenciales clientes del local, la programación dispuesta para la noche.

Todo el esplendor, la sobriedad de los diseños, las luces, las obras escultóricas, todo lo que dota de originalidad y belleza al Iris Jazz Club, se vio opacado por tres burdos trozos de papeles en los cuales se había impreso el nombre del grupo invitado de la noche y el precio de las entradas, y había sido pegados con precinta a uno de los cristales desde el interior del local.

¡No una cartelera diseñada por alguno de los propios artistas plásticos que dejaron su huella en la construcción!; sino tres simples trozos de papel impreso fue la solución encontrada para dar promoción al programa nocturno. ¡Vergonzoso!

Desde la distancia no salía de mi asombro. ¿Cómo pudo escapar ese detalle?, ¿será que sólo se trataba de un “ensayo” pre-inaugural? Y si así fuera, ¿adónde quedó la sensibilidad artística de los creadores de la instalación?

Ojalá esta primera impresión sea rápidamente borrada. Aún no sé cuándo podré percibir por mis propias experiencias, la verdadera connotación de este sitio para el público santiaguero; por ahora, los 60 pesos por pareja que cuesta el acceso al salón principal es un desembolso que no puedo permitirme sin pensarlo dos (y hasta tres) veces; quizás por aquello que representa destinar a pagar solo una entrada (sin consumo mínimo garantizado) alrededor del 12% de mi salario mensual.

Quizás pronto algunos amigos me cuenten de sus visitas al Club, de la profesionalidad de su servicio, de la calidad de su oferta artística…Tal vez entonces otras dudas se aclaren en mi mente, como: si el consumo en el Bar Emiliano y la Cafetería Jazznamá será en moneda nacional (pesos cubanos, pues la otra también es nacional…al menos eso dicen), y hasta cuánto podría ascender el precio de entrada según el talento artístico de turno….

Sí, una joya le ha nacido al panorama cultural santiaguero…pero una joya que todavía tiene sus imperfecciones.

 

Nota: Esta columna también se encuentra publicada en Santiago en mi





Etiquetas:   Reflexión   ·   Santiago de Cuba   ·   Crónica

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